En el corazón de la Ciudad de México, pocos han retratado su alma con la genialidad de Chava Flores. Su canción “Sábado Distrito Federal”, escrita en los años 50, es una crónica vibrante de un sábado en la capital: un día de caos, compras, pulque y empeños en el Monte de Piedad. Más que una melodía, es un portal a un México transformado, cuya esencia aún resuena en las calles de la CDMX. Este artículo explora la vida de Chava Flores, el contexto histórico de la canción, un análisis integral de su letra —señalando qué elementos han desaparecido, por qué y cómo se manifiestan hoy—, y la nostalgia de un México que, aunque cambiado, sigue vivo en el corazón chilango.
Chava Flores: El cronista de la banqueta
Salvador Flores Rivera, conocido como Chava Flores (1920-1987), nació en La Merced, en el entonces Distrito Federal. Su infancia, marcada por mudanzas entre Tacuba, Roma y Coyoacán debido a las deudas paternas, y su juventud, llena de oficios como costurero, vendedor ambulante y salchichonero, le dieron un conocimiento profundo de la ciudad. Tras dejar la escuela a los 13 años, Chava se sumergió en la vida urbana, que plasmó en más de 200 canciones. También actuó en cine y editó la revista Álbum de Oro de la Canción. Con humor, ironía y empatía, se convirtió en el cronista musical del “México de banqueta”, como lo llamó Carlos Monsiváis, inmortalizando los barrios y vecindades.
Contexto histórico: El DF bajo el yugo del regente
En los años 50, el Distrito Federal vivía el “milagro mexicano”, un auge económico y urbanístico bajo el dominio del PRI. La ciudad, dependiente del presidente, era gobernada por un regente designado, como Ernesto P. Uruchurtu (1952-1966), el “Regente de Hierro”. Uruchurtu modernizó la capital con obras como el Metro, pero su control autoritario, que incluía regular el comercio ambulante y moralizar la vida urbana, marcó una época de contrastes. El Centro Histórico bullía, las vecindades albergaban a las clases populares, y las pulquerías eran el epicentro social. En este escenario, “Sábado Distrito Federal” captura el frenesí de un fin de semana, donde la modernidad chocaba con las tradiciones, pero el espíritu barrial reinaba.
Análisis de la letra: Un sábado chilango en transición
La letra de “Sábado Distrito Federal” es una crónica costumbrista que retrata un sábado en el DF con humor y precisión. A través de un relato secuencial —del caos matutino al relajo vespertino—, Chava Flores pinta una ciudad viva, desigual y comunitaria. El estribillo, con su “¡ay, ay, ay!”, es un lamento festivo que celebra la resiliencia chilanga. A continuación, analizamos la narrativa completa, precediendo cada sección con la estrofa correspondiente en cursivas, e integrando qué elementos han desaparecido, por qué y su equivalencia actual:
Sábado Distrito Federal, ¡ay, ay, ay! / Sábado Distrito Federal, ¡ay, ay, ay! / Desde las diez ya no hay donde parar el coche / Ni un ruletero que lo quiera a uno llevar / Llegar al centro, atravesarlo es un desmoche / Un hormiguero no tiene tanto animal
Chava abre con el caos del Centro Histórico: a las diez de la mañana, el tráfico colapsa, no hay dónde estacionar, y los ruleteros (taxistas independientes) escasean o rehúyen pasajeros. La imagen de un “hormiguero” refleja la densidad humana, aún visible in calles como Madero, mientras “desmoche” (desorden) destila humor chilango. Los ruleteros han sido desplazados por apps como Uber o Didi, que ofrecen seguridad y comodidad, mientras regulaciones estrictas y competencia redujeron los taxis tradicionales. Today, aunque los taxis rosas y blancos sobreviven, el congestionamiento persiste, agravado por ciclovías y transporte público saturado.
Los almacenes y las tiendas son alarde / De multitudes que así llegan a comprar / Al puro fiado porque está la cosa que arde / Al banco llegan nada más para sacar / Y al Monte de Piedad va a empeñar la palangana / Porque el domingo se van todos a pasear
El relato avanza al frenesí comercial: multitudes abarrotan almacenes como El Puerto de Liverpool, comprando “al fiado” porque “la cosa arde” (la economía aprieta). El fiado, basado en la confianza vecinal, ha desaparecido en grandes tiendas, reemplazado por tarjetas de crédito y “meses sin intereses”, una práctica vigente pero más impersonal y riesgosa. Los bancos, llenos de quienes retiran ahorros, y el Monte de Piedad, donde se empeña la palangana (un recipiente metálico para lavar o cocinar, símbolo de la economía doméstica), reflejan la precariedad. El Monte de Piedad ha perdido relevancia frente a casas de empeño privadas (en 2014 había 1,589 en México) y préstamos rápidos vía apps, más accesibles pero predatorios. Today, el consumismo sabatino se reparte entre el Centro y plazas como Reforma 222, pero la lucha económica persiste.
Sábado Distrito Federal, ¡ay, ay, ay! / Sábado Distrito Federal, ¡ay, ay, ay! / Desde las doce se llenó la pulquería / Los albañiles acabaron de rayar / ¡Qué re’picosas enchiladas hizo Otilia / La fritangera que allí pone su comal!
A mediodía, la escena se traslada a la pulquería, donde albañiles, tras cobrar su “raya” (salario), beben pulque y comen enchiladas de Otilia, la fritangera. Este pasaje destila la calidez barrial, con la comida callejera como pegamento social. Las pulquerías casi desaparecieron tras una campaña en los 50 y 60 que las estigmatizó como focos de vicio, promovida por cerveceras y gobiernos moralistas como el de Uruchurtu, que favorecieron la cerveza industrial. La fritangera tradicional también mermó debido a regulaciones sanitarias y cadenas de comida rápida. Today, un resurgimiento de pulquerías como “Las Duelistas” y puestos de tacos o tlacoyos en tianguis mantiene viva esta herencia, aunque con un toque hipster y entornos más regulados.
La burocracia va a las dos a la cantina / Todos los cuetes siempre empiezan a las dos / Los potentados salen ya con su charchina / Pa’ Cuernavaca, pa’ Palo Alto, ¡qué sé yo! / Y al Monte de Piedad va a empeñar la palangana / Porque el domingo se van todos a pasear
A las dos, los burócratas inician sus “cuetes” (borracheras) in cantinas, epicentros de la socialización priista, mientras los “potentados” escapan a Cuernavaca o “Palo Alto” (un guiño a la exclusividad) con su “charchina” (pareja). Las cantinas han perdido centralidad ante bares y antros, reflejo de nuevos hábitos de ocio, pero lugares como “La Ópera” persisten para nostálgicos. Cuernavaca como destino élite es menos relevante; la globalización lleva a la clase alta a Valle de Bravo o Tulum, y colonias como Polanco sustituyen a “Palo Alto”. La desigualdad sigue marcando la ciudad. La repetición del empeño de la palangana refuerza la precariedad como motor del sábado, orientado al paseo dominical.
Sábado Distrito Federal, ¡ay, ay, ay! / Sábado Distrito Federal, ¡ay, ay, ay!
El estribillo, con su “¡ay, ay, ay!”, es el alma de la canción: un lamento festivo que une las escenas y celebra la resiliencia chilanga. El leitmotiv del domingo, cuando “todos se van a pasear”, explica el frenesí sabatino: se compra, se empeña, se bebe para disfrutar el descanso. La centralidad del domingo como día de paseo ha disminuido; malls, streaming y viajes cortos han fragmentado esta tradición. Today, parques como Chapultepec y eventos en el Zócalo atraen multitudes, manteniendo el ritual.
Otros elementos transformados:
- El Distrito Federal: Desde 2016, la CDMX es una entidad autónoma, sin regente, tras una reforma que descentralizó el poder. “DF” persiste in el habla por nostalgia.
- Vecindades: Reemplazadas por edificios modernos debido a la gentrificación, su espíritu sobrevive in mercados y fiestas barriales.
- Tranvías: Sustituidos por el Metro desde los 60, el caos vial sigue siendo un sello chilango.
La fuerza de la canción radica in su retrato del espíritu chilango: ingenioso, resiliente y capaz de hallar gozo in el desorden. Aunque los ruleteros, pulquerías y fiado han mutado, la ciudad sigue siendo un “hormiguero” donde la comunidad florece.
Nostalgia de un México transformado
“Sábado Distrito Federal” evoca un México de vecindades, fritangeras y calles empedradas, donde la vida era más lenta y comunitaria. Como canta Chava in otra pieza, ese México “tenía un no sé qué”. La nostalgia no es solo por un pasado idealizado, sino por la conexión humana de los barrios. In la CDMX de 2025, ese espíritu pervive in el caos del Centro Histórico, los tacos de suadero in La Merced, las charlas in tianguis de Coyoacán o las fiestas patronales de Tacuba. La ciudad ha cambiado —con malls, apps y rascacielos—, pero su corazón late in las esquinas donde el pasado y el presente se abrazan.
Conclusión: Un himno que no envejece
Chava Flores nos regaló in “Sábado Distrito Federal” un espejo de la Ciudad de México: caótica, desigual, pero vibrante. Aunque el DF es ahora CDMX, y las pulquerías conviven con bares de mixología, la esencia chilanga —su humor, su relajo— sigue cantando “¡ay, ay, ay!. Esta canción invita a recorrer el Centro, brindar con pulque o platicar con el taquero. La ciudad es de todos: los que la viven, los que la sueñan y los que la cantan. ¿Qué rincón de este sábado chilango te mueve? Comparte tu historia y sigamos celebrando la capital que nunca duerme.

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