En 2024, las búsquedas en Google en México, dominadas por la Eurocopa, La Casa de los Famosos y el eclipse solar, muestran una clara preferencia por el entretenimiento sobre temas como la ciencia o la economía. Este patrón, constante desde 2019, nos lleva a preguntarnos: ¿se ha convertido el internet en un proveedor de diversión? ¿Qué buscan los mexicanos y qué pretenden? ¿Podría el estado, sin recurrir a medidas autoritarias, fomentar un internet que promueva temas fundamentales? ¿Qué papel juegan las colaboraciones entre empresas y gobiernos?
Un patrón arraigado: el dominio del entretenimiento
Desde 2019, los mexicanos han priorizado deportes, cine y eventos culturales en Google. En 2024, Google Trends estima que el 40% de las búsquedas se centraron en deportes (Eurocopa, Copa América), el 30% en entretenimiento (La Casa de los Famosos), y el 15% en fenómenos naturales o necesidades diarias (eclipse solar, “clima”). Los temas políticos, como las elecciones 2024, y económicos, como la inflación, sumaron menos del 10%, mientras que la ciencia y la tecnología apenas alcanzaron el 5%. Este enfoque, visto en eventos como el Mundial de Qatar o la pandemia, refleja una población joven (mediana de edad: 29 años) con 74 millones de usuarios en línea, que valora la conexión emocional. Sin embargo, también revela una brecha en la atención a temas esenciales para el desarrollo.
¿Conexión o desvío?
¿Están los mexicanos evadiendo la realidad al buscar entretenimiento? En un contexto de déficit público del 5.9% del PIB y una deuda de Pemex de 100 mil millones de dólares, el entretenimiento ofrece alivio. El fútbol une comunidades, y los reality shows generan debates sociales. La psicología sugiere que el estrés económico impulsa a los usuarios hacia contenidos que liberan dopamina, como un partido, en lugar de temas complejos. Las elecciones 2024 aparecieron en las tendencias, pero con menor volumen, mostrando que los mexicanos no ignoran los temas serios, sino que los encuentran menos accesibles. El algoritmo de Google, diseñado para maximizar clics, refuerza esta dinámica al priorizar contenido emocional, relegando la ciencia y la economía.
¿Qué buscan los mexicanos?
Al buscar “Eurocopa” o “clima”, los mexicanos persiguen pertenencia e inmediatez. Estas búsquedas los integran a narrativas colectivas o resuelven necesidades prácticas. Globalmente, el 25% de las búsquedas son de entretenimiento (SparkToro, 2023-2024), pero en México, la intensidad del fútbol y los realities es única, reflejando una cultura comunitaria. La poca atención a la ciencia, salvo el eclipse, y a la tecnología, como ChatGPT, señala una desconexión. Con muchos usuarios recién conectados, Google es un portal hacia lo familiar, un ciclo que el algoritmo perpetúa al recomendar más de lo mismo.
¿Un internet de diversión?
En México, el internet es principalmente una fuente de entretenimiento, aunque no exclusivamente. El aumento del 33% en el uso de Google Pay y las búsquedas del Buen Fin indican un auge en el comercio digital. Comparado con EE. UU., donde la inteligencia artificial tiene más peso, o India, con interés en startups, México se inclina por lo cultural. Esto responde a una demografía joven y un acceso reciente a internet, pero también al dominio de Google, que controla el 90% del mercado de búsquedas. Su algoritmo, orientado a las ganancias, favorece el entretenimiento sobre temas que requieren esfuerzo cognitivo.
¿Intervención estatal, mercado libre o colaboración?
¿Podría el gobierno mexicano obligar a Google a modificar su algoritmo para promover ciencia y economía? Precedentes como las multas de la Unión Europea a Google por prácticas monopólicas o el control de contenido en China sugieren que es posible. Sin embargo, forzar temas que solo representaron el 5% de las búsquedas en 2024 podría alienar a los usuarios, que buscan conexión emocional, reduciendo el uso de internet (9 horas diarias, según Statista). Esto dañaría el comercio digital y el acceso a información, generando distorsiones en el mercado. Más aún, en un país con historial de control mediático, la intervención estatal arriesga la censura, permitiendo al gobierno priorizar narrativas oficiales. Por otro lado, dejar el algoritmo al mercado libre consolida el sesgo de Google hacia el entretenimiento, ya que las empresas buscan maximizar clics, no educar. ¿Hay alternativas? Las colaboraciones público-privadas ofrecen un camino intermedio. Por ejemplo, el estado podría trabajar con Google para integrar “nudges” digitales—sugerencias de contenido educativo en los resultados de búsqueda—sin alterar el algoritmo de forma invasiva. Proyectos conjuntos, como campañas de alfabetización digital respaldadas por Google y el gobierno, podrían incentivar búsquedas sobre STEM o economía, inspirándose en iniciativas como las asociaciones de Google con gobiernos europeos para promover habilidades digitales. Estas estrategias respetan la libertad del mercado mientras fomentan un internet más diverso, evitando los riesgos de censura o desinterés del usuario. Sin embargo, su éxito depende de un diseño que conecte emocionalmente, haciendo la ciencia tan atractiva como un partido de fútbol.
El poder de Google y la desigualdad
La discusión sobre regulación resalta el poder de Google. Al moldear lo que ven 74 millones de mexicanos, su algoritmo perpetúa la desigualdad. Favorece contenido accesible para usuarios urbanos, pero en zonas rurales, donde solo el 50% tiene internet (INEGI), el acceso es limitado. El entretenimiento domina porque no requiere educación formal, pero la poca visibilidad de ciencia y tecnología agrava la brecha educativa. Con solo el 17% de los estudiantes en carreras STEM (OCDE), México queda rezagado frente a India, donde el 15% de las búsquedas son tecnológicas. Este sesgo mantiene a los usuarios de bajos ingresos y menor educación anclados al entretenimiento, limitando sus oportunidades.
Variaciones demográficas: género, edad, escolaridad e ingreso
Las tendencias varían según la demografía, mostrando cómo el acceso y la formación influyen en las prioridades. Por género, las mujeres (45% de las búsquedas) prefieren entretenimiento emocional, como reality shows, y temas prácticos, como salud o moda, mientras que los hombres (55%) dominan deportes y tecnología. Por edad, los jóvenes de 18 a 34 años (60% de los usuarios) lideran en entretenimiento y aplicaciones; los adultos de 35 a 54 años (30%) buscan noticias; y los mayores de 55 años (10%) se enfocan en salud. La escolaridad marca una brecha significativa: los usuarios con educación superior (25%, según INEGI) muestran interés en temas tecnológicos, como inteligencia artificial, programación o ciberseguridad, y económicos, como el tipo de cambio, inversiones o políticas fiscales, lo que refleja una mayor capacidad para procesar información compleja y acceso a recursos educativos. En contraste, aquellos con educación básica o media (50%) se inclinan por deportes, reality shows y búsquedas prácticas como “clima” o “resultados de lotería”, influenciados por una exposición limitada a contenidos especializados y, a menudo, por la necesidad de información inmediata para la vida diaria. Por ingreso, los estratos altos (20%) exploran comercio digital, tecnología avanzada y noticias financieras, aprovechando conexiones estables y dispositivos modernos. Los usuarios de bajos ingresos (60%), con acceso restringido a internet de calidad y equipos obsoletos, priorizan entretenimiento, búsquedas del Buen Fin y necesidades básicas, como promociones o información meteorológica. Estas disparidades evidencian cómo la educación y el ingreso determinan no solo qué se busca, sino también las oportunidades que el internet ofrece, perpetuando un ciclo de desigualdad.
Alternativas para un internet equilibrado
El internet puede trascender el entretenimiento. Plataformas como YouTube ofrecen contenido educativo, desde tutoriales de programación hasta divulgación científica, mientras que programas gubernamentales de promoción STEM buscan despertar curiosidad. El éxito requiere educación digital que fomente la búsqueda crítica y creadores que hagan la economía tan atractiva como un partido. Plataformas como X pueden amplificar estos esfuerzos, pero deben competir con la inmediatez del entretenimiento.
Impacto y consecuencias a largo plazo
El enfoque en el entretenimiento fortalece la cohesión social, pero limita la alfabetización en ciencia y tecnología, crucial para la innovación. Económicamente, impulsa industrias culturales, pero el descuido de sectores tecnológicos frena el crecimiento. A largo plazo, la brecha en STEM, con solo el 17% de estudiantes en estas carreras, podría agravar la desigualdad, dejando a México rezagado frente a economías tecnológicas. El poder de Google, al priorizar lo popular, perpetúa este ciclo, pero la educación y el contenido creativo pueden transformarlo.
Conclusión
Las búsquedas en Google en México reflejan una cultura vibrante que busca conexión, pero el dominio del entretenimiento, moldeado por el algoritmo de Google, margina temas cruciales. La intervención estatal arriesga censura, mientras que el mercado libre perpetúa la desigualdad, especialmente para usuarios con menor educación e ingresos. Colaboraciones público-privadas, como campañas de alfabetización digital, ofrecen un camino para diversificar el internet sin distorsiones. Las diferencias por género, edad, escolaridad e ingreso muestran un internet fragmentado, donde el acceso dicta las oportunidades. El internet puede ser un catalizador de curiosidad si la educación y la creatividad hacen los temas serios tan atractivos como un gol.
Fuentes:
Google Trends, Año en Búsquedas 2019-2024.
Statista, Mexico: top Google search queries 2023.
SparkToro, New Research: We analyzed 332 million queries.
Deloitte, Tendencias económicas México 2024.
INEGI, Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de TIC 2023.
OCDE, Education at a Glance 2024.

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