¿La IA matará a las universidades?

Un tutor de IA diseñado en Harvard enseñó más que una buena clase. No es la primera vez que la clase se queda sin oficio: la imprenta lo hizo y la universidad siguió en pie, porque lo que la sostenía era el examen. Lo nuevo es que la IA sabe presentar en casa el examen por el alumno.

¿La IA matará a las universidades?

Un experimento de Harvard encontró que, en una lección de física, un tutor de inteligencia artificial diseñado por los propios profesores enseñó más que una buena clase, y en menos tiempo. No es la primera vez que una tecnología deja sin oficio a la clase: la imprenta lo hizo hace más de cinco siglos y las universidades siguieron abiertas, porque lo que las sostenía no era la clase. Era el examen, avalado por alguien con autoridad para dar el título. Y el examen que el alumno resuelve en su casa es lo primero que la IA sabe presentar por él.

En junio de 2025, cinco físicos de Harvard publicaron un experimento que se volvió titular.[1] Tomaron a 194 alumnos de un curso introductorio y los dividieron en dos grupos. Durante una semana, un grupo aprendió un tema en el salón, con lo mejor que tiene el aula moderna: aprendizaje activo, problemas en equipo, el profesor recorriendo las mesas. El otro grupo aprendió el mismo tema en su casa, con un tutor de inteligencia artificial construido con los mismos principios pedagógicos. A la semana siguiente intercambiaron lugares con otro tema. Con el tutor, la mediana del examen posterior a la lección fue de 4.5; en el salón, de 3.5, contra una mediana inicial de 2.75. Lo aprendido con el tutor fue más del doble, y en 49 minutos en vez de 60.

El titular se escribió solo: la IA enseña mejor que el profesor. Lo que el titular deja fuera es el párrafo en que los propios autores advierten que el tutor «no debe reemplazar la enseñanza presencial».[1] Lo proponen para que el alumno llegue a clase con el tema ya aprendido y el tiempo con el profesor se use en lo que el tutor no hace.

Los autores defienden la clase. La historia de la universidad sugiere que lo que la mantuvo en pie fue otra cosa.

Lo que se leía en voz alta

La universidad no nació para dar clases. Nació como gremio. En el latín medieval, universitas era cualquier corporación —de barberos, de carpinteros, de estudiantes— y no tenía nada que ver con el universo ni con la universalidad del saber.[2]

En Bologna, a mediados del siglo XII, los que se agremiaron fueron los estudiantes de derecho. Eran forasteros en una ciudad que les cobraba lo que quería, y se organizaron, dice el historiador Charles Homer Haskins, «como protección contra los habitantes»: a través de sus representantes llegaron a fijar el precio del alojamiento y de los libros.[2] Los profesores trabajaban para ellos. Los estatutos de 1317 multaban al que no juntara cinco oyentes como si hubiera faltado, y le prohibían empezar después de la campana o pasarse más de un minuto de la siguiente.[2]

La clase se llamaba lectio, lectura, y era eso: el maestro tomaba el texto —el código de Justiniano, la Biblia, las Sentencias de Pedro Lombardo—, lo leía, lo corregía, lo resumía y resolvía sus contradicciones.[2] Tenía sentido en lo que Haskins llama «esos días de pocos libros»: copiar a mano una Biblia en varios volúmenes era un trabajo lento y caro, y los libros se rentaban por cuadernillo a tarifa fija.[2] El que no tenía el libro tenía al maestro que se lo leía.

Pero lo que el estudiante iba a buscar era otra cosa. Los profesores de Bologna formaron su propio gremio y solo admitían en él a quien pasara su examen: primero uno privado, que los documentos de la época llaman «riguroso y tremendo», ante doctores que juraban tratar al candidato como a un hijo; luego uno público, ante maestros y estudiantes.[2] En París el permiso para enseñar lo daba el canciller de la catedral de Notre-Dame, después de que el candidato respondiera ante los maestros.[2] Ese permiso, la licentia docendi, fue el primer título universitario, y Haskins explica por qué se volvió tan buscado: como saber enseñar algo es buena prueba de saberlo, el estudiante empezó a pedir la licencia «como certificado de lo que había alcanzado, sin importar a qué se fuera a dedicar».[2] Valía dinero: en 1179, el Tercer Concilio de Letrán tuvo que prohibir que las autoridades de la Iglesia cobraran por ella.[3]

La primera vez que la clase se quedó sin oficio

Entre 1450 y 1500, con la imprenta, el precio real de los libros cayó dos tercios.[4] La razón de ser de la lectio se fue con él. Y la clase no desapareció.

Tres siglos después seguía igual, y había quien se quejaba. En 1781, platicando sobre la educación en Oxford, Samuel Johnson lo dijo así: «Las lecciones fueron útiles alguna vez; pero ahora, cuando todos saben leer y hay tantos libros, las lecciones son innecesarias. Si la atención te falla y te pierdes una parte, se perdió; no puedes regresar como haces con un libro».[5] Lo acompañaba un tal doctor Scott, que estuvo de acuerdo. Su biógrafo, James Boswell, le recordó que él mismo había dado lecciones en Oxford. Scott sonrió.

El crítico y el que daba la clase estaban en el mismo cuarto, y la universidad seguía abierta. No la sostenía la lectura en voz alta. La sostenía el examen al final, y el papel que lo certificaba.

La segunda vez

En 2012 la clase volvió a quedarse sin oficio. Harvard y el MIT, entre otras, pusieron sus cursos en internet, gratis y con sus propios profesores. Se anunció el fin de la universidad. Con todos los cursos de las dos universidades en la plataforma edX, la terminación fue de 5.9% en 2014-15 y de 3.13% en 2017-18: en lugar de subir con la práctica, bajó.[6] Bajó incluso entre los que pagaban por el certificado, de 56% a 46% en un solo año.[6]

Justin Reich y José Ruipérez-Valiente, los autores de ese recuento, contaron también en qué acabó todo: en un negocio mucho más viejo, el de ayudar a las universidades a vender maestrías en línea.[6] Lo que sobrevivió al contenido gratis fue el título de la universidad. Y sacaron una regla: las tecnologías educativas casi nunca revolucionan nada; las instituciones que ya existen las «domestican».[6]

Lo más probable es que pase lo mismo con el tutor de IA: es justo el uso que le proponen sus propios autores. La clase grabada, el libro de texto y el curso en línea llegaron sin que nadie cerrara. Si la IA solo enseñara mejor, ésta sería una columna sobre cómo las universidades van a dar mejores clases.

Lo que la IA sí toca

La IA hace otra cosa, que antes costaba pagarle a otro y ahora está al alcance de cualquiera: presentar el examen por el alumno.

En 2024, investigadores de la Universidad de Reading, en Inglaterra, metieron a escondidas exámenes escritos completamente con ChatGPT entre los de alumnos reales de cinco materias de la carrera de Psicología. Los correctores no detectaron el 94%, y los exámenes de la máquina sacaron, en promedio, mejor calificación que los de los alumnos.[7]

Los exámenes eran para hacer en casa, y Reading no es una universidad en línea. Es una universidad presencial, con campus, con calendario y con compañeros. Nada de eso protegió al examen. Lo que lo dejó expuesto fue el formato: un examen que se responde en casa ya no prueba que quien lo respondió sea quien lo aprendió.

La imprenta abarató la parte de la universidad que no la sostenía. La IA abarata el ataque a la que sí. Un certificado vale porque alguien con autoridad vio al candidato demostrar lo que sabía: el canciller de París, los doctores de Bologna, hoy el profesor que aplica el examen y la autoridad que valida el título. Si el examen se puede presentar por otro, el título conserva su valor de requisito —sigue abriendo la puerta de la cédula profesional y del concurso de plazas—, pero pierde lo que le decía a un empleador: que esa persona sabe lo que el papel dice que sabe.

Dónde pesa más

Esto le pega a toda universidad que califique tareas y exámenes hechos en casa, que son muchas. Pero pesa más donde examinar en persona es más difícil.

En México, la modalidad a distancia es la que creció. En el ciclo 2024-2025, de 5.5 millones de alumnos de educación superior, 1.46 millones estaban en la modalidad no escolarizada, abierta o a distancia: más de uno de cada cuatro.[8] En 2018-19 eran 762 mil. Entre esos dos ciclos la matrícula de educación superior aumentó en 814 mil alumnos y la no escolarizada en 698 mil: 86 de cada 100 alumnos adicionales.[8][9] De esos 1.46 millones, 63 de cada 100 están en una institución particular y 37 en una pública.[8]

No hay una cifra de cuántos de ellos se examinan sin vigilancia. Y la modalidad siguió creciendo con ChatGPT ya en la calle, así que esas cifras miden lo que está en juego, no un daño que ya ocurrió. Examinar en persona exige salones, horarios y alguien que vigile, y es justo lo que la modalidad a distancia se ahorraba. A la universidad pública le cuesta contra un presupuesto fijo; a la particular, contra su precio.

El examen en persona

La defensa contra la IA no es un detector de textos ni una prohibición. Es la tecnología de evaluación más vieja que tiene la universidad: el examen en el salón, escrito y vigilado, o el oral, frente a alguien que pregunta lo que no estaba en el temario. Es lo más difícil de presentar por otro.

Algunos profesores y escuelas ya regresaron a ella. En Cornell, un profesor de ingeniería biomédica evalúa a sus alumnos con una «defensa oral», sin computadora y sin papel: «con la IA no vas a librar un examen oral», le dijo a la agencia AP. En la Universidad de Pensilvania, el director del centro de enseñanza habla de un «cambio masivo» hacia la evaluación presencial, escrita y oral, y la universidad ya da talleres a sus profesores para aplicar exámenes orales.[10] En Londres, la escuela de derecho de Birkbeck volvió en el ciclo 2025-26 a los exámenes vigilados, después de acumular con los ensayos para hacer en casa «un número muy grande» de acusaciones de deshonestidad académica.[11] En el Reino Unido siguen siendo la excepción: de las universidades que respondieron a solicitudes de información en 2025, el 78% seguía aplicando exámenes en línea y solo dos, el 3%, pensaban dejarlos.[11]

La imprenta no pudo con la universidad porque no tocó el examen. La IA sí lo toca.

Cómo se midió esto

Ficha técnica, para quien quiera pelear las cifras.

Toda cifra publicada se cita tal cual; las restas, proporciones y diferencias son cálculo propio. El experimento de Harvard es un ensayo aleatorio cruzado de dos lecciones de un curso, y su examen se aplicó justo después de cada lección, así que mide lo aprendido en el momento y no cuánto se retiene; los propios autores no suponen que el resultado se repita en tareas de síntesis compleja. Las tasas de terminación de los cursos en línea son de HarvardX y MITx en la plataforma edX, no de todos los cursos abiertos del mundo, y son tasas sobre todos los inscritos, muchos de los cuales nunca pensaron terminar. La modalidad no escolarizada es la que la SEP clasifica como abierta y a distancia; la mixta se cuenta dentro de la escolarizada. Los totales de matrícula incluyen técnico superior, normal, licenciatura y posgrado, y la matrícula no escolarizada de 2018-19 se obtiene restando la escolarizada del total publicado; entre ambos ciclos hubo una pandemia y una ley general de educación superior nueva, así que parte del aumento puede deberse a cambios de clasificación. El estudio de Reading se hizo en una sola carrera de una universidad británica. La fecha de 1317 de los estatutos de Bologna es la que da Haskins.

Referencias

  1. Gregory Kestin, Kelly Miller, Anna Klales, Timothy Milbourne y Gregorio Ponti, «AI tutoring outperforms in-class active learning: an RCT introducing a novel research-based design in an authentic educational setting», Scientific Reports 15, 17458, 3 de junio de 2025. Diseño: «students were divided into two groups, each experiencing two lessons, each with distinct teaching methodologies, in consecutive weeks… The conditions were reversed the following week». N = 194 alumnos de un curso de física de Harvard; mediana del examen posterior 4.5 (tutor) contra 3.5 (clase activa), con una mediana inicial de 2.75; tiempo efectivo de 60 minutos en clase y mediana de 49 con el tutor. Cita: «an AI tutor should not replace in-person teaching—rather, it should be used to bring all students up to a level where they can achieve the maximum benefit from their time in class». Artículo.
  2. Charles Homer Haskins, The Rise of Universities, Nueva York, Henry Holt, 1923. Universitas: «the word university has no connection with the universe or the universality of learning; it denotes only the totality of a group, whether of barbers, carpenters, or students did not matter». Bologna: «The students of Bologna organized such a university first as a means of protection against the townspeople» y «secured the power to fix the prices of lodgings and books»; estatutos de 1317: el profesor que no reunía cinco oyentes «was fined as if absent» y «must begin with the bell and quit within one minute after the next bell»; la lección del jurista Odofredo; «those days of few books»; los libros «commonly rented, at a fixed price per quire». El examen: el gremio de profesores exigía «certain qualifications which were ascertained by examination, so that no student could enter save by the gild's consent»; «At Bologna there was first a "rigorous and tremendous examination" before doctors, each sworn to treat the candidate "as he would his own son." Then followed a public examination»; en París, la escuela de Notre-Dame, «whose chancellor alone had authority to license teaching in the diocese», y el candidato que se aterraba ante el canciller «often answers well before the masters who act in the chancellor's place». La licencia: «inasmuch as ability to teach a subject is a good test of knowing it, the student came to seek the professor's license as a certificate of attainment, regardless of his future career. This certificate, the license to teach (licentia docendi), thus became the earliest form of academic degree». Traducciones propias. Texto completo, Proyecto Gutenberg.
  3. Tercer Concilio de Letrán (1179), canon 18: «Let no one demand any money for a licence to teach, or under cover of some custom seek anything from teachers, or forbid anyone to teach who is suitable and has sought a licence». Texto de los cánones.
  4. Jeremiah E. Dittmar, «Information Technology and Economic Change: The Impact of the Printing Press», Quarterly Journal of Economics 126(3), 2011, pp. 1133-1172: «Between 1450 and 1500, entrepreneurs established printing presses across Europe and the real price of books fell by two-thirds». Versión de trabajo · Ficha del artículo.
  5. James Boswell, The Life of Samuel Johnson, 1791, conversación de 1781: «Lectures were once useful; but now, when all can read, and books are so numerous, lectures are unnecessary. If your attention fails, and you miss a part of a lecture, it is lost; you cannot go back as you do upon a book. Dr. Scott agreed with him. 'But yet (said I), Dr. Scott, you yourself gave lectures at Oxford.' He smiled». Traducción propia. Texto completo, Proyecto Gutenberg.
  6. Justin Reich y José A. Ruipérez-Valiente, «The MOOC pivot», Science 363(6423), 2019, pp. 130-131, DOI 10.1126/science.aav7958: 565 ediciones de 261 cursos de HarvardX y MITx, 12.67 millones de inscripciones entre 2012 y 2018. Del resumen: «we see the field instead coalescing around a different, much older business model: helping universities outsource their online master's degrees for professionals» y «the bane of MOOCs—low completion rates—has not improved over 6 years». Tabla S3 del material suplementario: terminación de todos los participantes, 5.91% en 2014-15 (78,085 de 1,333,780) y 3.13% en 2017-18 (30,650 de 980,589); entre los verificados (de paga), 56.43% en 2016-17 y 46.02% en 2017-18. Conclusión: «New education technologies are rarely, perhaps never, disruptive; rather they are domesticated by existing cultures and systems». Cotejado contra el postprint del autor en el repositorio del MIT. Artículo en Science · Postprint de acceso abierto, MIT.
  7. Peter Scarfe, Kelly Watcham, Alasdair Clarke y Etienne Roesch, «A real-world test of artificial intelligence infiltration of a university examinations system: A "Turing Test" case study», PLOS ONE 19(6), e0305354, 26 de junio de 2024: exámenes escritos 100% con IA en cinco materias de la licenciatura en Psicología de la Universidad de Reading, de los métodos: «Both were at home exams where students had access to their course materials, academic papers, books, the internet and could potentially collude and collaborate with peers or use generative AI»; «94% of AI submissions were undetected» y «AI submissions consistently outperformed real students». Artículo.
  8. Secretaría de Educación Pública, Dirección General de Planeación, Programación y Estadística Educativa, Principales cifras del sistema educativo nacional 2024-2025 (Formato 911). Matrícula de educación superior: 5,519,791, de la cual 4,059,754 escolarizada y 1,460,037 no escolarizada (26.5%); no escolarizada por sostenimiento: 534,746 pública y 925,291 particular (63.4%). Documento · Versión de bolsillo.
  9. SEP, Principales cifras del sistema educativo nacional 2018-2019: matrícula de educación superior de 4,705,400, de la cual 3,943,544 escolarizada; la no escolarizada (761,856) es la diferencia y coincide con la serie de la versión de bolsillo 2024-2025. Índice de ediciones.
  10. Associated Press, «Perfect homework, blank stares: Why colleges are turning to oral exams to combat AI», 25 de marzo de 2026. Chris Schaffer, Cornell: «You won't be able to AI your way through an oral exam»; Bruce Lenthall, director del Center for Teaching and Learning de la Universidad de Pensilvania: «a massive shift toward in-person assessments», escritos y orales; Penn es «one of a small but growing number of universities that have started running faculty workshops on oral exams». Sobre Schaffer: «The assignment involves no laptop, no chatbot and no technology of any kind. In fact, there's no pen or paper, either. Instead, students… are required to speak directly to an instructor in what he calls an 'oral defense.'» Traducciones propias. Artículo.
  11. Juliette Rowsell, «Are universities returning to in-person exams to combat AI cheating?», Times Higher Education, 29 de junio de 2026. Birkbeck: «The law school at Birkbeck, University of London, reintroduced invigilated exams this academic year», tras «a very large number of academic misconduct allegations» con los ensayos para hacer en casa. Solicitudes de información hechas el año anterior a la publicación (2025) por dos especialistas en integridad académica, uno de ellos Philip Newton, profesor de medicina en Swansea: «78 per cent of UK universities were still using online exams» y «70 per cent of institutions said they had no plans to phase out online exams», con solo dos instituciones (3%) que planeaban eliminarlos. Traducciones propias. Artículo.