En julio de 1944, en el apacible pueblo de Bretton Woods, New Hampshire, 44 países aliados se reunieron con un propósito monumental: forjar un sistema económico que sanara las heridas de la Gran Depresión, las devaluaciones competitivas y las guerras comerciales que habían fracturado el mundo. Con la Segunda Guerra Mundial acercándose a su fin, figuras como John Maynard Keynes (Reino Unido) y Harry Dexter White (EE.UU.) lideraron una conferencia que dio vida al sistema de Bretton Woods, un acuerdo que anclaba las monedas al dólar estadounidense, convertible en oro a 35 dólares por onza, creando el «patrón oro-dólar». Este sistema prometía estabilidad cambiaria, comercio fluido y la reconstrucción de un mundo devastado.
México tuvo un asiento en esta mesa histórica. Representado por el economista Víctor Urquidi, junto a Antonio Carrillo Flores y otros funcionarios, el país abogó por los intereses de América Latina, buscando que las voces de los países en desarrollo resonaran en un escenario dominado por EE.UU. y Reino Unido. Aunque su influencia fue limitada, la participación mexicana marcó un hito para la región, subrayando la importancia de incluir a economías emergentes en el diseño del orden global.
El sistema dio origen a dos instituciones pilares: el Fondo Monetario Internacional (FMI), encargado de supervisar los tipos de cambio y asistir a países con problemas de balanza de pagos, y el Banco Mundial, inicialmente enfocado en la reconstrucción de Europa y Japón, y más tarde en el desarrollo global. Durante casi tres décadas, Bretton Woods fue un faro de estabilidad, pero las grietas aparecieron en los años 60, culminando en su colapso en 1971.
Por Qué Funcionó por Casi 30 Años
El sistema de Bretton Woods fue un éxito relativo durante sus primeras dos décadas y media, desde 1944 hasta finales de los años 60, gracias a una combinación de factores económicos, políticos y estructurales que alinearon los intereses globales. En primer lugar, el sistema respondió a una necesidad urgente de estabilidad tras el caos de la Gran Depresión y la guerra. Al fijar las monedas al dólar, convertible en oro a 35 dólares por onza, se creó un ancla confiable que facilitó el comercio internacional. Los tipos de cambio fijos, con un margen de fluctuación de ±1%, eliminaron la incertidumbre cambiaria, incentivando las exportaciones y las inversiones transfronterizas. El comercio global creció a una tasa promedio anual del 8% entre 1948 y 1966, impulsado por esta estabilidad.
En segundo lugar, la hegemonía económica de EE.UU. tras la Segunda Guerra Mundial fue un pilar fundamental. Con cerca del 70% de las reservas de oro mundiales en 1945 y una economía que representaba casi la mitad del PIB global, EE.UU. tenía la capacidad de respaldar el dólar como moneda de reserva. El Plan Marshall, que inyectó 13 mil millones de dólares en Europa entre 1948 y 1952, fortaleció las economías aliadas y su capacidad de participar en el sistema. El FMI y el Banco Mundial complementaron este esfuerzo, proporcionando préstamos para estabilizar balanzas de pagos y financiar la reconstrucción, lo que consolidó la cooperación internacional.
Además, el sistema funcionó porque los países miembros estaban dispuestos a coordinar políticas monetarias y fiscales para mantener las paridades cambiarias. Durante los años 50, economías como Alemania Occidental y Japón, aún en recuperación, se beneficiaron de la estabilidad para reconstruir sus industrias y exportar, mientras que países como México aprovecharon los tipos fijos para sostener el «milagro mexicano», un período de crecimiento económico sostenido. La relativa homogeneidad de las políticas económicas en un mundo liderado por EE.UU. minimizó los desequilibrios, y la baja inflación global (1-2% anual en los países desarrollados) mantuvo la confianza en el dólar.
Sin embargo, este éxito dependía de condiciones temporales: la supremacía de EE.UU., la disciplina fiscal de los países miembros y la ausencia de grandes choques externos. A medida que estas condiciones cambiaron en los años 60, con el aumento de la inflación y los déficits estadounidenses, el sistema comenzó a mostrar sus limitaciones, preparando el escenario para su colapso.
Razones del Colapso
El sistema comenzó a desmoronarse en los años 60 debido a tensiones económicas y estructurales. La economía estadounidense, pilar del sistema, enfrentó déficits fiscales crecientes por la Guerra de Vietnam y los programas sociales de la «Gran Sociedad». La inflación en EE.UU. pasó de 1-2% anual entre 1960 y 1965 a 5.7% en 1970, debilitando el dólar y complicando los tipos de cambio fijos. Los déficits en la balanza de pagos, con más dólares saliendo por gastos militares e inversiones extranjeras, llevaron a una acumulación de dólares en bancos centrales extranjeros, que podían convertirlos en oro. Francia, liderada por Charles de Gaulle, exigió oro agresivamente, criticando el «privilegio exorbitante» del dólar. Entre 1958 y 1968, las reservas de oro de EE.UU. cayeron de 20,000 a 10,000 toneladas, y para 1971 se redujeron a 8,965 toneladas.
El «dilema de Triffin», propuesto por el economista Robert Triffin, expuso una falla estructural: los déficits de EE.UU., necesarios para proporcionar liquidez global, erosionaban la confianza en la convertibilidad del dólar en oro. La movilidad de capitales y los ataques especulativos contra el dólar, especialmente en Europa, hicieron que el sistema fuera insostenible.
El Precio del Oro: El Talón de Aquiles
El precio del oro fue central en la dinámica de Bretton Woods. Antes del sistema, durante el patrón oro clásico (1870-1914), las monedas estaban directamente vinculadas al oro, limitando la flexibilidad monetaria. Su abandono en los años 30 dejó al oro fluctuando sin un sistema global. Durante Bretton Woods, el precio fijo de 35 dólares por onza para transacciones entre bancos centrales creó tensiones, ya que el mercado libre cotizaba el oro a precios más altos. El colapso del London Gold Pool en 1968, un esfuerzo por estabilizar el precio, marcó un punto de inflexión, con el oro alcanzando 43 dólares por onza en 1970 en el mercado libre. Tras el colapso, la liberación del precio del oro en 1971 disparó su valor, alcanzando 850 dólares por onza en 1980, reflejando la transición a monedas fiduciarias y la inflación global. Esta disparidad entre el precio oficial y el de mercado fue un catalizador del colapso, al incentivar la conversión de dólares en oro y agotar las reservas estadounidenses.
El «Nixon Shock» y el Fin del Patrón Oro
El 15 de agosto de 1971, el presidente Richard Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro, un evento conocido como el «Nixon Shock». Las reservas de oro de EE.UU., reducidas a 8,965 toneladas, no podían sostener las demandas de países como Reino Unido, que solicitó 3 mil millones de dólares en oro en 1971, y Francia. Este movimiento marcó el fin del patrón oro y del sistema de Bretton Woods, liberando al dólar y permitiendo que las monedas flotaran según el mercado.
La Transición a los Tipos de Cambio Flotantes
La rigidez de los tipos de cambio fijos, que requerían políticas monetarias coordinadas, se volvió insostenible. Economías como Alemania Occidental y Japón, con superávits, enfrentaban presiones para revalorizar, mientras que Reino Unido devaluó la libra esterlina en 1967 de 2.80 a 2.40 dólares. En 1973, las principales economías adoptaron el sistema de tipos de cambio flotantes, formalizado en los Acuerdos de Jamaica de 1976, conocido como el sistema post-Bretton Woods o régimen monetario flexible. Este sistema otorgó autonomía a los bancos centrales, pero introdujo volatilidad cambiaria.
Impacto en México
El colapso de Bretton Woods afectó profundamente a México. Durante el sistema, el peso mantuvo una paridad fija con el dólar, apoyando el «milagro mexicano». Sin embargo, tras 1971, los tipos de cambio flotantes y el aumento del precio del oro complicaron la economía mexicana, dependiente del dólar para exportaciones y deuda. La inflación global y los choques petroleros llevaron a una crisis de balanza de pagos, culminando en la devaluación del peso en 1976, la primera desde 1954. El FMI fue clave en las crisis de los 80, reflejando el legado de Bretton Woods.
La Dominancia del Dólar: ¿Un Reinado en Declive?
El dólar consolidó su hegemonía post-Bretton Woods, representando el 58% de las reservas globales y el 88% de las transacciones internacionales. Sin embargo, enfrenta retos: el yuan chino, incluido en los DEG del FMI en 2016, el euro, y las monedas digitales de bancos centrales (CBDCs). Los déficits de EE.UU. (1.7 billones de dólares en 2023) y una deuda de 34 billones amenazan su posición. Aunque un cambio es factible, será gradual, como lo fue el declive de la libra esterlina en el siglo XX.
Conclusión
El sistema de Bretton Woods fue una hazaña que trajo estabilidad por casi 30 años, gracias a la hegemonía de EE.UU., la cooperación global y el ancla del oro. Sin embargo, su dependencia de un precio fijo del oro y los tipos de cambio fijos no resistió los déficits, la inflación y las tensiones geopolíticas. México, con representantes como Víctor Urquidi, buscó influir en su creación, y su colapso marcó un punto de inflexión para el país. Para los lectores de Chidonomics, esta historia no solo ilumina el pasado, sino que plantea una pregunta candente: en un mundo donde el yuan, el euro y las monedas digitales desafían al dólar, ¿cuándo veremos el próximo gran cambio monetario?
Fuentes y Vínculos
- Historical Inflation Rates from 1914 to 2025
- Central Banks Gold Reserves by Country Data
- Nixon Shock Historical Context
- The Gold Markets Analysis 1968-1972
- Bretton Woods System Overview
- Lessons from Bretton Woods Collapse
- Bretton Woods Agreement Institutions
- Post-Bretton Woods Economic Analysis
- What Is the Gold Standard? History and Collapse
- The Bretton Woods Agreements: Mexico’s Participation
- Gold Price History
- China’s Yuan Joins IMF’s SDR Basket
- U.S. Federal Deficit
- The Rise of Central Bank Digital Currencies
- The Post-Bretton Woods System
- Mexico’s Economic History
- World Bank Trade Data
- Marshall Plan – History

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