Disclaimer: Esta narrativa es una obra de ficción basada en eventos históricos y especulaciones creativas. Los diálogos y pensamientos son imaginarios y no reflejan declaraciones reales. Los eventos relacionados con el Fobaproa y la crisis de 1994 se basan en hechos históricos. Cualquier similitud con eventos o personas reales más allá de los hechos históricos conocidos es coincidencia.
Ernesto Zedillo, Los Pinos, diciembre de 1994
El café huele a ceniza, amargo como la noche. Son las tres de la madrugada, y México se desangra. El peso colapsó ayer: de 3.46 a 5.50 por dólar en un suspiro. Las reservas internacionales agonizan en 6 mil millones. Mi escritorio cruje bajo informes: gráficos que predicen ruina, números que apuñalan. Los bancos —Banamex, Bancomer, Serfin— están al borde del abismo, sus deudas como veneno. El Fobaproa es mi única arma: comprar esas deudas, transformarlas en una carga pública. 552 mil millones de pesos, el 15.8% del PIB. Una soga que México arrastrará por generaciones.
Un empresario entró ayer, el hombre del acero, su reloj brillando como su imperio del norte. «Doctor Zedillo, el Fobaproa es la salvación», dijo, su voz suave como una navaja. Pero los nombres en los informes no son bancos. Son apellidos que mandan: dueños de fábricas, financiadores de campañas, intocables. Él es uno. Su empresa recibió millones, pero no para sus trabajadores, sino para deudas oscuras. Hay otro, un empresario de Sinaloa, cuya sombra pesa más. Un informe clasificado, deslizado bajo mi puerta, habla de transferencias a cuentas en las Islas Caimán, susurros de sombras del crimen. No pregunto. No puedo. Firmo los pagarés del Fobaproa, cada trazo una sentencia. En las calles, el hambre crece. Una mujer me gritó ayer, afuera: «¡Devuélveme mi casa!». Sus ojos, vidriosos de furia, me persiguen. El Fobaproa no salva a los pequeños, solo a los que nunca caen. No soy un héroe; soy un economista atrapado en un incendio.
Claudia Sheinbaum, Palacio Nacional, abril de 2025
El Zócalo respira quieto, pero mi oficina apesta a tensión, a papel viejo y decisiones pesadas. Un disco duro plateado descansa en mi escritorio, desencriptado por la Unidad de Inteligencia Financiera. Es un fósil de 1994, el Fobaproa, la deuda que aún sangra. Hoy, en la mañanera, señalé a Ernesto Zedillo. No es odio; es justicia. Él llamó la reforma judicial de AMLO un «retroceso» en una revista. ¿Con qué derecho? Él, que firmó los pagarés que salvaron a los banqueros mientras México se ahogaba. Las plataformas digitales rugen: a video muestra a Zedillo firmando, un banquero sonriendo. “#FobaproaEterno”, escriben. La deuda es un cuchillo en la carne de México: el clasismo que protege a los ricos, la desigualdad que nos fractura.
Empresarios llenaron Palacio ayer. Los mismos apellidos: acero, medios, constructoras. El hombre del acero, canoso, su traje oliendo a dinero, me dijo: «Presidenta, reabrir el Fobaproa es un error. Todo caerá». Su nombre está en el disco: millones en 1994, un imperio edificado sobre ruinas. Su voz era una amenaza envuelta en seda. Otro nombre quema: un empresario de Sinaloa, muerto, pero su familia aún manda. Hay susurros de sombras del crimen en el disco. Lo peor son los nombres del presente, ligados a Morena, a la reforma judicial. Si los revelo, nuestro movimiento se romperá. El silencio no es gratis.
Ernesto Zedillo, Los Pinos, marzo de 1995
El Zócalo arde con pancartas: «Zedillo vende México». El PIB caerá un 6.2% este año, el peor colapso en décadas. Las calles apestan a desesperación: familias desalojadas, negocios en quiebra. El Fobaproa salva a los bancos, no a la gente. La mujer que me gritó afuera de Los Pinos sigue en mi cabeza: «¡Devuélveme mi casa!». Su voz es el eco de miles. Un general me trajo un informe clasificado. Detalla transferencias del Fobaproa a empresas fantasma. El hombre del acero, con millones al Caribe. El empresario de Sinaloa, lo mismo, con rumores de sombras del crimen. «No investigue», dijo el general. «¿Entonces quién?», pregunté. Silencio. Guardé el informe bajo llave. Si lo abro, México se fractura. No es miedo; es supervivencia. La cara de esa mujer me juzga. Quise salvarlos, pero firmé su condena.
Claudia Sheinbaum, Palacio Nacional, mayo de 2025
El auditor independiente comenzó. Anuncié una comisión en el Senado para el Fobaproa. Las plataformas digitales estallan: unos me alaban, otros dicen que esquivo la amenaza de aranceles desde Washington. Pero esto es más grande. El Fobaproa es el clasismo que dejó a millones en la ruina mientras los ricos volaban alto. El disco quema en mi escritorio. Anoche, el hombre del acero vino solo. «Claudia», dijo, su voz un filo, «si sigues, no solo caerá Zedillo. Caeremos todos». Su nombre está en el disco: millones en 1994, un imperio sobre el dolor. No respondí. Pero supe que tenía razón. Hay nombres que tocan a Morena, a la reforma judicial de AMLO. Si los revelo, todo se derrumba.
Claudia Sheinbaum, Palacio Nacional, junio de 2025
El auditor presentó su informe. Nombres: el hombre del acero, banqueros, el empresario de Sinaloa cuya familia aún reina. Las plataformas digitales rugen: un joven grita en un video, «¿Por qué seguimos pagando?». Pero el disco guarda una verdad que me paraliza. Un nombre: un aliado de Morena, pilar de la reforma judicial de AMLO. Recibió dinero del Fobaproa en 1994. Si lo revelo, veo el sueño de AMLO deshacerse, nuestro movimiento fracturado, la reforma judicial en cenizas. Mi oficina está en silencio, pero mi cabeza es un huracán. ¿Sacrifico la verdad por el futuro? ¿O dejo que México arda? El hombre del acero me enfrentó hoy en Palacio, his eyes seeking to break me. «Para, Claudia. No sabes lo que desatarás». Lo miré, mi voz firme: «Sé exactamente lo que desataría». Pero no lo haré. No por miedo. Por supervivencia. México no está listo. El disco queda bajo llave. Como Zedillo, elijo el silencio. La deuda vive.
Epílogo: El hombre del acero, Ciudad de México, julio de 2025
Mi oficina en Polanco huele a cuero y tabaco. La ciudad brilla abajo, pero el brillo es una mentira que conozco bien. En 1994, vi a Zedillo temblar en Los Pinos, un hombre perdido ante el Fobaproa. Le dije que salvaría al país. Mis fábricas crecieron, mi nombre se fortaleció. Otros ganaron: banqueros, un empresario de Sinaloa con sombras del crimen. Zedillo vio los informes, but closed his eyes. Sobrevivencia, no miedo. Lo entendí. En 2025, enfrenté a Sheinbaum en Palacio. Es más dura que Zedillo, pero igual de atrapada. El disco tiene mi nombre, y otros. Uno toca a Morena, a su preciada reforma judicial. Le dije que parar era lo mejor. Me miró, sus ojos como brasas, pero no abrió el disco. Sobrevivencia, no miedo. Las plataformas digitales gritan #FobaproaEterno, pero no me tocan. Los aranceles de Washington amenazan, y mis socios mueven hilos. La deuda vive, como mi poder. Pero anoche, un rumor me heló: alguien más tiene una copia del disco. No sé quién. Por primera vez, mi mano tiembla al encender el cigarro. El juego no ha terminado.
Fuentes
- Crisis económica de México de 1994-1995, Wikipedia. Detalles sobre la devaluación del peso y el impacto económico.
- Fobaproa, Gobierno de México. Información oficial sobre el Fobaproa y su costo.
- El Universal, artículos sobre el Fobaproa, archivo de noticias históricas y contemporáneas sobre la crisis de 1994 y sus repercusiones.
- Reforma judicial en México, La Jornada, 11 de septiembre de 2024. Contexto sobre la reforma judicial impulsada por AMLO.
- Amenazas de aranceles de Trump, Reuters, 15 de enero de 2025. Información sobre las tensiones comerciales entre México y EE.UU. en 2025.

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