El narcotráfico en México es un fenómeno complejo, moldeado por la corrupción, el poder político y figuras clave como Arturo Durazo, Miguel Ángel Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero. Este artículo explora sus orígenes históricos y el impacto de sus acciones.
Raíces Históricas del Narcotráfico (1900-1970)
El narcotráfico en México tiene sus orígenes en el cultivo de marihuana y amapola en regiones rurales del noroeste, particularmente en el «Triángulo Dorado» (Sinaloa, Chihuahua y Durango), a principios del siglo XX. Durante la Revolución Mexicana (1910-1920), la marihuana se usaba como analgésico, y su comercio ilícito comenzó a florecer, impulsado por la demanda en Estados Unidos tras la prohibición de ciertas sustancias. En 1916, el gobierno de Venustiano Carranza emitió las primeras regulaciones contra el tráfico de opio hacia el mercado estadounidense, pero la aplicación fue débil debido a la inestabilidad política.
En las décadas de 1940 a 1960, el narcotráfico operaba a pequeña escala, controlado por redes locales que dependían de la complicidad de autoridades municipales y estatales. La corrupción era un pilar fundamental: políticos, policías y militares protegían los cultivos a cambio de sobornos. En 1947, la creación de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) marcó un hito, ya que esta agencia, diseñada para combatir el crimen, terminó convirtiéndose en un instrumento de protección para los narcotraficantes. Bajo la dirección de figuras como Fernando Gutiérrez Barrios, la DFS otorgaba credenciales a traficantes, garantizando su impunidad. Este sistema de tolerancia tácita permitió que el narcotráfico creciera sin oposición significativa.
Arturo «El Negro» Durazo: El Rostro de la Corrupción Policial
Arturo Durazo Moreno, conocido como «El Negro», es una figura central en la narrativa del narcotráfico mexicano de los años 70 y 80. Como jefe de la Dirección General de Policía y Tránsito del Distrito Federal (1976-1982) durante el gobierno de José López Portillo, Durazo convirtió a la policía capitalina en una máquina de extorsión y complicidad con el crimen organizado. Su gestión estuvo marcada por abusos de poder, desde el cobro de cuotas a comerciantes hasta el tráfico de armas y la protección de narcotraficantes. Su ostentosa riqueza, simbolizada por el «Partenón» (una lujosa residencia en Zihuatanejo), evidenció el nivel de corrupción que permeaba las instituciones.
La afirmación de que Durazo fue el «principal capo» debe matizarse. Aunque tuvo un papel crucial como facilitador, proporcionando protección institucional a narcotraficantes, no lideraba un cártel ni controlaba directamente las operaciones de tráfico. Su influencia radicaba en su capacidad para conectar a los verdaderos capos con el aparato estatal. Por ejemplo, la DFS, que colaboraba estrechamente con la policía del DF, otorgaba protección a figuras como Miguel Ángel Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero, líderes del Cártel de Guadalajara. Durazo, amigo personal de López Portillo desde la infancia, aprovechó su posición para enriquecerse, pero no era el cerebro detrás de las operaciones de narcotráfico, sino un engranaje clave en un sistema corrupto que permitía su expansión.
Tras el fin del sexenio de López Portillo en 1982, Durazo fue arrestado en Estados Unidos por cargos de narcotráfico y corrupción. Su caída expuso la magnitud de la complicidad institucional, pero no desmanteló las redes que él ayudó a proteger. Su legado es un símbolo de cómo la corrupción policial facilitó el auge del narcotráfico en México.
Miguel Ángel Félix Gallardo: El Arquitecto del Cártel de Guadalajara
El verdadero salto cualitativo en el narcotráfico mexicano llegó con la formación del Cártel de Guadalajara en los años 70, liderado por Miguel Ángel Félix Gallardo, conocido como «El Jefe de Jefes». Félix Gallardo, un exagente de la Policía Judicial Federal, utilizó sus conexiones institucionales para construir una organización que centralizó el tráfico de marihuana y, posteriormente, de cocaína en colaboración con los cárteles colombianos de Medellín y Cali. Junto a Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, Félix Gallardo consolidó un imperio que dominó el narcotráfico en México durante la década de 1980.
Félix Gallardo era un estratega que entendía la importancia de la corrupción para operar. Bajo su liderazgo, el Cártel de Guadalajara estableció rutas eficientes hacia Estados Unidos, aprovechando la cercanía geográfica y la complicidad de autoridades como la DFS y la policía del DF. Su habilidad para mantener un control centralizado minimizó los conflictos entre traficantes, creando una estructura jerárquica que mantuvo relativa estabilidad en el bajo mundo.
El punto de inflexión llegó en 1985 con el asesinato del agente de la DEA Enrique «Kiki» Camarena, atribuido al Cártel de Guadalajara. Este crimen, en el que Caro Quintero tuvo un papel directo, desencadenó una presión sin precedentes por parte de Estados Unidos, llevando a la captura de Caro Quintero en 1985 y de Félix Gallardo en 1989. Desde prisión, Félix Gallardo dividió su imperio, asignando territorios a sus lugartenientes: el Cártel de Sinaloa a Joaquín «El Chapo» Guzmán e Ismael «El Mayo» Zambada, el Cártel de Tijuana a los hermanos Arellano Félix, el Cártel de Juárez a Amado Carrillo Fuentes y el Cártel del Golfo a Juan García Ábrego. Esta fragmentación, conocida como «la separación de las rutas», marcó el inicio de una era de violencia entre cárteles, desatando guerras territoriales que persisten hasta hoy.
Rafael Caro Quintero: El Mito del «Narco de Narcos»
Rafael Caro Quintero, apodado el «Narco de Narcos», fue una figura carismática y temeraria dentro del Cártel de Guadalajara. Originario de Sinaloa, Caro Quintero se destacó por sus vastos cultivos de marihuana en Chihuahua, particularmente en el rancho El Búfalo, donde producía toneladas de droga para el mercado estadounidense. Su riqueza, estimada en miles de millones de dólares, lo convirtió en una figura legendaria, pero también en un símbolo de la brutalidad del narcotráfico tras su implicación en el asesinato de Camarena.
La historia de que Caro Quintero ofreció pagar la deuda externa de México (unos 80 mil millones de dólares en 1985) a cambio de un año de libertad para «trabajar» es una de las anécdotas más conocidas del narcotráfico mexicano. Según la fallecida actriz Carmen Salinas, Caro Quintero intentó contactar al presidente Carlos Salinas de Gortari, creyendo erróneamente que eran parientes, para proponer esta oferta. Otras fuentes, como Reporte Índigo, sugieren que la propuesta buscaba garantizar su libertad y la de Ernesto Fonseca Carrillo. Sin embargo, Caro Quintero desmintió esta historia en una conversación relatada por el periodista Jesús Lemus, afirmando que fue un comentario jocoso malinterpretado: “Eso salió de una plática que sostuve, ya estando detenido, con un agente del ministerio público que me preguntaba por mis propiedades y por salir del paso le dije que tenía hasta para pagar la deuda externa”.
La parodia del comediante José Natera, Las declaraciones de Caro Quintero, popularizó aún más esta narrativa, convirtiéndola en parte del folclore mexicano. Aunque el exagente de la DEA Héctor Berrellez afirmó que Caro Quintero tenía miles de millones en cuentas extranjeras, no hay evidencia documental de una oferta formal al gobierno. Además, en 2019, Caro Quintero declaró estar en la insolvencia, lo que pone en duda su capacidad real para cumplir tal promesa. La historia, aunque fascinante, parece ser una mezcla de exageración, mito y la percepción de la inmensa riqueza de los narcotraficantes en los años 80.
La Fragmentación de las Rutas y sus Consecuencias
La afirmación de que «los problemas llegaron cuando se separaron las rutas» es históricamente acertada, pero requiere contexto. La captura de Félix Gallardo en 1989 marcó el fin de la hegemonía del Cártel de Guadalajara y el inicio de la fragmentación del narcotráfico. Al dividir las rutas, Félix Gallardo buscaba mantener el control desde prisión, pero la falta de una autoridad central desató rivalidades entre los nuevos cárteles. Eventos como el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en 1993, durante un enfrentamiento entre los cárteles de Sinaloa y Tijuana, evidenciaron la escalada de violencia.
La transición política de 2000, con la llegada del PAN al poder, rompió los pactos informales entre el gobierno y los cárteles que habían existido bajo el PRI, intensificando la lucha por las plazas. La violencia se disparó, y los cárteles modernos, como el de Sinaloa, Los Zetas y el de Juárez, consolidaron un modelo de operación basado en el control territorial y la confrontación armada.
Conclusión
El narcotráfico en México es el resultado de un siglo de complicidad entre el crimen organizado y las instituciones corruptas, personificado por figuras como Arturo Durazo, Miguel Ángel Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero. Durazo no fue un «capo» en el sentido estricto, sino un facilitador clave que permitió el crecimiento del Cártel de Guadalajara a través de la corrupción policial. Félix Gallardo, como arquitecto de este cártel, centralizó el narcotráfico, pero su captura y la división de rutas desencadenaron la violencia que define el panorama actual. Caro Quintero, con su riqueza y audacia, encarna el mito del narcotraficante todopoderoso, aunque su supuesta oferta de pagar la deuda externa parece más una leyenda que una realidad documentada.
Estos personajes, junto con la corrupción institucional y la demanda internacional de drogas, moldearon los orígenes del narcotráfico en México. Su legado persiste en la complejidad de un problema que combina crimen, política y desigualdad, y que sigue desafiando al país.
Fuentes
- Historia del narcotráfico en México – Scielo
- Guerra contra el narcotráfico en México – Wikipedia
- Félix Gallardo, el Jefe de Jefes – BBC
- Narcotráfico en México – Wikipedia
- Narcos y políticos: agentes secretos del gobierno – Pie de Página
- El ascenso del Cártel de Guadalajara – Milenio
- Los Malditos: Crónica negra desde Puente Grande – Jesús Lemus
- Reporte Índigo – Caro Quintero y la deuda externa

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