Introducción
En México, el tabaco y el alcohol, dos drogas legales profundamente arraigadas, generan un impacto significativo en la salud pública y las finanzas del país. El tabaco, responsable de más de 60,000 muertes al año, supera al alcohol en mortalidad y costos médicos, afectando desde comunidades urbanas hasta rurales. Su consumo persiste, impulsado por la adicción y la influencia de la industria tabacalera, conocida como Big Tobacco. Este artículo explora la historia del tabaco, los efectos químicos de fumar, su rol económico como bien adictivo, y compara su prevalencia con el alcohol. También analizamos el impacto de medidas como los impuestos pigouvianos, las advertencias gráficas, la prohibición de publicidad desde 2022, y el creciente mercado negro de vapeadores. Finalmente, proponemos una estrategia fiscal óptima para México, evaluamos su costo y efectividad, y destacamos cómo fortalecería las finanzas públicas y los objetivos de salud.
¿Qué Pasa en Nuestro Cuerpo Cuando Fumamos?
Fumar un cigarrillo desata una reacción química en el cuerpo. Cada calada introduce unas 7,000 sustancias, muchas tóxicas. La nicotina actúa rápido: en 7-10 segundos llega al cerebro, activando receptores que liberan dopamina, la sustancia del placer. Esto crea una dependencia que hace que el cerebro pida más cigarrillos para sentirse “normal”. El humo también contiene nitrosaminas (como la NNK), que dañan el ADN y pueden causar cáncer, alquitrán, que irrita los pulmones y contribuye a la EPOC, y hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), otros carcinógenos. El monóxido de carbono reduce el oxígeno en la sangre, forzando al corazón. Además, el ritual de encender un cigarro refuerza el hábito, haciendo que dejarlo sea un reto emocional y físico.
No todos los fumadores desarrollan cáncer, pero el riesgo es alto: tienen 22 veces más probabilidad de cáncer de pulmón que los no fumadores, y el tabaco está ligado al 80% de estos casos y al 30% de todos los cánceres (boca, esófago, páncreas). En México, donde el tabaquismo afecta a comunidades desde las calles de Ciudad de México hasta las zonas rurales de Oaxaca, el riesgo depende de cuánto y durante cuánto tiempo se fume, además de factores genéticos.
Esta dependencia química y cultural del tabaco tiene raíces profundas, que se remontan a su uso en las Américas hace siglos.
Una Historia de Veneración y Controversia
El tabaco, originario de las Américas, fue usado por pueblos como los mayas y aztecas en México hace miles de años. En rituales religiosos, se ofrecía a los dioses; en la medicina tradicional, aliviaba dolores. Se consumía masticado, en polvo (rapé) o fumado en pipas. Tras el descubrimiento de América en 1492, los españoles llevaron el tabaco a Europa, donde se promocionó como un remedio milagroso. En el siglo XVII, su cultivo en colonias como Virginia impulsó economías enteras. La invención de la máquina para fabricar cigarrillos en 1880 y el marketing del siglo XIX convirtieron al cigarrillo en un producto de masas. En México, el tabaco se popularizó en las ciudades y el campo, asociado al estatus social.
En el siglo XX, la industria tabacalera lo presentó como saludable, con médicos en anuncios asegurando que relajaba o ayudaba a la digestión. No fue hasta 1964, con el Informe del Cirujano General de EE.UU., que se confirmó su vínculo con el cáncer, marcando el inicio de regulaciones globales. En México, estas medidas llegaron más tarde, pero hoy incluyen impuestos altos y la prohibición de publicidad desde 2022, reflejando un cambio hacia la protección de la salud pública.
Esta evolución histórica nos lleva a explorar los usos modernos del tabaco y su impacto en la sociedad mexicana.
Usos Modernos del Tabaco
Aunque el tabaco es conocido por fumarse, tiene otros usos, aunque menos comunes:
- Dispositivos para calentar tabaco: Legales en México, calientan las hojas a 350°C, liberando nicotina en un aerosol sin combustión. Se promocionan como menos dañinos, pero contienen nicotina y sustancias tóxicas.
- Tabaco oral: Como el tabaco de mascar o el snus, popular en otros países.
- Usos industriales: Los residuos se exploran para biocombustibles o pesticidas, pero son marginales.
- Usos culturales: En comunidades indígenas de Chiapas o Yucatán, el tabaco se usa en ceremonias, aunque esto es raro.
En contraste, los vapeadores, prohibidos desde 2020, se venden en el mercado negro, incluso en tiendas establecidas o mercados de la Ciudad de México. Se estima que el mercado negro de vapeadores mueve millones de pesos anuales, impulsado por la demanda de jóvenes y la falta de fiscalización.
Estos usos modernos reflejan el desafío de regular un producto adictivo, que no sirve para nada mas, especialmente cuando se compara con otra droga legal: el alcohol.
Comparando Tabaco y Alcohol en México
Según la ENSANUT 2022, el alcohol tiene una prevalencia mayor que el tabaco:
- Adolescentes (10-19 años): El 4.6% fuma (2.5% mujeres, 6.7% hombres), mientras que el 20.6% consume alcohol (19.2% mujeres, 22% hombres).
- Adultos (20+ años): El 19.5% fuma (10.4% mujeres, 29.5% hombres), frente al 55.5% que consume alcohol.
El consumo de tabaco ha disminuido: de 21.6% en hombres y 6.5% en mujeres en 2000, a 12.3% y 6% en 2012. Hoy, se estima en 16 cajetillas por adulto al año, pero el uso de cigarrillos electrónicos (2.6% en adolescentes, 1.5% en adultos) crece, especialmente en ciudades como Guadalajara o Monterrey. El alcohol, con un consumo per cápita de 6.5 litros de alcohol puro al año, es más común en contextos sociales, y el 19.8% de los mexicanos de 12-65 años lo consume de forma excesiva, según ENCODAT 2016.
El tabaco causa más muertes (60,000-65,000 al año, 9.7% del total) que el alcohol (24,000-50,000), debido a su impacto crónico en cáncer (71% de los casos de pulmón), EPOC (42%) y enfermedades cardiovasculares (10%). El alcohol está ligado a cirrosis, accidentes y violencia. Los costos médicos del tabaco (116,151 millones de pesos) superan a los del alcohol (50,000-70,000 millones), afectando especialmente a regiones con alta prevalencia de tabaquismo, como el norte de México.
A nivel global, el tabaco (8 millones de muertes) supera al alcohol (5.5 millones), excepto en países como Rusia, donde el alto consumo de alcohol (11-12 litros per cápita) causa más muertes por lesiones y enfermedades hepáticas.
Esta carga sanitaria y económica está influenciada por la poderosa industria tabacalera.
El Poder de Big Tobacco
Big Tobacco, liderada por Philip Morris y British American Tobacco, prioriza ganancias sobre la salud, gastando más de 8,000 millones de dólares al año en marketing. En México, se enfoca en jóvenes con productos como dispositivos para calentar tabaco, promocionados como “seguros” pese a sus riesgos. Históricamente, ha manipulado datos, como en los años 90, cuando Philip Morris minimizó los peligros del tabaquismo, según Jeffrey Wigand. Aunque la publicidad está prohibida en México desde 2022, el mercado negro de vapeadores, disponible en tianguis y tiendas establecidas, refleja la persistencia de la industria.
Esta influencia nos lleva a analizar el tabaco desde una perspectiva económica.
Perspectiva Económica: ¿Bien o Mal?
El tabaco es un bien con demanda inelástica: aunque los precios suban, muchos fumadores siguen comprando debido a la adicción. Imagina que tienes 100 pesos para gastar en tabaco o comida. Normalmente, comprar más comida reduce el placer de cada bocado adicional, pero con el tabaco, la adicción hace que cada cigarro sea más necesario, incluso si te deja con menos dinero para otras cosas. Esto hace que fumadores en comunidades de bajos ingresos, prioricen los cigarrillos sobre otras necesidades. Bienes como el alcohol o el café muestran un comportamiento similar (ver modelo en el Apéndice).
Externalidades negativas incluyen:
- Costos de salud: 116,151 millones de pesos anuales, afectando hospitales.
- Pérdida de productividad: Muertes prematuras y ausentismo.
- Contaminación: Las colillas son una fuente mayor de basura plástica en ciudades como México y Tijuana.
Estas externalidades justifican intervenciones como los impuestos pigouvianos.
Impuestos Pigouvianos y Políticas Antitabaco
Impuestos pigouvianos, ideados por Arthur Pigou en 1920, elevan el precio del tabaco para desincentivar su consumo y financiar sus costos sociales. En México, el IEPS (160% más 0.5484 pesos por cigarro) representa el 55-70% del precio de una cajetilla. Desde 2010, ha reducido el consumo un 4% anual, pero su impacto es limitado en fumadores crónicos. Las advertencias gráficas en cajetillas, vigentes desde 2010, han disminuido el consumo un 15%, especialmente entre no fumadores. La prohibición de publicidad desde 2022 ha limitado la promoción, pero el mercado negro de vapeadores, estimado en millones de pesos anuales, socava estas medidas.
Estas políticas plantean preguntas sobre la equidad, especialmente en el diverso panorama socioeconómico de México.
¿Son Discriminatorias las Políticas Antitabaco?
Impuestos altos pueden parecer regresivos, afectando más a fumadores de bajos ingresos, comunes en comunidades marginadas de México, quienes gastan hasta el 30% de su salario diario en tabaco. Esto podría percibirse como discriminatorio, pero el objetivo es proteger la salud. Destinar los ingresos a programas de salud accesibles, como clínicas en zonas rurales, mitiga esta percepción. Las políticas también deben respetar usos ceremoniales en comunidades indígenas, como en Chiapas, para evitar conflictos culturales.
Para abordar estos desafíos, se necesita una estrategia fiscal integral.
Estrategia Fiscal Óptima
Para reducir el consumo y fortalecer las finanzas públicas, proponemos:
- Triplicar el IEPS a 1.65 pesos por cigarro, aumentando el precio de una cajetilla de 72 a 97.56 pesos, generando 70,357 millones de pesos adicionales.
- Etiquetar el 100% de los ingresos para programas de salud, como campañas educativas en escuelas y clínicas (probabilidad de éxito: 85%).
- Subsidiar cesación: Financiar terapias de reemplazo de nicotina para 20-50% de los fumadores (probabilidad: 60%).
- Empaques genéricos: Reducen el atractivo entre jóvenes, como en Australia (probabilidad: 75%).
- Fiscalización contra el mercado negro: Aumentar inspecciones en mercados como Tepito (probabilidad: 50%).
Ejemplos de campañas educativas:
- Programas escolares como “Vive sin Tabaco” en Jalisco, educando a adolescentes sobre los riesgos del tabaquismo.
- Anuncios en transporte público, como los del Metro de la Ciudad de México, mostrando los daños del tabaco.
- Talleres comunitarios en zonas rurales de Oaxaca, combinando educación con terapias de cesación.
Costos e ingresos (en millones de pesos):
| Componente | Costo/Ingreso |
|---|---|
| Recaudación actual IEPS (2022) | 47,800 |
| Recaudación proyectada | 118,157 |
| Ingresos adicionales | 70,357 |
| Cesación (20-50% fumadores) | 11,808-29,488 |
| Fiscalización y empaques | 1,000-2,000 |
| Excedente proyectado | 38,869-57,549 |
El costo total de la estrategia (12,808-31,488 millones de pesos) está cubierto por los ingresos adicionales, dejando un excedente para programas de salud.
Conclusión
En México, el tabaco, con 60,000-65,000 muertes anuales, supera al alcohol en mortalidad y costos al sector salud (116,151 vs. 50,000-70,000 millones de pesos), aunque el alcohol tiene mayor prevalencia (55.5% vs. 19.5% en adultos). La prohibición de publicidad desde 2022, los impuestos pigouvianos y las advertencias gráficas han reducido el consumo, pero la adicción y el mercado negro de vapeadores limitan su impacto. La estrategia fiscal óptima, financiada por 70,000 millones de pesos adicionales, es viable y generaría un excedente de 39,000-57,000 millones. Esta reforma fortalecería las finanzas públicas al aumentar la recaudación y reducir los costos médicos a largo plazo, mientras avanza los objetivos de salud pública al desincentivar el consumo y apoyar la cesación, protegiendo a la población desde las ciudades hasta las comunidades indígenas.
Apéndice: Modelo Microeconómico
El tabaco, como bien adictivo, se analiza con un modelo de maximización de utilidad. El consumidor elige entre tabaco (T) y otros bienes (X), sujeto a una restricción presupuestaria:
max U(T, X) s.t. P_T T + P_X X ≤ I
Donde U(T, X) es la función de utilidad, P_T y P_X son los precios, e I es el ingreso. Para bienes adictivos, la utilidad depende de un “stock de adicción” (S), que crece con el consumo pasado:
U(T, X, S) = u(T, X) + φ S
Esto hace que el consumo pasado de tabaco aumente la demanda futura, incluso si P_T sube, explicando la inelasticidad.

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