En el imaginario político mexicano, pocas frases han resonado tanto como «política ficción», una expresión que evoca intrigas, maniobras y juegos de poder detrás de escena. Recordé esta frase al planear esta serie para Chidonomics, pero confieso que no tenía claro su origen ni su contexto exacto. Tras indagar, descubrí que la frase está íntimamente ligada a uno de los episodios más controversiales de la política mexicana: los videoescándalos de 2004, y su autor no es otro que el empresario Carlos Ahumada. Aquí te contamos quién es, qué dijo y por qué esta frase sigue siendo relevante.
El hombre detrás de la frase: Carlos Ahumada
Carlos Agustín Ahumada Kurtz, nacido en Argentina en 1964 y naturalizado mexicano, no era un político, sino un empresario con intereses en la construcción y los medios. Dueño del periódico El Independiente y del Grupo Quart, Ahumada tuvo contratos con el gobierno de la Ciudad de México durante la administración de Andrés Manuel López Obrador (2000-2005). Su cercanía con figuras del Partido de la Revolución Democrática (PRD) lo colocó en el centro de la escena política, pero no por sus negocios, sino por un escándalo que sacudió al país.
En 2004, una serie de videos filtrados a los medios mostró a Ahumada entregando dinero a políticos del PRD, como René Bejarano, y discutiendo maniobras políticas con Carlos Imaz, entonces esposo de Claudia Sheinbaum, sobre estrategias políticas y financiamiento irregular. En una de estas grabaciones, Ahumada acuñó la frase «política ficción» para describir las maniobras especulativas y poco transparentes que, según él, eran comunes en el juego político. La expresión capturó la imaginación pública: era una descripción cruda de cómo el poder se negocia en las sombras.
Los videoescándalos: Un terremoto político
Los videos, difundidos por Televisa y TV Azteca, mostraban a Bejarano recibiendo fajos de billetes y a Ahumada discutiendo planes para financiar campañas y otras actividades. El impacto fue inmediato: el PRD, entonces liderado por figuras como López Obrador, quedó bajo un escrutinio feroz. Ahumada, por su parte, afirmó que grabó estas interacciones como una medida de protección, alegando que fue presionado por adversarios políticos, particularmente del gobierno de Vicente Fox (PAN), para tender una trampa al PRD. Según él, la filtración de los videos fue una jugada para desprestigiar a López Obrador, quien ya se perfilaba como un contendiente presidencial fuerte.
El escándalo tuvo consecuencias graves. Bejarano y otros políticos enfrentaron acusaciones de corrupción, mientras que Ahumada fue arrestado en Cuba en 2004, extraditado a México y encarcelado por cargos de fraude y lavado de dinero. Sin embargo, en 2007, un fallo judicial desestimó algunas acusaciones, y Ahumada salió libre. Desde entonces, su figura se ha desvanecido del ojo público, aunque su nombre reaparece cada vez que se recuerda este episodio.
¿Por qué «política ficción»?
La frase «política ficción» no solo describe las maniobras de Ahumada y sus interlocutores, sino que encapsula una percepción más amplia: la política como un escenario donde la realidad se mezcla con la especulación, las promesas vacías y los pactos ocultos. En el contexto de 2004, la frase resonó porque expuso un sistema político donde los acuerdos bajo la mesa parecían ser la norma, no la excepción. Aunque Ahumada no era un político de carrera, su papel como empresario con acceso a los círculos de poder reveló cómo el dinero y las influencias moldean la política mexicana.
El legado de los videoescándalos
Los videoescándalos dejaron una marca imborrable en la política mexicana. Para el PRD, significaron un golpe a su credibilidad como partido de izquierda. Para López Obrador, entonces jefe de gobierno, fue un desafío que logró sortear, pero que alimentó las narrativas de sus opositores. Para Claudia Sheinbaum, cuyo esposo de entonces, Carlos Imaz, estuvo implicado, el episodio es un recordatorio de los riesgos de la exposición pública, aunque ella no estuvo directamente involucrada.
Hoy, la frase «política ficción» sigue siendo un recordatorio de cómo la política puede ser un terreno de narrativas construidas, verdades a medias y estrategias diseñadas para captar o mantener el poder. Aunque el video original no es fácil de encontrar en 2025 —los archivos de medios de la época no siempre están disponibles en línea—, el impacto de este escándalo sigue vivo en la memoria colectiva y en artículos de medios como Animal Político o El Financiero.
¿Dónde está Carlos Ahumada ahora?
Tras su liberación en 2007, Ahumada mantuvo un perfil bajo, dividiendo su tiempo entre México y Argentina. No hay información reciente que lo coloque en el centro de la política o los negocios de alto perfil, pero su nombre sigue siendo sinónimo de los videoescándalos. Su frase, «política ficción», inspiró el nombre de esta serie porque captura la esencia de las intrigas políticas que exploraremos en Chidonomics: historias donde la realidad y la ficción se entrelazan.
Un llamado a la reflexión
El caso de Ahumada y los videoescándalos nos invita a preguntarnos: ¿cuánto de lo que vemos en la política es real y cuánto es «ficción»? En un mundo donde las cámaras ocultas, las filtraciones y las narrativas mediáticas pueden cambiar el rumbo de un país, la línea entre la verdad y la manipulación es más difusa que nunca. En esta serie, Política Ficción, seguiremos explorando momentos donde la política mexicana se ha escrito con tintes de novela, drama y, a veces, tragedia.
Para los curiosos: Si quieres rastrear el video original de los videoescándalos, te sugerimos explorar archivos históricos de medios como Televisa, TV Azteca o hemerotecas digitales como la Hemeroteca Nacional de México. Plataformas como YouTube podrían albergar fragmentos, aunque el acceso puede ser limitado. Si tienes suerte y encuentras el material, ¡compártelo con nosotros! Mientras tanto, dinos: ¿qué otra historia de «política ficción» mexicana te gustaría que desentrañemos en nuestra próxima entrega?
¡Sigue leyendo Chidonomics para más análisis que desnudan las intrigas del poder!

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