Negocios · 1 de julio de 2026
El desplome del 52% en Minatitlán expone el círculo vicioso: menos refinación, más importaciones de gasolinas y un peso que encarece cada barril foráneo.
La presión sobre las finanzas públicas y la parálisis en la autosuficiencia energética volvieron a coincidir esta semana con un tipo de cambio que cede terreno. Mientras el peso se depreció ligeramente —insuficiente para encender alarmas, pero suficiente para recordar que el margen externo no es infinito—, los datos al interior revelan fracturas en sectores que deberían operar como amortiguadores productivos.
El proceso de crudo en las refinerías de Pemex registró un desplome de 11.8% durante el último periodo reportado, arrastrando consigo la producción de combustibles. La refinería de Minatitlán lideró el deterioro con una caída estrepitosa del 52%, profundizando el déficit operativo del Sistema Nacional de Refinación.
Chidonomics dice — Esta contracción tiene implicaciones directas sobre la balanza comercial energética: a menor proceso interno, mayor es la dependencia de gasolinas y diésel importados, lo que presiona la cuenta corriente justo cuando la depreciación del peso encarece esas compras en dólares.
La refinación menguante no es solo una ineficiencia corporativa; es un lastre para la balanza de pagos que resta competitividad al tipo de cambio en momentos donde cada centavo de depreciación eleva la factura energética del país.