Disclaimer: Este relato es una obra de ficción inspirada en eventos históricos y especulaciones políticas, pero no pretende ser un registro factual. Los diálogos, motivaciones y detalles son producto de la imaginación creativa y no deben tomarse como evidencia histórica verificada. Cualquier parecido con eventos reales es intencional para fines narrativos, pero los hechos están dramatizados para ofrecer una perspectiva entretenida y especulativa.
Llamada 1: 30 de junio de 2000, dos días antes de las elecciones. Oficina de campaña del PAN, Ciudad de México.
El cuartel del PAN en la Ciudad de México vibra con tensión. Las encuestas muestran a Vicente Fox, candidato del PAN, en un empate técnico con Francisco Labastida del PRI. En una oficina pequeña, Juan Hernández, estratega de campaña de Fox, revisa proyecciones electorales con el ceño fruncido. Sabe que el SNTE, bajo el liderazgo de Elba Esther Gordillo, es la clave para romper el dominio priísta. Solo, con un teléfono seguro, marca un número que pocos tienen.
Juan Hernández (nervioso pero decidido): Maestra, buenas tardes. Soy Juan Hernández, de la campaña de Vicente Fox. Necesitamos hablar, es urgente.
Elba Esther Gordillo (al otro lado, con voz serena y astuta): Juan, qué sorpresa. Supongo que no me llamas para invitarme un café. ¿Qué se le ofrece a Chente?
Juan Hernández (directo, consultando un folder): Maestra, estamos a dos días de la elección, y las encuestas nos dan un empate técnico. En el mejor escenario, Vicente está 2% arriba, pero en Tamaulipas, Chiapas y el Estado de México, el PRI nos lleva ventaja. Necesitamos 200 mil votos más para asegurar la victoria. Sabemos que el SNTE tiene la estructura para mover esos números.
Elba Esther (con un tono que mezcla interés y cautela): 200 mil votos, Juan. Eso no es un favor pequeño. Mis maestros están en todas las casillas, pero mover el tablero tiene un costo. ¿Qué ofrece Vicente a cambio?
Juan Hernández (tras un respiro profundo): Vicente está dispuesto a negociar. Quiere que el SNTE tenga un lugar en la mesa: control del presupuesto de educación, influencia en el gabinete y garantías de que el sindicato será intocable. Pero necesitamos que sea discreto y efectivo. ¿Puede el SNTE entregar esos votos?
Elba Esther (con una risa suave): Juan, mis muchachos saben contar boletas mejor que nadie. 200 mil votos son posibles, pero no regalo nada. Quiero la Secretaría de Educación Pública bajo mi órbita y un compromiso firmado de que el SNTE tendrá prioridad en el nuevo gobierno. Si Vicente está de acuerdo, tendrán sus votos. Si no, que se preparen para otros seis años de PRI.
Juan Hernández (anotando rápidamente): Entendido, Maestra. Le llevaré la propuesta a Vicente, pero creo que tenemos un trato. ¿Podemos contar con usted para coordinar en Tamaulipas, Chiapas y el Estado de México?
Elba Esther (confiada): Dame 48 horas, Juan. Mis operadores ya están listos. Pero recuerda: yo cumplo, y espero que Vicente también. Nos vemos en Los Pinos.
Juan Hernández (aliviado pero tenso): Gracias, Maestra. No le fallaremos.
Elba Esther (antes de colgar, con un toque de ironía): Oh, Juan, no soy yo quien falla. Nos vemos el domingo.
Llamada 2: 2 de julio de 2000, día de las elecciones. Suite en un hotel de Polanco, Ciudad de México.
El país está en vilo. Las casillas electorales bullen de actividad, y los rumores de una contienda cerrada circulan sin cesar. En una suite de lujo en Polanco, Elba Esther Gordillo, con un cuaderno lleno de nombres, números y distritos clave, marca un número desde un teléfono seguro. Su expresión es fría, pero sus movimientos son los de una jugadora maestra que sabe que el destino de México está en sus manos.
Elba Esther (con tono firme y cómplice): Gobernador, buenos días. ¿Cómo va todo por allá? Espero que las casillas estén bien «cuidadas».
Eugenio Hernández Flores (gobernador de Tamaulipas, nervioso): Maestra, aquí todo en orden, pero… está muy cerrado. Las encuestas de salida no nos dan claridad. ¿Qué hacemos?
Elba Esther (con un brillo astuto en la voz): Eugenio, tranquilo. Esto no se gana con encuestas, se gana con voluntad. Ya hablé con los chicos de Nueva Alianza y con algunos amigos en el IFE. Tú asegúrate de que las urnas en Tamaulipas «hablen claro». ¿Me entiendes? Necesitamos que el PAN tenga un empujoncito… discreto, pero efectivo.
Eugenio (titubeando): ¿Y el PRI? Si se dan cuenta de que estamos moviendo las cosas para Fox… Maestra, esto es riesgoso. Madrazo ya sospecha.
Elba Esther (cortante): Roberto Madrazo no es el futuro, Eugenio. El PRI tuvo su tiempo, pero hoy el viento sopla azul. Fox es el boleto ganador, y yo no juego para perder. Además, ¿quién crees que controla a los maestros en las casillas? ¿Madrazo? No me hagas reír. Haz lo que te digo, y te garantizo que no te arrepentirás.
Eugenio (tras un silencio, resignado): Entendido, Maestra. ¿Cuántos votos necesitas que «aparezcan»?
Elba Esther (consultando su cuaderno): Digamos que unas 50 mil boletas bien contadas en tu estado nos darían un respiro. Mis muchachos en el SNTE ya están coordinando con los representantes de casilla. Solo asegúrate de que los tuyos no metan la pata.
Eugenio: Está bien. Pero, Maestra, ¿y después? Si Fox gana, ¿qué sigue para nosotros?
Elba Esther (con un tono casi maternal): Eugenio, cuando Fox esté en Los Pinos, recordará quién lo puso ahí. Y yo estaré en la mesa donde se reparten las cartas. Tú solo juega tu parte, y el SNTE se encargará del resto. ¿Estamos?
Eugenio (más convencido): Estamos, Maestra. Déjamelo a mí.
Elba Esther (colgando, susurra para sí misma): Vicente, no sabes lo caro que te va a salir este favor.
Llamada 3: 3 de julio de 2000, medianoche. La misma suite en Polanco.
Los resultados preliminares del IFE han sacudido al país: Vicente Fox es el virtual presidente, rompiendo con 71 años de hegemonía priísta. Elba Esther, sentada en un sillón con una copa de champán, revisa reportes de casillas cuando su teléfono suena. Es Roberto Madrazo, líder priísta y figura clave del partido, con la voz cargada de furia.
Roberto Madrazo (gritando): ¡Elba, qué carajos hiciste! Las cifras no cierran. En Tamaulipas, Chiapas y el Estado de México, los votos para Fox salieron de la nada. ¡Esto tiene tus huellas por todos lados!
Elba Esther (tranquila, con un dejo de burla): Roberto, por favor, baja la voz. ¿De qué me hablas? Yo solo hice mi trabajo: asegurarme de que los maestros cumplieran en las casillas. Si el PRI no supo cuidar sus votos, no me culpes a mí.
Madrazo (furioso): ¡No juegues conmigo, Elba! Sé cómo operas: tus maestros, tus «amigos» en el IFE, tus tratos en lo oscurito. ¡Vendiste al partido! ¿Qué te dio Fox? ¿Dinero? ¿La Secretaría de Educación? ¡Habla!
Elba Esther (con frialdad): Roberto, el PRI perdió porque no entendió el momento. México quería cambio, y yo no me subo a barcos que se hunden. Fox no me dio nada que no haya ganado yo sola. El SNTE es mi fuerza, no el PRI. Si quieres culpar a alguien, mírate al espejo.
Madrazo (desesperado): ¡Esto no se queda así, Elba! El partido no olvidará esta traición. ¡Te juro que pagarás caro!
Elba Esther (con una risa seca): Roberto, las amenazas no me asustan. El PRI ya no manda, y tú lo sabes. Ahora, si me disculpas, tengo una victoria que celebrar.
Madrazo (antes de colgar): Esto no termina aquí, Maestra.
Elba Esther (colgando, mirando por la ventana): Que lo intente.
Esa noche, mientras México celebra o llora el fin de una era, Elba Esther Gordillo se consolida como la arquitecta de la victoria de Vicente Fox. Con 50 mil votos «ajustados» en Tamaulipas, 70 mil en Chiapas y 80 mil en el Estado de México, el SNTE inclinó la balanza a favor del PAN. Las acusaciones de Roberto Madrazo no encuentran eco en pruebas concretas, y Elba Esther emerge como una figura intocable, con un pie en el nuevo gobierno y el otro en el control del sindicato más poderoso del país. Pero en la política mexicana, los favores tienen un precio, y Fox pronto descubrirá que la Maestra no es solo una aliada, sino una jugadora que siempre apuesta por su propio poder.
En tres llamadas, Elba Esther Gordillo tejió el destino de una nación. ¿Traidora al PRI, visionaria del cambio o maestra del poder? En el México del 2000, las urnas hablaron, pero fueron las sombras las que escribieron la historia. En la política, no hay lealtades eternas, solo alianzas temporales.
Chidonomics te pregunta: ¿Quién mueve realmente los hilos del poder?
Fuentes (de inspiración histórica y contexto)
- Proceso (2000): “La transición mexicana: El fin del PRI” – Reportaje sobre las elecciones de 2000 y el contexto político, incluyendo el papel de actores clave como Elba Esther Gordillo.
- Cano, Arturo (2012). Elba Esther Gordillo: Una vida en el poder – Reseña del libro que detalla la trayectoria de Gordillo y su influencia en la política mexicana.
- Dresser, Denise (2000): “El fin de la hegemonía” – Análisis publicado en Proceso sobre las elecciones de 2000 y la transición política.
- Animal Político (2013): “Elba Esther Gordillo: La caída de la Maestra” – Artículo retrospectivo sobre su influencia en el SNTE y la política mexicana.
- INE (Instituto Nacional Electoral) – Resultados oficiales de las elecciones presidenciales de 2000, para contexto sobre los márgenes de victoria.

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