Disclaimer: Este relato forma parte de la serie de Política Ficción de Chidonomics. Está inspirado en hechos reales reportados en medios, pero los diálogos, interacciones y ciertos detalles son completamente ficticios, creados con fines narrativos y satíricos. No se pretende afirmar que los eventos ocurrieron exactamente como se describen. Para información factual, consulte fuentes confiables.
Ciudad de México, Junio de 2009. Un café en el centro de Iztapalapa.
El olor a café rancio y cigarrillos baratos impregnaba el aire del pequeño café donde Rafael Acosta Ángeles, mejor conocido como “Juanito”, se reunía con un grupo de hombres en trajes arrugados. Frente a él, Clara Brugada, con su característica mirada firme, tomaba notas en una libreta gastada. A su lado, un hombre de rostro afilado y hablar pausado: Andrés Manuel López Obrador, el “Líder Moral” de la izquierda mexicana.
—Entonces, Juanito, ¿estás dentro o no? —preguntó AMLO, inclinándose sobre la mesa, sus ojos clavados en el vendedor ambulante convertido en figura política.
Juanito, con una camiseta desteñida y una gorra ladeada, dio un sorbo a su café y sonrió. —Claro, jefe. Yo pongo la cara, ustedes los votos. Pero, ¿y después qué? ¿Me quedo con algo?
Clara lo miró con una mezcla de impaciencia y condescendencia. —Rafael, esto es más grande que tú o yo. Iztapalapa necesita una izquierda fuerte, y el Tribunal Electoral nos la quiso jugar sucia al quitarme la candidatura. Tú eres el plan B, pero no te preocupes, te cuidaremos.
AMLO asintió. —Tú ganas, tomas protesta, y luego pides licencia. Clara asume como interina, y todos contentos. Es un movimiento estratégico, Juanito. Serás un héroe de la izquierda.
Juanito se rascó la barbilla, sus ojos brillando con una chispa de ambición. —Héroe suena bien. Pero, ¿y si no quiero soltar el hueso?
Un silencio incómodo cayó sobre la mesa. Clara apretó la pluma contra la libreta, mientras AMLO soltó una risa seca. —No seas malo, Juanito. Esto no es un juego. Iztapalapa es nuestro bastión, y no vamos a dejar que el PRD de los Chuchos o el PAN nos lo arrebaten.
Juanito se recargó en la silla, cruzando los brazos. —Malo no, jefe. Listo. Yo sé cómo funciona esto. Denme algo jugoso, y juego limpio.
Julio de 2009. Oficina del Partido del Trabajo, Ciudad de México.
La campaña fue un torbellino. Juanito, con su carisma de barrio y su peculiar estilo, se convirtió en la sensación de Iztapalapa. Carteles con su rostro y el lema “¡Juanito con el pueblo!” inundaban las calles. En cada mitin, AMLO lo presentaba como el salvador de la delegación, mientras Clara, desde la sombra, organizaba a los simpatizantes.
En una oficina improvisada, llena de volantes y botellas de agua a medio tomar, Clara se reunió con Marcelo Ebrard, entonces jefe de Gobierno del DF. El ambiente era tenso.
—Marcelo, el Tribunal nos jodió, pero Juanito está funcionando —dijo Clara, golpeando la mesa con el dedo—. Los Chuchos y Silvia Oliva pensaron que nos tenían, pero la gente está con nosotros.
Ebrard, con su habitual aire de tecnócrata, ajustó sus lentes. —El plan es arriesgado, Clara. Si Juanito no cumple, esto se nos va a desmoronar. ¿Estás segura de que lo tienes controlado?
Clara sonrió con confianza. —Juanito es un títere con sueños de grandeza. Cuando gane, pedirá su licencia, y yo tomaré el control. AMLO ya lo convenció.
Ebrard alzó una ceja. —Espero que no salga con una de sus “malas” ideas. Ese hombre no es precisamente predecible.
Octubre de 2009. Sede delegacional de Iztapalapa.
El 1 de octubre, Juanito tomó protesta como jefe delegacional de Iztapalapa. La multitud vitoreaba, pero los rumores ya circulaban: ¿cumpliría su promesa? Esa misma noche, en un acto que sorprendió a pocos, solicitó una licencia temporal por “motivos de salud”. Clara Brugada asumió como encargada de despacho, y las piezas parecían encajar.
Pero el 28 de noviembre, Juanito reapareció. Entró a la sede delegacional a medianoche, flanqueado por un grupo de seguidores y con una cartulina que decía “¡Juanito no se va!”. En una conferencia improvisada, gritó a los reporteros:
—¡Iztapalapa me eligió a mí, no a Clara! ¡No soy el malo de la película, soy el pueblo!
Clara, desde su oficina, observaba la escena por televisión. Su equipo estaba en pánico, pero ella mantuvo la calma. —Que se desahogue —dijo, encendiendo un cigarrillo que no tenía—. Marcelo ya está moviendo los hilos en la Asamblea Legislativa. Juanito no durará.
Diciembre de 2009. Asamblea Legislativa del Distrito Federal.
El escándalo estaba en su apogeo. Los titulares de los periódicos gritaban: “¿Juanito traiciona a AMLO?”, “Clara Brugada en la cuerda floja”. En la Asamblea Legislativa, los diputados debatían la destitución de Juanito. Mariana Gómez del Campo, líder del PAN, no perdía oportunidad de atacar.
—Esto es una burla a la democracia —declaró desde la tribuna—. López Obrador y su títere Juanito manipularon a los votantes. ¡Y ahora Clara Brugada quiere el premio sin haber competido!
Mientras tanto, en una oficina a puerta cerrada, Marcelo Ebrard se reunía con Juanito. El jefe de Gobierno no estaba de humor para juegos.
—Rafael, te lo voy a decir claro: renuncia hoy, o la Asamblea te va a destituir por falsificación de documentos. Ese acta de nacimiento tuya no huele bien.
Juanito, sudando, intentó negociar. —Marcelo, yo no soy el malo aquí. Me usaron, ¿sabes? Me prometieron un hueso, ¡y ahora me quieren fuera!
Ebrard lo miró con frialdad. —Renuncia, y te conseguimos algo. Quédate, y no tendrás nada más que titulares.
El 10 de diciembre, Juanito presentó su renuncia definitiva. Al día siguiente, con 46 votos a favor, Clara Brugada fue nombrada jefa delegacional. En su primer discurso, habló de “restaurar la izquierda” en Iztapalapa, pero en las calles, los simpatizantes de Juanito gritaban: “¡Traidora!”.
Epílogo
Juanito volvió a la política en 2021, contendiendo contra Clara por la alcaldía de Iztapalapa con Fuerza por México. Perdió estrepitosamente. In 2024, irrumpió en un evento de Clara, gritando: “¡Me robó Iztapalapa!”. Pero para entonces, su voz era solo un eco del pasado.
Clara Brugada, por su parte, consolidó su poder en Iztapalapa y se convirtió en una figura clave de Morena. El “juego de Juanito” fue un éxito para ella y AMLO, pero dejó una cicatriz en la democracia mexicana: un recordatorio de que, en la política, los héroes del pueblo a veces son solo peones en un tablero más grande.
Fuentes
- El Financiero: “¿Todo se lo debe a Juanito? Quién es y cómo ayudó a Clara Brugada en Iztapalapa”
- Infobae: “Juanito interrumpe evento de Clara Brugada con fuerte reclamo: ‘¡Me robó Iztapalapa!’”
- Proceso: “Juanito irrumpió en el evento de Clara Brugada: ‘¡Traidora… me robó Iztapalapa!’”
- BBC News Mundo: “Juanito, el Rambo mexicano”
Nota del Autor
Este relato está inspirado en los eventos de 2009, cuando Rafael Acosta “Juanito” ganó la jefatura delegacional de Iztapalapa y, tras una maniobra política orquestada por Andrés Manuel López Obrador, cedió el cargo a Clara Brugada. Los diálogos son ficticios, pero reflejan el tono y las tensiones de aquel momento. La historia de Juanito sigue siendo un símbolo de las complejidades y controversias de la política mexicana.

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