En 2025, Latinoamérica y el Caribe, excluyendo México, navegan un panorama complejo donde convergen desafíos estructurales y oportunidades emergentes. La región enfrenta un crecimiento económico lento, proyectado en 2.4% según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en un contexto global de bajo dinamismo comercial y altas tasas de interés. La desigualdad persiste, con 172 millones de personas en pobreza, mientras la polarización política y la inseguridad alimentan el descontento social. Guyana se destaca como una excepción por su auge petrolero, transformándose en un polo de inversión, mientras Venezuela, Cuba y Haití languidecen en crisis profundas que generan migración masiva e inestabilidad. La influencia de potencias como China, Estados Unidos y Rusia moldea las dinámicas locales, con China consolidando su presencia económica, Estados Unidos priorizando la seguridad y Rusia apoyando regímenes autoritarios. La integración regional, especialmente en Centroamérica, avanza lentamente debido a diferencias ideológicas y falta de liderazgo. Este artículo analiza el panorama político, social y económico, identifica ganadores y perdedores, detalla problemas específicos, sus orígenes y consecuencias, evalúa deterioros o mejoras recientes, y compara la situación con México, destacando sus fortalezas y debilidades frente a la región.
Panorama Político: Polarización y Auge del Populismo
La región está marcada por una polarización política que trasciende el eje izquierda-derecha, con el populismo como protagonista. En 2023, la izquierda gobernaba 12 de 19 países latinoamericanos, pero la derecha ha ganado terreno, como en Argentina, donde Javier Milei, electo en 2023, impulsa políticas ultraliberales que dividen a la sociedad. En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva enfrenta una oposición fortalecida liderada por Jair Bolsonaro, cuya influencia persiste tras el intento de golpe en enero de 2023. La economía débil, con un crecimiento del 1.8% en 2024, limita las reformas de Lula, y las elecciones de 2026 podrían favorecer a la derecha si el desempleo (7.5%) no disminuye. En Colombia, Gustavo Petro lucha contra un Congreso fragmentado, lo que frena sus reformas sociales y ambientales, generando descontento entre sus bases progresistas. La inseguridad, con 12,000 homicidios anuales, agrava la percepción de ineficacia, y las negociaciones con el ELN avanzan lentamente, perpetuando la violencia rural. En Chile, Gabriel Boric enfrenta resistencias a su agenda constitucional, y las elecciones de 2025 podrían inclinar la balanza hacia la derecha, reflejando un desencanto con el progresismo tras las protestas de 2019. Bolivia está dividida por conflictos internos en el Movimiento al Socialismo (MAS), con Evo Morales buscando recuperar influencia, lo que desestabiliza al gobierno de Luis Arce y amenaza con paralizar la economía, dependiente del gas natural.
En Centroamérica, Honduras, bajo Xiomara Castro, enfrenta críticas por no controlar la inseguridad, con una tasa de homicidios de 35 por 100,000 habitantes, originada en pandillas y narcotráfico. La corrupción sistémica, heredada de gobiernos anteriores, limita la inversión pública, perpetuando la pobreza (48% de la población). Nicaragua, liderada por Daniel Ortega, consolida un régimen autoritario, aislado internacionalmente pero respaldado por Cuba y Venezuela, lo que agrava la represión y la migración (300,000 nicaragüenses desde 2018). En el Caribe, Cuba mantiene su modelo socialista, pero las protestas de 2021 y 2024 reflejan un creciente descontento por la crisis económica. En contraste, Uruguay, con Luis Lacalle Pou, mantiene una democracia estable, con una aprobación del 50%, mientras República Dominicana, bajo Luis Abinader, prioriza el crecimiento económico, atrayendo turismo e inversión. Panamá, con José Raúl Mulino, adopta un enfoque centrista, aunque enfrenta críticas por la desigualdad (GINI de 0.49). El Salvador, bajo Nayib Bukele, combina alta popularidad (90% de aprobación) con prácticas autoritarias, como la suspensión de derechos para combatir pandillas, generando tensiones con organismos internacionales.
El deterioro político es evidente en Venezuela, donde Nicolás Maduro manipuló las elecciones de 2024, consolidando su poder pero profundizando el aislamiento internacional. La represión, con 1,500 detenciones postelectorales, agrava la crisis humanitaria y la migración (7.5 millones desde 2015). En Bolivia, la fragmentación del MAS amenaza con generar violencia política, mientras que en Perú, la desaprobación de Dina Boluarte (80%) refleja una crisis de legitimidad tras las protestas de 2022-2023, que dejaron 60 muertos. Sin embargo, mejoras recientes incluyen la estabilidad en Uruguay y República Dominicana, donde las instituciones resisten la polarización. En Ecuador, Daniel Noboa ha estabilizado parcialmente el país frente a la violencia narco, aunque su alianza con el correísmo es frágil. Los ganadores políticos son Bukele, Lacalle Pou y Abinader, por su apoyo popular y estabilidad. Los perdedores son Petro, Boric, Boluarte, Maduro y Ortega, limitados por falta de consensos o autoritarismo.
Panorama Económico: Desafíos Estructurales y Oportunidades Emergentes
La región enfrenta un crecimiento económico lento, proyectado en 2.4% para 2025, según la CEPAL, frente al 3.3% global estimado por el FMI. Esta desaceleración, originada en la caída de los precios de materias primas, altas tasas de interés en economías desarrolladas y restricciones fiscales, limita la creación de empleo y perpetúa la desigualdad, con 172 millones de personas en pobreza en 2024. La inflación regional ha disminuido al 3.2% en 2024, una mejora frente al 7.8% de 2022, pero persisten desafíos específicos. En Sudamérica, Brasil enfrenta presiones inflacionarias (4.5% en 2024), impulsadas por el aumento de los costos energéticos y la depreciación del real. Colombia lucha contra un déficit fiscal del 5.3% del PIB, originado en subsidios y deuda externa, lo que limita las reformas de Petro. Argentina ha logrado una mejora significativa, reduciendo la inflación de 140% en 2023 a 2.4% mensual en febrero de 2025, según el Banco Mundial, gracias a un ajuste fiscal y una devaluación del peso en diciembre de 2023. Sin embargo, este ajuste ha generado una recesión, con una caída del consumo público del 16% del PIB, aumento de la pobreza al 40% y protestas sociales. La sobrevaloración del peso amenaza la competitividad de las exportaciones agrícolas hacia Brasil y China, principales socios comerciales.
Perú sufre los efectos de El Niño, que reduce la producción agrícola en un 10%, y conflictos sociales que desincentivan la inversión minera, un sector clave que representa el 60% de las exportaciones. Chile mantiene estabilidad económica, con un crecimiento del 2.5%, pero enfrenta riesgos por la caída del precio del cobre. Uruguay, con un crecimiento del 3%, se beneficia de su sector agroexportador y turismo, mientras Bolivia y Ecuador enfrentan problemas fiscales por la dependencia de hidrocarburos y la falta de divisas. Paraguay crece moderadamente al 3.5%, impulsado por la soja y la carne, y Surinam se beneficia de sus recursos naturales, aunque la corrupción limita el impacto. En Centroamérica, Costa Rica lidera con un crecimiento del 2.9%, apoyado por el turismo y la tecnología, pero Honduras, Guatemala y El Salvador enfrentan pobreza estructural (48% en Honduras) y migración masiva, originadas en la falta de empleo formal (60% en informalidad) y la inseguridad. Nicaragua, aislada por sanciones, depende de China y Rusia, con un crecimiento limitado al 1.5%.
En el Caribe, países como Jamaica, Barbados, las Bahamas, Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas dependen del turismo, que representa hasta el 40% del PIB, pero son vulnerables a huracanes y al cambio climático, con pérdidas estimadas en 5% del PIB anual. Guyana es la excepción, con un crecimiento proyectado del 20% en 2025, impulsado por el petróleo, que ha atraído a ExxonMobil y Chevron. Sin embargo, la desigualdad (48% de la población en pobreza) y la corrupción, evidenciada en contratos opacos, generan riesgos de la “maldición de los recursos”, limitando la diversificación económica. El deterioro económico es evidente en Venezuela, donde la economía colapsada depende del petróleo, con un PIB 60% por debajo de 2013. Haití enfrenta una contracción del PIB del 1.5% en 2025, según el FMI, debido a la inseguridad. Argentina, pese a la mejora en inflación, sufre una recesión y aumento de la pobreza. Las mejoras incluyen el dinamismo de Guyana, la estabilidad de Costa Rica y Uruguay, y la recuperación parcial de Argentina. Los ganadores económicos son Guyana, Costa Rica, Uruguay y Panamá, mientras que los perdedores son Venezuela, Haití y Nicaragua.
Panorama Social: Descontento, Inseguridad y Migración
El descontento social, impulsado por la desigualdad (la región tiene un GINI promedio de 0.45, el más alto del mundo según el Banco Mundial), la inseguridad y la corrupción, es generalizado. En Sudamérica, Brasil enfrenta tensiones raciales y económicas, con protestas por el aumento del costo de vida (10% en alimentos en 2024). Colombia lidia con violencia urbana y rural, con 12,000 homicidios anuales, originados en el narcotráfico y la debilidad institucional en zonas rurales. Perú vive una crisis de gobernabilidad, con protestas contra Boluarte que han dejado 60 muertos desde 2022, impulsadas por la exclusión de comunidades indígenas y la corrupción política. Argentina enfrenta manifestaciones masivas por la caída del poder adquisitivo tras las reformas de Milei, con un salario mínimo que cubre solo el 50% de la canasta básica. Bolivia enfrenta conflictos por recursos naturales, como el litio, con comunidades indígenas exigiendo mayor participación. Ecuador registra un aumento de la violencia nar, con asesinatos de políticos y funcionarios, originados en la porosidad de sus fronteras y la influencia de carteles mexicanos.
En Centroamérica, Honduras y Guatemala enfrentan altas tasas de homicidios (35 y 22 por 100,000 habitantes, respectivamente) y feminicidios, impulsados por pandillas y economías ilícitas. La pobreza estructural, con un 60% de la población sin acceso a empleo formal, perpetúa la migración hacia Estados Unidos (2 millones desde 2020). El Salvador, bajo Bukele, ha reducido los homicidios de 38 a 2 por 100,000 entre 2019 y 2024, pero a costa de violaciones de derechos humanos, con 80,000 detenciones arbitrarias. Costa Rica mantiene cohesión social, pero enfrenta presiones migratorias desde Nicaragua. En el Caribe, Haití es el caso más grave, con pandillas controlando el 80% de Puerto Príncipe, desplazando a 700,000 personas en 2024. La inseguridad, originada en el colapso institucional tras el asesinato de Jovenel Moïse en 2021, paraliza la economía y la ayuda humanitaria. Cuba enfrenta protestas por cortes eléctricos (12 horas diarias) y escasez de alimentos, agravadas por sanciones y la crisis energética. Jamaica, Barbados, y otros países caribeños lidian con desigualdades estructurales y vulnerabilidad climática, con huracanes causando pérdidas de hasta 10% del PIB.
El deterioro social es evidente en Haití, Venezuela y Cuba, donde las crisis humanitarias han generado migraciones masivas (7.5 millones de venezolanos, 500,000 cubanos, 2 millones de haitianos). Mejoras recientes incluyen la reducción de la violencia en El Salvador y la estabilidad en Uruguay y Costa Rica. Los ganadores sociales son El Salvador, Costa Rica y Uruguay, mientras que Haití, Venezuela y Cuba son los perdedores, con crisis que refuerzan la inestabilidad regional.
Influencia Externa: China, Estados Unidos y Rusia
Latinoamérica y el Caribe son un tablero de competencia geopolítica. China ha consolidado su rol como el mayor socio comercial de Sudamérica, superando a Estados Unidos, con exportaciones regionales a China alcanzando los 180 mil millones de dólares en 2024, según la CEPAL. Sus inversiones en infraestructura, minería y energía en Brasil, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y Venezuela refuerzan su presencia. En 2025, proyectos como el megapuerto de Chancay en Perú, parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, fortalecerán los lazos comerciales, pero generan preocupaciones por deuda (Bolivia debe 5 mil millones de dólares a China) y dependencia de materias primas. China también busca aislar a Taiwán, reduciendo los países que lo reconocen a Belize, Guatemala, Haití, Paraguay, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas. Además, apoya regímenes autoritarios como Venezuela, Cuba y Nicaragua, proporcionando préstamos y tecnología, lo que agrava tensiones con Estados Unidos.
Estados Unidos mantiene una influencia dominante en Centroamérica y el Caribe a través del CAFTA-DR, que representa el 40% del comercio de la región, y programas de seguridad. En 2025, la reelección de Donald Trump podría endurecer sanciones contra Venezuela, Cuba y Nicaragua, aumentando la migración (500,000 centroamericanos anuales hacia EE.UU.). Estados Unidos respalda a Guyana en su disputa con Venezuela por el Esequibo, apoyado por ExxonMobil, lo que intensifica las tensiones regionales. Rusia, con una presencia más limitada, apoya a Venezuela, Cuba y Nicaragua con asistencia militar (entrenamiento y equipos) y energética (petróleo y gas), fortaleciendo regímenes autoritarios pero con menor impacto económico que China. El deterioro en las relaciones con Estados Unidos es evidente en países alineados con China y Rusia, mientras que mejoras se observan en Argentina y Ecuador, que buscan acercarse a Washington. Esta competencia fragmenta la región, con Brasil y Chile diversificando socios, mientras Centroamérica permanece bajo la órbita estadounidense.
Integración Regional: Avances Lentos y Fragmentación
La integración regional enfrenta obstáculos significativos, originados en la falta de consenso político y la influencia de actores externos. En Centroamérica, el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y el Mercado Común Centroamericano han aumentado el comercio intrarregional en un 15% desde 2020, pero la migración masiva y la inseguridad limitan la cooperación. Honduras, Guatemala y El Salvador enfrentan flujos migratorios que tensionan las relaciones, mientras Costa Rica y Panamá lideran en coordinación económica. En Sudamérica, Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, está debilitado por tensiones entre el liberalismo de Milei y el proteccionismo de Lula, lo que frena un acuerdo con la Unión Europea. La Comunidad Andina, con Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, mantiene una cooperación limitada por falta de recursos, aunque el comercio intrarregional creció un 10% en 2024. En el Caribe, CARICOM, que incluye a Jamaica, Barbados, Guyana, Surinam y otros, impulsa la integración económica, pero la disparidad entre países ricos como las Bahamas y pobres como Haití frena el progreso. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) intenta ser un foro de diálogo, pero carece de mecanismos ejecutivos, y la Organización de Estados Americanos (OEA) está paralizada por conflictos entre bloques ideológicos.
El deterioro es claro en Mercosur, donde las negociaciones están estancadas, y en la OEA, que no logra consensos sobre Venezuela o Cuba. Mejoras modestas se observan en el SICA, con avances en políticas migratorias, y en CARICOM, con mayor coordinación en turismo y energía. Los ganadores en integración son Costa Rica, Panamá y Guyana, que se benefician de la cooperación regional, mientras que Venezuela, Cuba y Nicaragua, aislados por su autoritarismo, son los perdedores, con consecuencias como la exclusión de mercados y la pérdida de influencia regional.
Comparación con México
México ofrece un contraste revelador con la región. Económicamente, proyecta un crecimiento del 1.5% en 2025, inferior al 2.4% regional, afectado por tarifas impuestas por Estados Unidos and una desaceleración en 2024, según el FMI. Sin embargo, su economía es más diversificada, impulsada por el T-MEC, la manufactura (20% del PIB) y las remesas (60 mil millones de dólares en 2024). A diferencia de Guyana, México no depende de un solo recurso, pero carece de su dinamismo. Comparado con Argentina, México tiene una inflación más controlada (4.8% en 2024), pero su crecimiento es menor. Políticamente, México mantiene una democracia más consolidada que Venezuela o Nicaragua, aunque la polarización bajo el gobierno de Morena, con tensiones con el poder judicial y empresarios, genera incertidumbre. En seguridad, México enfrenta problemas similares a Honduras o Guatemala, con una tasa de homicidios de 28 por 100,000 habitantes, originada en el narcotráfico, pero su infraestructura y capacidad institucional son superiores. Socialmente, México lidia con desigualdad (GINI de 0.43) y migración, pero su estabilidad social es mayor que en Haití o Venezuela. El deterioro reciente en México incluye la desaceleración económica y la violencia, mientras que mejoras se observan en la atracción de inversión extranjera. En resumen, México está mejor posicionado económicamente y políticamente que muchos países de la región, pero comparte retos en seguridad y desigualdad.
Casos Clave: Venezuela, Cuba, Haití y Otros
Venezuela enfrenta una crisis estructural en 2025. El régimen de Nicolás Maduro, respaldado por China, Rusia e Irán, se consolidó tras manipular las elecciones de 2024, pero el país sigue aislado internacionalmente. La economía, dependiente del petróleo, permanece colapsada, con un PIB 60% por debajo de 2013 y un 80% de la población en pobreza extrema. La corrupción, con desvíos estimados en 20 mil millones de dólares anuales, y las sanciones estadounidenses limitan cualquier recuperación. La disputa por el Esequibo con Guyana, apoyada por Estados Unidos y ExxonMobil, genera tensiones con riesgo de escalada militar, lo que podría desestabilizar el Caribe. La migración masiva (7.5 millones desde 2015) sobrecarga a países como Colombia y Perú, agravando la inestabilidad regional. No se esperan mejoras en 2025; Venezuela es un perdedor claro, con un deterioro continuo en todos los frentes.
Cuba enfrenta una crisis económica agravada por sanciones estadounidenses, la caída del turismo (un 50% menos que en 2019) y cortes eléctricos de hasta 12 horas diarias. En 2025, el apoyo de China, Rusia y Venezuela podría aliviar la escasez de combustible, pero las protestas de 2021 y 2024 reflejan un descontento creciente por la falta de alimentos y medicinas. La ausencia de reformas políticas perpetúa el estancamiento, y la migración (500,000 cubanos desde 2022) sigue aumentando, afectando a países como Estados Unidos y República Dominicana. Cuba es otro perdedor, con un deterioro continuo en lo social y económico, sin perspectivas de cambio a corto plazo.
Haití vive una situación catastrófica, con pandillas controlando el 80% de Puerto Príncipe y un colapso institucional tras el asesinato de Jovenel Moïse en 2021. La inflación, aunque reducida del 49.3% en 2023 al 29.3% en 2024, sigue elevada, y el PIB se contraerá un 1.5% en 2025, según el FMI. La inseguridad, originada en la debilidad del Estado y el tráfico de armas desde Estados Unidos, paraliza la economía y la ayuda humanitaria. La misión multinacional liderada por Kenia, con solo 400 efectivos en 2024, no ha logrado estabilizar el país, y las elecciones previstas para 2026 son inciertas. Haití, con 700,000 desplazados internos, es el mayor perdedor, con un deterioro continuo en todos los frentes.
Otros países presentan dinámicas contrastantes. Guyana, impulsada por el petróleo, proyecta un crecimiento del 20% en 2025, atrayendo inversión extranjera, pero la desigualdad (48% en pobreza) y la corrupción persisten. La tensión con Venezuela por el Esequibo es un riesgo, pero Guyana es el gran ganador, con mejoras económicas significativas. El Salvador, bajo Bukele, ha reducido la violencia, pero su modelo autoritario, con 80,000 detenciones arbitrarias, genera críticas internacionales. En 2025, Bukele consolidará su poder, pero el deterioro en derechos humanos es preocupante. Argentina ha mejorado en inflación (2.4% mensual en 2025), pero la recesión y el aumento de la pobreza (40%) reflejan un deterioro social. Chile enfrenta elecciones en 2025 que podrían favorecer a la derecha, limitando las reformas de Boric, aunque su estabilidad económica persiste.
Perspectivas para 2025
En 2025, la región enfrentará un año de incertidumbre, con elecciones en Chile y presiones preelectorales en Brasil y Colombia para 2026. La influencia de China crecerá en Brasil, Perú y Bolivia, con inversiones en litio y energías renovables, mientras Estados Unidos, bajo Trump, endurecerá sanciones contra Venezuela, Cuba y Nicaragua, aumentando la migración. Rusia mantendrá su apoyo a regímenes autoritarios, pero con menor impacto. El cambio climático golpeará al Caribe, con huracanes afectando a Jamaica, Barbados y otros, con pérdidas estimadas en 5-10% del PIB. El Niño podría beneficiar a Argentina y Paraguay con lluvias, pero perjudicar a Perú y Ecuador con inundaciones. La transición hacia economías verdes, como el litio en Chile y Bolivia o el hidrógeno verde en Brasil, ofrece oportunidades, pero requiere inversiones de 100 mil millones de dólares anuales, según el Banco Interamericano de Desarrollo. La integración regional seguirá estancada, y la región deberá abordar la desigualdad, la inseguridad y la corrupción para evitar más protestas y migración.
Conclusión
Latinoamérica y el Caribe en 2025 son un mosaico de contrastes, con Guyana como el gran ganador económico y Uruguay, Costa Rica y Panamá destacando por estabilidad. Venezuela, Cuba y Haití son los perdedores, atrapados en crisis políticas, económicas y humanitarias que perpetúan la migración y la inestabilidad. La influencia de China, Estados Unidos y Rusia fragmenta la región, con China consolidando su presencia económica, Estados Unidos enfocándose en seguridad y Rusia apoyando regímenes autoritarios. Comparado con México, que goza de mayor diversificación económica y estabilidad política pero enfrenta retos similares en seguridad, la región necesita superar la polarización, la desigualdad y la dependencia de recursos primarios. Los problemas estructurales, como la inseguridad, la corrupción y la falta de inversión, requieren soluciones coordinadas, incluyendo una integración regional más efectiva y políticas sostenibles que aprovechen oportunidades como la transición energética. El futuro de la región dependerá de la capacidad de sus líderes para construir consensos en un contexto global cada vez más complejo.
Fuentes
CEPAL, Preliminary Overview of the Economies of Latin America and the Caribbean 2024, 17/12/2024.
IMF, Western Hemisphere Regional Economic Outlook, April 2025.
World Bank, Economic Outlook: Latin America and the Caribbean, October 2024.
Council on Foreign Relations, China’s Growing Influence in Latin America, 10/01/2025.
Inter-American Dialogue, US-Latin America Relations, 05/04/2025.
AS/COA, Latin America’s 2025 Economic Outlook, 16/01/2025.
World Bank, Argentina Overview, 22/04/2025.
World Bank, Haiti Overview, 05/11/2024.

Deja un comentario