México tiene menos contrapesos al poder que la Hungría de Orbán
México alterna en el poder, sí, pero en límites al poder —tribunales, legislativo, ley pareja— ya está por debajo de la Hungría de Orbán.
La objeción más fuerte a esta serie es que el poder mexicano sí es reversible: alternamos en 2000, en 2012 y en 2018. Es cierta. El problema es que el mundo ha perdido casi un tercio de sus democracias liberales sin que casi ninguna dejara de votar, y en la parte del índice que mide límites al poder —tribunales independientes, un legislativo que investiga, ley que se aplica pareja—, México cerró 2025 por debajo de Hungría.
Empecemos por conceder lo que hay que conceder.
Quien defienda al gobierno tiene a la mano una objeción buena, y es ésta: México sí ha cambiado de manos. El PRI entregó la presidencia en 2000, el PAN la entregó en 2012, el PRI la volvió a entregar en 2018. Tres relevos pacíficos en dieciocho años, todos por voto y todos reconocidos. Un país que hace eso no puede describirse como una autocracia sin quedar en ridículo. La objeción es correcta y hay que decirlo sin regateos: el poder en México ha rotado, y eso no es poca cosa.
Lo que sigue es la razón por la que eso ya no garantiza lo que garantizaba.
Las democracias no se mueren: las bajan de categoría
El Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo no califica países con aprobado o reprobado: los clasifica. Democracia liberal, democracia electoral, autocracia electoral, autocracia cerrada. Cada año, cada país queda en una casilla, y a veces cambia de casilla.[1]
Su informe de este año trae un movimiento entre casillas bastante más incómodo que el conteo de autocracias.
Las democracias liberales del mundo —las que tienen tribunales que no obedecen, un legislativo que sí investiga y una ley que se aplica pareja— pasaron de 45 en 2009 a 31 en 2025.[2] Perdieron catorce. En esa misma ventana, las democracias meramente electorales —donde se vota de verdad, pero los límites al poder ya no aguantan— pasaron de 46 a 56.[2] Ganaron diez.
Los números no se cancelan: se explican. La mayoría de las democracias que se perdieron no se murieron ni dejaron de votar. Las bajaron de categoría. Siguieron con sus elecciones, contando los votos y reconociendo al ganador, y mientras tanto se les fue vaciando lo otro. El informe lo dice con una frialdad que agradezco: que crezca el número de democracias electorales «no debe malinterpretarse como una buena noticia».[2]
Ahí está la respuesta a la objeción. La alternancia no se perdió en el mundo; se volvió insuficiente. Cambiar de gobierno se sigue pudiendo. Cambiar de categoría cuesta bastante más.
Hungría: dieciséis años y una noche
El caso completo existe, tiene principio y tiene final, y sirve para las dos mitades de esta discusión.
Cuando Viktor Orbán llegó al poder en 2010, Hungría era una democracia liberal —aunque conviene decir que el informe fecha el inicio del deterioro en 2009, el año anterior a su llegada—.[3] Lo que siguió está descrito sin adjetivos: su gobierno removió gradualmente los contrapesos al Ejecutivo, interfirió con la calidad de las elecciones y restringió severamente la libertad de prensa y el acceso a la información.[3] En 2018, Hungría cambió de casilla: dejó de ser clasificada como democracia y pasó a autocracia electoral.[3] Al cierre de 2025 encabezaba el mundo en deterioro democrático acumulado.[4]
Nunca canceló una elección. Nunca cerró el parlamento. Se votó en 2014, en 2018, en 2022 y en 2026, en las fechas que marcaba la ley.
Y entonces, el 12 de abril de 2026, Orbán perdió. Votó el 78.94% del padrón. El partido Tisza, de Péter Magyar, se llevó 141 de 199 escaños —mayoría de dos tercios— contra 52 de Fidesz, después de casi dieciséis años de gobierno. Orbán reconoció la derrota esa misma noche.[5]
Conviene detenerse aquí, porque el dato corta para los dos lados y hay que dejar que corte.
Para quien crea que un poder así ya no se suelta: se soltó, y se soltó votando, sin que nadie le devolviera antes la categoría perdida. Para quien crea que basta con esperar a la siguiente elección: tardó casi dieciséis años, y hubo que hacer algo muy incómodo para que llegara.
Porque la oposición húngara sí se unificó, pero no como suele entenderse esa palabra. No fue una coalición entre las siglas existentes: fue su reemplazo. Tisza no existía en 2023; apareció, se llevó cerca de un tercio de la votación en las europeas de 2024 con los demás partidos opositores hundidos en un dígito, y descartó cualquier alianza con la oposición tradicional —en lugar de coaligarse, les pidió retirar candidatos a su favor—.[6] En abril, todos los demás partidos juntos —los que habían encarnado a la oposición durante años— se repartieron 8% del voto, y de ese universo solo uno alcanzó el umbral y entró al parlamento: el de ultraderecha, escisión de la vieja derecha opositora, con seis escaños. Es la única pieza del reparto anterior que sobrevivió.[5]
Ésa es la parte que no se puede saltar. La reversión no llegó cuando el daño era pequeño, ni llegó de sumar las siglas existentes. Llegó cuando apareció algo que las volvió prescindibles.
México, en la misma tabla
Ahora la pregunta que importa: cuánto de eso se ha ejecutado aquí. Y se puede contestar casi entera sin poner nada de mi cosecha, porque el informe cuenta por separado lo que hacen los gobiernos que están desmontando su democracia. Entre ellos, alrededor de 75% silencia a los medios independientes, cerca de 70% reprime a la sociedad civil y alrededor de 50% llega a la integridad electoral o a los contrapesos, que el informe cuenta juntos y que aquí conviene separar, porque en México corrieron por caminos distintos.[7] La libertad de expresión, dice, es «a menudo la primera ficha de dominó en caer».[8] Cuatro casillas, entonces —las tres del informe, con la última partida en dos—, ordenadas de lo más frecuente a lo menos. En tres de ellas México aparece por su nombre.
Medios. Al enlistar a los gobiernos que más han censurado en la última década, el informe menciona a México entre ellos, junto con Hong Kong, Myanmar, Eslovenia y Togo.[9]
Sociedad civil. La represión a organizaciones civiles pasó de afectar a la mitad de los países que se autocratizan a afectar a dos tercios en un solo año, y México figura entre los ejemplos, con Bielorrusia, El Salvador, Georgia y Guinea.[10]
Contrapesos. El informe registra la reforma que introdujo la elección general del Poder Judicial y la describe como politización de los tribunales.[11]
El árbitro electoral. El informe no pone a México entre sus cinco ejemplos —tampoco publica los otros veinte, así que eso no prueba nada—.[10] Es la única de las cuatro casillas donde el expediente hay que traerlo de casa. Aquí está.
Cambiarle el diseño al árbitro se intentó tres veces y ninguna quedó en pie. La reforma constitucional de 2022 —que sustituía al INE por otro organismo y hacía a los consejeros electos por voto popular— murió en diciembre de ese año, sin los dos tercios que exige la Constitución.[12] El «Plan B» legal que se aprobó ese mismo día por mayoría simple sí llegó a estar vigente: habría dejado en pie 396 de las 2,571 plazas del cuerpo de funcionarios de carrera del instituto —cinco de cada seis, fuera— y lo invalidó la Suprema Corte en 2023, en dos sentencias, nueve votos contra dos cada una.[13] Y la reforma electoral de este año se cayó el 11 de marzo, otra vez por los dos tercios, con el PT y el Verde —aliados del gobierno— votando mayoritariamente en contra.[14]
Lo que sí avanzó, avanzó sin necesidad de rediseñar el instituto. Al INE le recortan en el Congreso lo que pide, y no desde ayer: en 2022 le quitaron 4,913 millones de pesos —recorte que la Corte acabó invalidando por venir sin motivación alguna— y para este 2026, mil millones más.[15] Su consejo terminó de renovarse en abril, y con las tres consejerías que tomaron protesta entonces, los once integrantes quedaron nombrados desde que Morena tiene mayoría en la Cámara —no todos de la misma manera: cuatro habían entrado en 2023 por sorteo, cuando los dos tercios no alcanzaron, y los tres de este año entraron con los dos tercios ya conseguidos, puestos enteramente por la coalición gobernante: 334 votos suyos contra 127 de PAN, PRI y Movimiento Ciudadano—.[16] Ese mismo mes, una reforma constitucional topó lo que pueden ganar consejeros y magistrados electorales, y en uno de sus transitorios ordenó a la Cámara de Diputados hacer «en cada ejercicio fiscal los ajustes necesarios» a los presupuestos de las autoridades electorales.[17] Y el cuarto movimiento no vino de fuera: en julio, el propio INE se dio una comisión que remitirá las listas de aspirantes a candidatura a las instancias del Estado en materia de seguridad, inteligencia, procuración de justicia y supervisión financiera.[18]
La lectura contraria es fuerte y hay que ponerla entera: el INE organizó la elección de 2024 y nadie discutió quién ganó la presidencia; la Corte tumbó el Plan B completo y antes había invalidado un recorte presupuestal por venir sin motivación; el Congreso rechazó la reforma dos veces, la última con los aliados del gobierno enfrente; y las reglas de la competencia con las que se votará en 2027 —cómo se compite, cómo se cuenta, quién califica— son las mismas de 2024. Hasta la comisión de julio se aprobó con dos consejeros negándose a integrarla, después de que la presidenta del instituto advirtiera por escrito que el INE «no puede, ni debe, convertirse en juez y parte de una contienda política» y que validar candidaturas «no es nuestra función».[18] Eso también es un dato, y no es malo: describe a una institución que discute por dentro.
La objeción es buena y sólo tiene una respuesta: la elección de 2024 la organizó un árbitro que todavía no tenía encima ni el consejo renovado, ni el tope constitucional, ni la comisión de julio —el recorte presupuestal sí, ése ya llevaba tres años—. Lo que sí se litigó de aquella elección fue el reparto de curules, y de ahí salió la mayoría calificada que en abril de este año alcanzó los dos tercios.[19] De las cuatro casillas, ésta es la que ha aguantado, y aguantó porque dos candados distintos —uno en el Congreso, otro en los tribunales— frenaron los tres intentos de rediseño. Lo demás no lo frenó ninguno: al presupuesto la Corte lo alcanzó una sola vez en cinco años, y donde de verdad hacían falta dos tercios, esta vez los hubo. El árbitro llega completo a 2027. Llega con menos dinero, con un consejo renovado bajo la misma mayoría y con su presupuesto sujeto a un mandato constitucional.
Con eso sobre la mesa, el veredicto del informe se lee sin sorpresa: México es autocracia electoral desde 2024, con el deterioro fechado en 2019.[11] Aparece nombrado, junto con Georgia, entre los quince casos donde la democracia ya quebró: de las 28 democracias que empezaron a autocratizarse, quince no llegaron al otro lado.[20]
Y aquí va el matiz que el propio informe obliga a decir, porque corre en dirección contraria —con la salvedad de que su foto se tomó al cerrar 2025, así que nada de 2026 entró en ella: ni lo de abril y julio, ni el rechazo de marzo, que juega a mi favor y tampoco alcanzó a entrar—. México está en la zona gris, y del lado bueno. Es uno de los ocho países que el informe marca como autocracias electorales que podrían todavía ser democracias, en el borde superior de la categoría.[21] No está clasificado junto a Venezuela: está en la frontera, y la frontera se cruza en los dos sentidos.
Lo que no admite matiz es la comparación con la que abre esta pieza. El informe mide aparte los límites al poder —contrapesos al Ejecutivo, libertades civiles, imperio de la ley, independencia del legislativo y del judicial— y ahí México cerró 2025 en 0.36. Hungría, tras casi dieciséis años de Orbán, cerró en 0.67.[22] Casi el doble.
Y antes de que alguien diga que escogí el pedazo del índice que me convenía, van los otros dos. En el índice general México también queda abajo, 0.22 contra 0.32 —aunque eso no es evidencia aparte: ese índice combina los otros dos, así que es la misma brecha vista desde arriba—. Y en la parte estrictamente electoral México sale arriba, 0.47 contra 0.42, por una diferencia que cabe dentro del margen de error: ahí lo honesto es decir empate.[22]
Ésa es la foto completa, y es la tesis de esta pieza: contra la Hungría de Orbán, empatamos en elecciones y perdemos en límites al poder.
Lo que dicen los que se revirtieron
Termino donde el informe se pone útil, porque también mide las salidas.
Cerca del 70% de los episodios de esta ola de autocratización se han revertido, dice el informe apoyándose en un estudio que rastrea reversiones desde 1900.[23] Eso no es un pronóstico, y conviene no leerlo como consuelo: la ola lleva más de cien episodios en unos setenta y cinco países desde el año 2000, y cuarenta y cuatro países siguen autocratizándose hoy.[23] México es uno de esos cuarenta y cuatro.
De lo que sí hay evidencia es de qué acompaña a una reversión. No hay receta única, pero la investigación identifica tres ingredientes: frenos institucionales —integridad electoral, contrapesos judiciales y legislativos—; motor social —oposición unificada, sociedad civil activa, medios independientes, protesta pacífica sostenida—; y actuar temprano, porque la mayoría de las reversiones ocurre alrededor del primer ciclo electoral del episodio.[23]
Conviene leer esa lista con el expediente mexicano al lado, y el resultado no es cómodo. Del lado de los frenos, el judicial ya tiene registro explícito de deterioro. Del lado del motor, dos de sus cuatro piezas —medios y sociedad civil— aparecen en la lista de lo que se está atacando aquí. Y el deterioro se fecha en 2019, así que la ventana temprana no es la que viene: es la que ya pasó.
Quedan dos piezas, y son justamente las dos que no dependen del gobierno: quién se organiza para competir, y quién sale a la calle. Hungría no recuperó su categoría y luego votó. Votó primero, con todo en contra, porque apareció alguien dispuesto a construir el vehículo —y a decirle a la oposición de toda la vida que se hiciera a un lado.
Y antes de sacar de ahí la lección equivocada, conviene ver con qué ganó Magyar: con dos tercios del parlamento. Es decir, con la misma mayoría calificada que le permitió a Orbán rehacer el país durante dieciséis años. El poder de cambiarlo todo sin pedirle permiso a nadie no desapareció de Hungría: cambió de dueño. Eso no es recuperar la categoría; es dejarla en manos de alguien que hoy cae bien. Quien lea este caso como que aquí hace falta un vehículo nuevo con un hombre nuevo encima no está pidiendo límites al poder: está pidiendo que el poder sin límites lo ejerza el suyo. Es la misma apuesta, con otra cara, y ya sabemos cuánto dura.
Los límites al poder no se eligen: se ponen. Y ningún candidato se pone los suyos.
Cómo se midió esto
Ficha técnica, para quien quiera pelear las cifras.
V-Dem no mide con sensores: codifica juicios de expertos país por país y recalcula toda su base cada año, así que parte de lo que registra como deterioro es percepción experta y no hecho observable; y comparar dos países supone que sus expertos califican con el mismo rasero, algo que el propio instituto reconoce como problema abierto. La brecha del título —la de límites al poder— sobrevive los márgenes que el informe publica incluso al doble; la electoral no, y por eso arriba se llama empate. El dato que más circula, que 74% de la humanidad vive bajo autocracia, está ponderado por población y lo mueven China e India más que ningún cambio reciente, así que aquí se usa el conteo simple de países —los autores del informe dicen expresamente lo contrario, que los avances en países chicos no compensan los retrocesos en los grandes; por cualquiera de las dos vías la caída existe, y por conteo de países 2025 equivale al nivel de 1995, diez por ciento abajo del máximo de 2012—.[24] Ninguna ley obliga a que las libertades se pierdan en un orden fijo: los porcentajes de arriba miden frecuencia entre países, no secuencia, y dependen del criterio con que el instituto considera significativo un cambio. Y los dos conteos grandes no se suman: las quince democracias que quebraron se cuentan por el desenlace del régimen y el 70% que revierte por el episodio de deterioro —México ya cayó en el primero, y en el segundo su episodio sigue abierto—.
Referencias
Salvo donde se indique otra cosa, las cifras provienen de: V-Dem Institute, Democracy Report 2026: Unraveling the Democratic Era?, 10ª edición, Universidad de Gotemburgo, marzo de 2026, con datos al cierre de 2025. Informe completo. Las traducciones son propias.
- Sección metodológica: clasificación de regímenes (democracia liberal, democracia electoral, autocracia electoral, autocracia cerrada). El instituto publica este informe cada año desde 2017 —ésta es la décima edición— y recalcula toda su base de datos en cada entrega.
- Capítulo «La democracia en el mundo»: las democracias liberales bajan del máximo de 45 en 2009 a 31 en 2025, y las electorales suben de 46 a 56 en el mismo periodo. Cita textual: «que las democracias electorales crezcan en número no debe malinterpretarse como una buena noticia».
- Perfil de Hungría: democracia liberal en 2010, deterioro fechado en 2009, mecanismo del desmontaje, y reclasificación a autocracia electoral en 2018.
- Tabla de magnitud del deterioro entre los diez autocratizadores «aislados», encabezada por Hungría. El informe publica una segunda tabla equivalente para los países que primero democratizaron y luego revirtieron; la mayor caída de esa segunda lista es menor que la húngara, de modo que Hungría encabeza el conjunto.
- Elección parlamentaria de Hungría del 12 de abril de 2026, resultados de la Oficina Nacional Electoral: Tisza 141 escaños de 199, Fidesz-KDNP 52, Mi Hazánk 6; participación de 78.94%. Nemzeti Választási Iroda. El 8.02% restante se repartió entre todos los demás partidos —Mi Hazánk incluido, el único de ellos que superó el umbral de 5%—: La Nación. Cobertura del día: France 24 y CNN Español.
- Sobre el reemplazo de la oposición tradicional húngara —irrupción de Tisza, cerca de un tercio de la votación en las europeas de junio de 2024, rechazo a coaliciones y petición de retiros unilaterales de candidatos—: LSE European Politics and Policy, 16 de abril de 2026.
- Capítulo sobre países que se autocratizan: cerca de 75% silencia crecientemente a los medios independientes; casi 70% reprime a la sociedad civil; alrededor de 50% socava la integridad electoral y debilita los contrapesos, que el informe agrupa en una sola cifra.
- Capítulo sobre las tácticas más frecuentes: la libertad de expresión es «a menudo la primera ficha de dominó en caer» cuando un país autocratiza.
- Capítulo sobre las tácticas más frecuentes: la censura gubernamental de medios encabeza la lista mundial; México aparece entre los gobiernos mencionados, con Hong Kong, Myanmar, Eslovenia y Togo.
- Capítulo sobre países que se autocratizan: represión a organizaciones de la sociedad civil, de 49% a 68% de esos países en un año, con México entre los ejemplos; ataques a la autonomía del órgano electoral en 25 países, con cinco ejemplos nombrados y sin publicarse la lista completa; y el conteo de 44 países en proceso de autocratización.
- Perfil de México: «México es una autocracia electoral desde 2024»; deterioro fechado en 2019; reforma que introduce la elección general del Poder Judicial, descrita como politización de los tribunales.
- Iniciativa de reforma constitucional en materia electoral del 28 de abril de 2022 —sustitución del INE por otro organismo, reducción del consejo y elección de consejeros por voto popular—, presentada a la Cámara de Diputados; rechazada en el pleno el 6 de diciembre de 2022 por no alcanzar la mayoría calificada: La Jornada.
- El «Plan B» legal, aprobado ese mismo 6 de diciembre por mayoría simple; habría suprimido 2,175 de las 2,571 plazas del cuerpo de funcionarios de carrera del INE: La Jornada. La Suprema Corte lo invalidó en dos sentencias, el 8 de mayo y el 22 de junio de 2023, ambas por nueve votos contra dos: sentencia de la Corte y Proceso.
- Reforma electoral rechazada en la Cámara de Diputados el 11 de marzo de 2026 por 259 votos contra 234 y una abstención, cuando se requerían dos tercios de los presentes, con el PT y el Partido Verde votando en contra: N+ e Infobae.
- Presupuesto del INE. El recorte de 4,913 millones de pesos para 2022 consta en un comunicado del propio instituto y fue invalidado por la Suprema Corte por carecer de motivación. El de mil millones para 2026 —6.62% de lo presentado— consta en el acuerdo del Consejo General del 4 de diciembre de 2025 y en la cobertura de la aprobación del Presupuesto de Egresos. Advertencia de lectura: el presupuesto electoral no se compara año contra año —sube en años de elección por las prerrogativas a partidos, y una parte del ajuste de 2026 correspondió a una reserva por consulta popular—, y por eso aquí se citan dos recortes fechados y no una serie.
- Elección de las tres consejerías en la Cámara de Diputados el 21 de abril de 2026, con 334 votos de Morena, PT y PVEM y 127 en contra de PAN, PRI y Movimiento Ciudadano —es decir, la mayoría calificada la aportó íntegramente la coalición gobernante, sin votos de oposición—: La Jornada. Toma de protesta el 22 de abril: INE. En 2023, en cambio, la mayoría calificada no se alcanzó y cuatro consejerías se resolvieron por sorteo.
- Reforma constitucional publicada en el Diario Oficial el 23 de abril de 2026, que topa las remuneraciones de consejeros y magistrados electorales. Uno de sus artículos transitorios ordena que la Cámara de Diputados realice «en cada ejercicio fiscal los ajustes necesarios» a los presupuestos de las autoridades electorales antes de aprobarlos: texto íntegro.
- Comisión de Verificación de Integridad en Candidaturas, creada por el Consejo General del INE el 30 de julio de 2026 e integrada por tres consejeros. Los consejeros Arturo Castillo y Martín Faz se negaron a formar parte de ella: Infobae. El destino de las listas de aspirantes —«instancias del Estado mexicano en materia de seguridad, inteligencia, procuración de justicia y supervisión financiera»— y las dos advertencias de la consejera presidenta, que el instituto «no puede, ni debe, convertirse en juez y parte de una contienda política» y que «nuestra función no es validar la integridad de las candidaturas ni calificar los antecedentes de las y los aspirantes», constan en su posicionamiento del 25 de mayo de 2026.
- Asignación de diputaciones plurinominales tras la elección de 2024: el INE la resolvió en agosto de ese año y el Tribunal Electoral la confirmó, desechando más de mil seiscientas impugnaciones. De ahí salió la mayoría calificada con la que se aprobaron después las reformas constitucionales: Infobae.
- Capítulo sobre desenlaces: de 28 democracias que iniciaron un episodio de autocratización, la democracia quebró en quince, «como recientemente en Georgia y México».
- Clasificación de regímenes: ocho países se ubican en el borde superior de las autocracias electorales —potencialmente democracias—, México entre ellos.
- Tabla de puntajes por país, cierre de 2025. Componente liberal —contrapesos al Ejecutivo, libertades civiles, imperio de la ley e independencia del legislativo y el judicial—: México 0.36, Hungría 0.67. Índice general de democracia liberal: México 0.22, Hungría 0.32. Índice de democracia electoral: México 0.47, Hungría 0.42.
- Capítulo sobre reversiones: cerca de 70% de los episodios de esta ola de autocratización se han revertido —el informe lo afirma apoyándose en un estudio propio que rastrea reversiones desde 1900— y los tres factores asociados a la reversión. El conteo de la ola actual (más de cien episodios en unos setenta y cinco países desde 2000) aparece en la ficha bibliográfica al final del informe, y el de países que se autocratizan hoy (44) en el capítulo de tendencias; cruzar ambos con el 70% es lectura mía, no una cuenta del informe.
- Capítulo «La democracia en el mundo»: por promedio simple de países, el nivel de democracia de 2025 equivale al de 1995, diez por ciento abajo del máximo de 2012.