Advertencia: Este relato es una obra de ficción política inspirada en el escándalo de la Leche Betty de 1999, documentado por medios como El País y La Jornada (7 de febrero de 1999). Los diálogos, motivaciones y ciertos detalles son invenciones literarias creadas para construir una narrativa dramática, y no deben tomarse como hechos históricos.
México, 1999. La Ciudad de México es un mosaico de promesas rotas y sueños a medio construir. La crisis del 94 aún duele, el Fobaproa pesa como una losa sobre los contribuyentes, y el PRD, con su bandera de justicia social, busca conquistar el corazón de las colonias populares. En este escenario, el Programa de Abasto Popular promete un milagro: la Leche Betty, leche a 2.50 pesos por litro para los más necesitados. Pero tras los aplausos y los discursos, un complot se teje en las sombras, donde la ambición y el dinero convierten un sueño en veneno. Ojalá esto fuera 100% ficción, pero la leche con caca fue un evento real, que jugó con los pobres. Esta es la historia de cómo Martí Batres y René Bejarano, figuras clave del PRD, se enredaron en un escándalo que marcó una época.
El Gran Anuncio
Mitin en Iztapalapa, primavera de 1999. El sol abrasa una plaza abarrotada. Banderas amarillas del PRD flamean entre una multitud de madres con niños en brazos, ancianos con bastones y jóvenes con camisetas del partido. En el templete, Martí Batres, joven diputado de mirada ardiente, agarra el micrófono con la convicción de quien sabe que está forjando su destino.
“¡Compañeros!” —grita, alzando un cartón de Leche Betty como si fuera un trofeo—. “¡El PRD cumple con el pueblo! Esta leche es para sus hijos, para sus familias. ¡A 2.50 pesos el litro, la justicia social llega a sus mesas!”
La multitud estalla en vítores. Al fondo, René Bejarano, con una camisa impecable y una sonrisa que oculta cálculos, observa desde las sombras del templete. No necesita el reflector; su poder está en los detalles, en los contratos que se firman lejos de los aplausos. Mientras Batres brilla, Bejarano susurra a un asistente:
“Esto nos va a poner en el mapa, pero hay que cuidar los detalles. Los proveedores no pueden fallar… o hablar.”
El Pacto en las Sombras
Oficina en la Asamblea Legislativa, medianoche. El aire está cargado de café rancio y el zumbido de un ventilador viejo. Martí Batres, con la corbata floja, se sienta frente a René Bejarano, que fuma un cigarro mientras hojea un folder lleno de números. La puerta está cerrada; el silencio, pesado.
“Esto es más que leche, Martí” —dice Bejarano, exhalando una nube de humo—. “Es poder. Las colonias nos van a deber todo. Y el presupuesto… digamos que hay espacio para repartir.”
Batres tamborilea los dedos en el escritorio, su rostro tenso. Sabe que Bejarano no habla por hablar, pero la ambición lucha con la cautela en su cabeza.
“¿Y la calidad?” —pregunta, con un dejo de duda—. “Si la leche es mala, nos van a crucificar.”
Bejarano suelta una risa seca, como si la preocupación fuera un chiste de novatos.
“Tranquilo. Tengo al proveedor perfecto: Lácteos Patria SA. Gente de confianza, con plantas en el Estado de México. Nos dan la leche barata, y el margen… nos beneficia a todos.”
Martí no insiste. Los aplausos del mitin aún resuenan en su mente, y la visión de un PRD fuerte, con él como figura ascendente, lo seduce más que las dudas.
Días después, en un café de la colonia Roma, Bejarano se reúne con un hombre de traje barato y gafas oscuras, conocido solo como “el Licenciado”. Sobre la mesa, un sobre marrón y una carpeta con el sello de Lácteos Patria.
“Todo listo, René” —dice el Licenciado, deslizando el sobre con disimulo—. “La leche pasa los controles mínimos. Nadie va a mirar más allá. Y el dinero sobrante… ya sabes cómo funciona.”
Bejarano no toca el sobre. Sus ojos recorren el café, asegurándose de que nadie los observe.
“¿Y si alguien mete el microscopio?” —pregunta, con un tono que mezcla cautela y codicia.
El Licenciado sonríe, mostrando dientes amarillentos.
“Nadie lo hará. La Secretaría de Salud está ocupada. Y si alguien habla, sabemos cómo callarlo.”
La Farsa de la Leche
Lácteos Patria SA es un espejismo. La empresa, creada de la nada, opera desde una oficina vacía en Ecatepec. La leche que produce viene de plantas procesadoras con estándares sanitarios dudosos, donde las bacterias coliformes prosperan como en un caldo de cultivo. Pero el presupuesto asignado por el gobierno capitalino es millonario, y la diferencia entre el costo real y los fondos públicos se reparte en sobres que circulan como fantasmas. Algunos llegan a Bejarano, quien los distribuye entre los leales del PRD. Otros, según los rumores, terminan en manos de Batres, quien guarda silencio mientras su nombre brilla en los mítines.
En las colonias, las madres hacen fila para comprar la Leche Betty. Los cartones blancos, con su logo sencillo, son un rayo de esperanza en un país donde el dinero no alcanza. Nadie imagina que lo que beben sus hijos está contaminado, no solo por bacterias, sino por la ambición de quienes juraron protegerlos.
La Filtración Olvidada
Redacción de La Jornada, julio de 1999. Juan Morales, un reportero joven con sueños de destapar la verdad, encuentra un sobre anónimo en su escritorio. Dentro, un informe de laboratorio: la Leche Betty está llena de bacterias coliformes, rastros de materia fecal. Juan, con los ojos abiertos de incredulidad, corre a mostrarle el documento a su editor.
“¡Esto es enorme, jefe!” —dice, agitando las hojas—. “¡La leche del PRD está envenenando a la gente!”
El editor, con ojeras marcadas y un café frío en la mano, suspira.
“Buena nota, Juan, pero mira esto” —señala un montón de papeles—. “El Fobaproa, las elecciones en el Estado de México, los rumores de privatización de Pemex… No hay espacio. Escribe algo corto, y ya veremos si lo retomamos.”
Juan redacta una nota breve, publicada en la página 12 de La Jornada (7 de febrero de 1999). Pero la vorágine informativa la engulle. Los lectores, abrumados por titulares más grandes, apenas la notan. En las oficinas del PRD, sin embargo, el artículo prende una alarma.
El Estallido del Escándalo
Una oficina en la Secretaría de Salud, días después. El técnico que filtró el informe, un hombre anónimo con más conciencia que ambición, tiembla al ver los titulares que empiezan a surgir. El Universal y El País retoman la historia: “Leche Betty, un riesgo para la salud”. El análisis es demoledor: “Pocas grasas, pocas proteínas y poco calcio, pero sí abundante presencia de bacterias coliformes” (El País, 1999). En las colonias, las madres tiran la leche a las alcantarillas, y los niños enferman. La indignación crece como un incendio.
En la Asamblea, Martí Batres enfrenta a los reporteros con su mejor cara de inocencia.
“Esto es un ataque político de la derecha” —declara, con la voz firme pero los ojos nerviosos—. “¡El PRD está con el pueblo!”
En privado, la tensión estalla. Bejarano, en un cuarto trasero, confronta al Licenciado.
“¡Me dijiste que no habría problemas!” —grita, golpeando la mesa—. “¡Ahora todo el país sabe que la leche es una porquería!”
El Licenciado, imperturbable, enciende un cigarro.
“Tranquilo, René. Los contratos están limpios. Los archivos, ‘perdidos’. Y si alguien insiste, tenemos suficiente para convencerlo.”
El Encubrimiento
La investigación oficial es un circo. La Secretaría de Salud, presionada por el gobierno capitalino, emite un informe vago que culpa a “fallas en la distribución”. Lácteos Patria SA se desvanece como si nunca hubiera existido, y los registros de los contratos se pierden en un supuesto «error administrativo.» Mario Saucedo, un miembro disidente del PRD, exige justicia, pero su voz se ahoga en la maquinaria del partido. Jesús Ortega, líder de otra facción, minimiza las acusaciones, llamándolas «exageraciones» (La Jornada, 1999). Batres y Bejarano, protegidos por la red del PRD, emergen ilesos legalmente, aunque sus reputaciones están manchadas.
In the shadows, the envelopes of money keep circulating. Some say the millions diverted from the program funded the early campaigns of Morena years later, a secret no one can prove. In the neighborhoods, families face illness and distrust. The name Leche Betty becomes an insult, a cruel joke in the markets and eateries.
El Sabor Amargo del Poder
El escándalo de la Leche Betty sigue siendo una cicatriz en la memoria de México. Batres y Bejarano siguen su camino, ascendiendo en la política, pero el eco del veneno blanco los persigue. Ojalá esto fuera pura ficción, pero la leche con caca fue un suceso real que jugó con los pobres. En esta narrativa, la leche no fue solo un error, sino una conspiración donde la ambición envenenó más que estómagos: envenenó la fe del pueblo. Mientras México lidia con el Fobaproa, los ecos del «error de diciembre» y las promesas incumplidas, la Leche Betty se alza como un cruel recordatorio: en política, hasta lo más puro puede estar podrido por dentro..
Fuentes
- El País. (1999). “Leche Betty, un riesgo para la salud.”
- La Jornada. (7 de febrero de 1999). “Escándalo por la leche contaminada en el DF.” Enlace.

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