Los Ciclos Económicos de Kondratiev y Schumpeter: Navegando las Ondas Largas hacia el Futuro

Las ondas de Kondratiev y Schumpeter son como las mareas de la economía global: suben con fuerza durante décadas, impulsadas por innovaciones tecnológicas, y retroceden en crisis que preparan nuevos auges. Estas ondas largas, de 40 a 60 años, transforman industrias y sociedades.

¿Qué son los ciclos de Kondratiev y Schumpeter?

Imagina la economía como un río que fluye en ondas largas, con momentos de corriente rápida y otros de calma. Las ondas de Kondratiev, identificadas por Nikolai Kondratiev en los años 20, son ciclos económicos de 40 a 60 años que alternan entre expansión y contracción. En su obra Los grandes ciclos de la vida económica (1926), Kondratiev analizó precios, producción y salarios desde el siglo XVIII, observando patrones cíclicos impulsados por innovaciones tecnológicas que transforman la producción y el consumo, como la máquina de vapor o internet.

Joseph Schumpeter, en Teoría del desarrollo económico (1911) y Ciclos de negocios (1939), enriqueció estas ideas con el concepto de destrucción creativa. Argumentó que las innovaciones generan crecimiento, pero destruyen industrias obsoletas: los automóviles desplazaron a los carruajes, y los smartphones revolucionaron la comunicación. Estas innovaciones se concentran al inicio de una onda, desencadenando expansión, estabilización y declive, hasta la siguiente onda. Schumpeter integró los ciclos largos con ciclos cortos (Kuznets, Juglar, Kitchin) y destacó al empresario como motor del cambio.

Sucesores de Schumpeter: La evolución de la teoría

El legado de Schumpeter ha sido ampliado por pensadores que adaptaron la teoría a contextos modernos. En los años 60 y 70, Ernest Mandel, en Las ondas largas en la historia del capitalismo (1979), argumentó que los ciclos dependen de guerras, revoluciones y acumulación de capital, prediciendo el fin del auge post-Segunda Guerra Mundial con la crisis del petróleo. En los 80, Richard Nelson y Sidney Winter, en An Evolutionary Theory of Economic Change (1982), desarrollaron la teoría neoschumpeteriana, enfocándose en el aprendizaje empresarial y el «déficit de ajuste». Robert Ayres (1989) conectó las ondas con el consumo energético, un factor clave en la sexta onda.

En los 90, Cesare Marchetti y Arnulf Grübler estudiaron la difusión de infraestructuras, hallando ciclos de 55 años alineados con las ondas. En el siglo XXI, Carlota Pérez, en Technological Revolutions and Financial Capital (2002), describió las ondas como curvas logísticas, integrando el capital financiero. Leo A. Nefiodow propuso que la sexta onda se centra en la biotecnología y la salud psicosocial, mientras James Moody y Bianca Nogrady, en The Sixth Wave (2010), destacaron la sostenibilidad. Andrey Korotayev validó las ondas con análisis espectral, Daniel Šmihula enfatizó su aceleración, y Robert Gordon cuestionó el impacto de innovaciones actuales. Estos pensadores han dado rigor y relevancia a la teoría.

¿Por qué existen los ciclos?

Las ondas largas surgen de la interacción de fuerzas tecnológicas, financieras y sociales. La teoría de la innovación, refinada por Carlota Pérez, sostiene que las revoluciones tecnológicas crean industrias, pero su impacto se agota, desencadenando crisis. Cada onda sigue un ciclo con cuatro fases: la irrupción, cuando emergen nuevas tecnologías y generan entusiasmo inicial (equivalente a la primavera); el frenesí, marcado por un crecimiento rápido y especulación financiera (verano); la sinergia, donde las tecnologías se consolidan y expanden de manera estable (otoño); y la madurez, cuando se saturan, llevando a un declive económico (invierno). Estas fases estructuran el desarrollo de cada onda, guiando su impacto económico. El capital financiero infla burbujas durante el frenesí, como en la crisis de 2008, marcando el declive. La demanda insuficiente, según Paul Krugman, estanca la economía en la madurez. Los cambios demográficos, como el envejecimiento, afectan el consumo y la inversión. Estas dinámicas crean los ciclos que han moldeado la economía moderna.

Las Ondas de Kondratiev: Un recorrido histórico

Para contextualizar la sexta onda, revisemos las ondas históricas, sus tecnologías, industrias y duraciones, con datos cuantitativos sobre su impacto económico. La tabla resume su evolución:

OndaPeríodoTecnología PrincipalDuración (años)Industrias CreadasIndustrias Destruidas
1600–1780Revolución Agrícola-Financiera180Agricultura intensiva, banca, comercio marítimoMétodos agrícolas tradicionales, trueque
1780–1880Máquina de Vapor, Ferrocarriles100Fábricas textiles, ferrocarriles, mineríaTalleres artesanales, carruajes
1880–1940Electricidad, Producción Masiva60Electricidad, automóviles, aceroIluminación por gas, manufactura artesanal
1940–1985Petróleo, Automóviles, Petroquímica45Electrodomésticos, plásticos, petroquímicaIndustrias basadas en carbón
1985–2015Internet, Telecomunicaciones30Tecnología de la información, comercio electrónicoTiendas físicas, medios impresos
2015–2035?Inteligencia Artificial, Energías Renovables, Biotecnología20-35 (proyectado)Automatización, fintech, economía circularCombustibles fósiles, comercio minorista físico

La primera onda (1600–1780) estuvo impulsada por mejoras agrícolas, como la rotación de cultivos, y sistemas bancarios tempranos en los Países Bajos, que aumentaron la producción de alimentos y el comercio global. La producción agrícola en Europa creció aproximadamente un 30% para 1750, según el Maddison Project, lo que permitió la urbanización y el crecimiento de ciudades. Sin embargo, las limitaciones de la tierra y las crisis económicas hacia 1780 detuvieron su impulso, preparando el escenario para la industrialización.

La segunda onda (1780–1880) aprovechó la máquina de vapor y los ferrocarriles, mecanizando la producción textil y conectando mercados. El PIB mundial creció a una tasa anual de aproximadamente el 1% durante este período, según el Maddison Project, con la producción industrial en Gran Bretaña aumentando un 4% anual hacia 1830. Las fábricas textiles y la minería de carbón prosperaron, desplazando talleres artesanales y el transporte tirado por caballos. La Gran Depresión de 1873-1896, caracterizada por exceso de capacidad y caída de precios, marcó su fin.

La tercera onda (1880–1940) introdujo la electricidad y la producción masiva. Los motores eléctricos y la línea de ensamblaje de Ford revolucionaron las industrias, con la producción industrial global creciendo aproximadamente un 3% anual hacia 1900, según el Banco Mundial. Los automóviles, el acero y los productos químicos florecieron, desplazando la iluminación por gas y la manufactura manual. La Gran Depresión de 1929, con una caída del PIB mundial de alrededor del 15%, puso fin a esta onda.

La cuarta onda (1940–1985), impulsada por el petróleo, los automóviles y la petroquímica, fomentó la prosperidad tras la Segunda Guerra Mundial. El PIB mundial creció a una tasa anual de aproximadamente el 4% en las décadas de 1950 y 1960, según el Banco Mundial, con bienes de consumo como electrodomésticos y plásticos en auge. Las industrias basadas en carbón disminuyeron, pero las crisis del petróleo de los años 70 y la inflación marcaron su declive.

La quinta onda (1985–2015), la era de la información, fue impulsada por internet y la tecnología móvil. Los sectores de tecnologías de la información y comunicación contribuyeron con aproximadamente 2 billones de dólares al PIB mundial para 2010, según UNCTAD. El comercio electrónico y las redes sociales desplazaron el comercio minorista físico y los medios impresos. La crisis financiera de 2008, con una contracción del PIB mundial de alrededor del 2%, y la saturación tecnológica marcaron su fin.

La sexta onda

La sexta onda, iniciada entre 2015 y 2020 y proyectada hasta 2035-2050, está impulsada por la inteligencia artificial (IA), las energías renovables, la biotecnología, la robótica, el blockchain y la economía circular. En 2025, nos encontramos en la fase de irrupción, caracterizada por la emergencia de tecnologías que atraen inversión inicial. La IA está proyectada para añadir 15.7 billones de dólares al PIB mundial para 2030, según PwC, mientras que las energías renovables generaron el 10% de la electricidad mundial en 2023, según IRENA. La capacidad solar global alcanzó 1,055 GW en 2023, y la capacidad eólica creció un 12% en 2024.

Las nuevas industrias incluyen la automatización impulsada por IA, que transforma la logística (como los robots de Amazon) y la salud (diagnósticos algorítmicos), con una inversión estimada de 94 mil millones de dólares en 2024, pendiente de confirmación; las energías renovables, lideradas por empresas como Tesla y Vestas; la biotecnología, con terapias genéticas como CRISPR; el blockchain, que potencia fintech como Bitcoin; y la economía circular, con iniciativas de reciclaje avanzado como TerraCycle. Las industrias en declive abarcan los combustibles fósiles, afectando a empresas como Pemex; el comercio minorista físico, superado por el comercio electrónico; trabajos repetitivos, con un 30% en riesgo para 2030 según McKinsey; los medios tradicionales, reemplazados por la publicidad digital; y la banca convencional, desafiada por fintech como Nubank.

El envejecimiento poblacional en Asia, donde el 29.1% de la población de Japón supera los 65 años, y en Europa, con países como Alemania enfrentando bajas tasas de natalidad, impulsa la biotecnología y la robótica, como el ROBOHELPER japonés, pero limita el consumo. América Latina y África, con una mediana de edad de 19 años en esta última, están adoptando fintech y energías renovables, pero la desigualdad y la falta de infraestructura frenan su potencial, según Theotonio Dos Santos.

Riesgos e impactos de la sexta onda

La sexta onda enfrenta riesgos significativos que podrían alterar su trayectoria. Las regulaciones estrictas sobre la inteligencia artificial, como la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, podrían ralentizar la innovación, reduciendo la contribución de la IA al PIB mundial en un 20% para 2035, según McKinsey. Además, las preocupaciones éticas sobre sesgos algorítmicos o la vigilancia masiva podrían generar rechazo social, limitando la adopción de estas tecnologías y afectando su impacto económico.

Las crisis climáticas representan otro desafío importante. Los eventos climáticos extremos, como huracanes o sequías, podrían interrumpir las cadenas de suministro de las energías renovables, aumentando los costos en un 10-15%, según la Agencia Internacional de Energía. Esto afectaría especialmente a los centros tecnológicos en zonas costeras, retrasando proyectos clave y elevando los precios de las tecnologías sostenibles.

La desigualdad tecnológica es una amenaza creciente. Los países en desarrollo podrían quedarse rezagados en la adopción de la IA, ampliando la brecha del PIB en un 30% para 2040, según el Banco Mundial. Esta disparidad podría desencadenar tensiones geopolíticas, especialmente entre regiones que lideran la innovación y aquellas que luchan por acceder a estas tecnologías.

Finalmente, los límites computacionales plantean un riesgo técnico. La creciente demanda energética de la IA podría superar la oferta disponible, incrementando los costos y frenando el progreso hacia 2030, según un estudio publicado en Nature. Si no se superan estas barreras, la fase de sinergia podría desestabilizarse, causando pérdidas de empleo, especialmente en la manufactura (10-20%), inestabilidad económica y retrasos en los objetivos de sostenibilidad.

En 2025, nos encontramos en la sexta onda, iniciada entre 2015 y 2020, con una duración proyectada hasta 2035-2050. La fase de irrupción muestra un auge en la inversión en IA y energías renovables, con startups atrayendo miles de millones. Algunos analistas, como Immanuel Wallerstein, sugieren que aún estamos en la madurez de la quinta onda debido a la lenta recuperación post-2008, pero el impulso tecnológico respalda la irrupción temprana.

¿Hacia dónde vamos?

Hacia 2030-2040, la fase de frenesí traerá un crecimiento robusto, con la IA y las energías renovables transformando las economías. Sin embargo, entre 2035 y 2050, la madurez y posibles crisis, como deudas excesivas o desigualdad tecnológica, podrían desacelerar el progreso. La séptima onda, que podría comenzar hacia 2040-2050, podría estar impulsada por tecnologías como la computación cuántica o la energía de fusión.

¿Han cambiado de velocidad los ciclos? ¿Es posible una reversión?

Los ciclos se han acortado significativamente, pasando de 180 años en la primera onda a una proyección de 20-35 años en la sexta, debido al rápido progreso tecnológico y la globalización. Una reversión podría ocurrir por crisis energéticas, el envejecimiento poblacional o regulaciones estrictas. Un conflicto catastrófico, como el sugerido en una cita atribuida a Einstein (“No sé cómo será la tercera guerra mundial, pero la cuarta será con palos y piedras”), podría resetear el progreso tecnológico, aunque no hay evidencia de que Einstein lo dijera. Sin embargo, en un mundo interconectado, la tendencia hacia ciclos más cortos parece dominante.

Fortalezas, oportunidades y críticas contemporáneas de la teoría

La teoría de las ondas largas destaca por su capacidad para integrar economía, tecnología y demografía, ofreciendo una explicación clara de eventos como el auge de internet o la Gran Depresión. Su enfoque en la destrucción creativa permite identificar oportunidades emergentes, mientras su flexibilidad incorpora factores sociales, como los señalados por Mandel, y financieros, según Pérez. Las oportunidades son amplias: la teoría puede guiar políticas hacia una economía más verde, globalizarse incluyendo regiones emergentes y aprovechar avances en análisis de datos, como los de Korotayev, para predicciones más precisas.

Sin embargo, la teoría enfrenta críticas contemporáneas que cuestionan su relevancia. Economistas como Dani Rodrik argumentan que la globalización y la rápida innovación generan ciclos más cortos y menos predecibles, reduciendo la importancia de las ondas largas. Thomas Piketty señala que la desigualdad, más que la tecnología, impulsa los cambios económicos, sugiriendo que la teoría subestima las dinámicas sociales. Por su parte, Angus Maddison cuestiona el rigor estadístico de los datos de las primeras ondas, argumentando que los ciclos podrían ser fluctuaciones aleatorias más que patrones estructurados. Estas críticas desafían la aplicabilidad de la teoría, pero también abren caminos para refinarla, integrando factores como la desigualdad o los ciclos cortos.

¿Cómo puede México aprovechar la sexta onda?

México, con su economía diversificada, está bien posicionado para capitalizar la fase de irrupción de la sexta onda en 2025. Su estructura económica, que combina manufactura (automotriz, electrónica), servicios (turismo, telecomunicaciones) y un sector energético en transición, se alinea con las tecnologías de la sexta onda: inteligencia artificial, energías renovables y fintech. La integración en el T-MEC y el auge del nearshoring han impulsado una inversión extranjera directa de 36,872 millones de dólares en 2024, liderada por la reinversión de utilidades (28,710 millones). La población joven de México, con una mediana de edad de 29 años, puede liderar en sectores como la programación y la robótica, mientras que el crecimiento de fintech, como Nubank México, ofrece soluciones para un país donde la informalidad laboral alcanza el 54.6%, afectando a 32.7 millones de trabajadores en el tercer trimestre de 2024. Además, los proyectos solares en el norte del país apoyan la transición hacia una economía verde, aunque desafíos como la desigualdad, la corrupción y la dependencia de Pemex podrían limitar el impacto si no se abordan con políticas públicas enfocadas en innovación y sostenibilidad.

En el contexto global, México puede beneficiarse de la reconfiguración de las cadenas de suministro y el envejecimiento en Asia y Europa, que desplazan oportunidades hacia regiones con poblaciones más jóvenes. El desarrollo de parques industriales tecnológicos en estados como Jalisco, que generó 36,404 millones de dólares en exportaciones en 2023, puede fomentar la creación de startups en IA y materiales sostenibles. Sin embargo, la alta informalidad laboral, que afecta al 55.4% de las mujeres y alcanza el 81.1% en estados como Oaxaca, limita el acceso a prestaciones y reduce la capacidad de consumo y adopción tecnológica. Aprovechar la teoría de las ondas largas implica alinear las fortalezas nacionales, como su población joven y su posición geográfica, con las tecnologías disruptivas de la sexta onda. Políticas de formalización, como incentivos fiscales, y reformas educativas pueden posicionar a México como un líder regional en la economía del futuro.

Conclusión

Las ondas de Kondratiev y Schumpeter trazan la evolución económica, desde la revolución agrícola hasta la sexta onda, impulsada por la inteligencia artificial y la sostenibilidad. En la fase de irrupción de 2025, la biotecnología prospera mientras los combustibles fósiles declinan, con Asia y Europa impulsando la robótica y América Latina y África aprovechando su juventud. México, con su economía diversificada y población joven (mediana de 29 años), puede liderar en IA y energías renovables, siempre que combata la informalidad laboral (54.6% en 2024). Los sucesores de Schumpeter han globalizado la teoría, pero las crisis podrían extender los ciclos.

Fuentes


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