Radar Macroeconómico — 1 de junio de 2026
Moody's degrada a México a Baa3: el costo de la debilidad fiscal y la inversión cautiva
La semana está dominada por la degradación de Moody's a la calificación soberana de México a Baa3, a un escalón del grado especulativo, que cristaliza las preocupaciones sobre la trayectoria fiscal que se habían acumulado desde 2024. El detonante inmediato ha sido el persistente deterioro de las finanzas públicas: un déficit cercano al 5% del PIB en 2025 al incluir los apoyos a Pemex y una deuda pública que escaló a 49.3% del PIB —casi 10 puntos porcentuales en dos años—. Esta decisión no ocurre en el vacío: se produce en un contexto de debilidad económica confirmada por el PIB del 1T2026, que se contrajo 0.6% trimestral desestacionalizado, la caída más pronunciada desde el 4T2024, y por un IGAE que sugiere un arrastre mínimo para el segundo trimestre. Aunque la inflación mostró signos de moderación en abril y la primera quincena de mayo —cuando la general anual se ubicó en 4.11%—, y Banxico cumplió en mayo con un recorte a 6.50%, la convergencia al 3% sigue viéndose lejana, ahora estimada hacia el 2T2027, lo que limita el margen para nueva flexibilización monetaria y expone la tensión entre una economía que necesita estímulo y un banco central que no puede relajar más sin arriesgar su credibilidad. En el frente externo, el IMCO documenta un dato agridulce de IED con 23,591 mdd en el 1T2026, un monto históricamente alto pero impulsado casi en su totalidad por reinversión de utilidades (94.2%) y no por nuevas inversiones, reflejando la cautela del capital en un entorno donde la certidumbre institucional se ha erosionado.
Crecimiento y actividad
La actividad económica confirmó una contracción trimestral en el 1T2026 y mostró un débil inicio del 2T, en un contexto de atonía generalizada con las manufacturas como principal lastre. El dato revisado del PIB no dejó espacio para lecturas optimistas: la economía mexicana cayó 0.6% trimestral desestacionalizado en el 1T2026, la contracción más profunda desde el 4T2024, cuando el PIB había registrado una caída de 1.1% trimestral desestacionalizado. El dato revisado prácticamente borra la recuperación de 0.7% trimestral desestacionalizado observada en el cuarto trimestre de 2025, y confirma que la economía no ha logrado retomar una senda de crecimiento sostenido.
El deterioro fue transversal. Las actividades secundarias —manufacturas, construcción, minería y energía— encabezaron la caída con una contracción de 1.0% trimestral desestacionalizado y una baja de 1.1% en su comparación anual YoY en el 1T2026, confirmando que la industria opera como el principal freno del dinamismo económico. Las actividades primarias retrocedieron 1.7% trimestral desestacionalizado, mientras que las terciarias, que representan más del 60% del PIB, cayeron 0.4% en el mismo periodo. En su comparación anual YoY, la economía apenas creció 0.4% en el 1T2026, una cifra que mantiene el PIB per cápita en niveles similares a los observados en 2016, según documenta México ¿Cómo Vamos?.
El IGAE de marzo ofreció una lectura marginalmente mejor —creció 0.4% mensual desestacionalizado—, pero el dato se interpreta más como un rebote técnico tras la contracción de enero que como una señal de cambio de tendencia. En el acumulado enero-marzo de 2026, el IGAE registró un crecimiento de apenas 0.2% anual, con las actividades secundarias acumulando una caída de 1.2% en el mismo periodo. El sector terciario avanzó 1.0% y el primario 0.4%, pero ninguno con la fuerza suficiente para compensar el lastre industrial. "La debilidad fue generalizada en los principales sectores, lo que refuerza la opinión de que la desaceleración refleja una disminución del dinamismo interno más que un impacto aislado", señaló Andrés Abadía, economista en jefe para Latinoamérica de Pantheon Macroeconomics, en declaraciones recogidas por El Economista. México ¿Cómo Vamos? coincide en que la actividad económica se mantiene con bajo dinamismo y por debajo del nivel máximo alcanzado en julio de 2024, lo que convierte la reactivación económica en un objetivo clave para los próximos meses.
Las perspectivas hacia adelante no son alentadoras. Moody's recortó su previsión de crecimiento para 2026 a "menos de 1%" y para 2027 a 1.3% anual, citando restricciones estructurales en energía, agua, logística y seguridad, así como la incertidumbre vinculada a la revisión del T-MEC y a los cambios en el marco institucional, incluida la reforma judicial. La OCDE, aunque menos pesimista, proyecta 1.2% para 2026 y 1.7% para 2027, confiando en que el consumo privado se verá respaldado por el bajo desempleo y el descenso de la inflación, aunque advierte que la inversión privada seguirá limitada por la incertidumbre. La Encuesta Citi sitúa el consenso de mercado en 1.1% para 2026, mientras que la SHCP mantiene un rango de 1.8-2.8%, apoyado en expectativas de impulso por el Mundial de Fútbol y el Plan de Infraestructura. La brecha entre la proyección oficial y las del mercado y organismos multilaterales es considerable — México ¿Cómo Vamos? señala que el crecimiento del PIB al 1T2026 fue de apenas 0.4% anual, lo que evidenciaría la dificultad de alcanzar la meta oficial sin un repunte drástico en los trimestres restantes.
Inflación y política monetaria
La inflación mostró una moderación en abril pero se mantiene por encima del objetivo, consolidando la expectativa de una pausa prolongada de Banxico tras el recorte de mayo a 6.50%. La inflación general anual bajó de 4.59% en marzo a 4.45% en abril, impulsada por una fuerte desaceleración mensual —de 0.86% en marzo a 0.20% en abril—, mientras que la subyacente cedió de 4.46% a 4.26% anual, ofreciendo un respiro tras tocar máximos en marzo. Datos más recientes, correspondientes a la primera quincena de mayo, muestran que la inflación general anual continuó su descenso hasta 4.11%, lo que sugiere que la trayectoria de corto plazo apunta en la dirección correcta, aunque ambas métricas permanecen por encima del límite superior del intervalo de variabilidad de Banxico (4.0%). El panorama se complica por los precios de materias primas energéticas, que continúan elevados por el conflicto en Medio Oriente.
El banco central cumplió con el guion esperado y recortó la tasa de referencia en 25 puntos base el 7 de mayo, llevándola de 6.75% a 6.50%, su nivel más bajo desde abril de 2022. La decisión, sin embargo, fue dividida: tres miembros de la Junta apoyaron el recorte, mientras que dos votaron por mantener la tasa sin cambios. Banxico justificó su decisión en que la contracción económica del 1T2026 ha generado un mayor margen y reducido las presiones inflacionarias de demanda, pero la guía prospectiva dio un giro significativo: señaló que "mantener la tasa de política en el nivel actual probablemente será apropiado en el futuro", lo que los mercados interpretaron como el fin del ciclo de flexibilización que comenzó en marzo de 2024. Priscila Robledo, economista en jefe de Fintual, advirtió que la baja "se podría interpretar como que las autoridades monetarias dan más peso a la debilidad del ciclo económico actual que a la inflación que se mantiene por encima del rango objetivo".
El Programa Monetario 2026 de Banxico confirma una estrategia de mayor gradualidad respecto a 2025. El documento señala que "una mayor gradualidad en la conducción de la política monetaria respecto de lo observado en 2025 es congruente con robustecer el pronóstico de la inflación, permitiendo así un tránsito ordenado a lo largo del episodio de ajuste en precios relativos". Monex, por su parte, documenta que la tasa real ex ante de corto plazo cerró 2025 en 3.01%, acercándose al límite inferior del rango neutral estimado entre 1.80% y 3.60%, lo que sugiere que la postura monetaria se aproxima a un terreno que deja poco margen para recortes adicionales sin caer en terreno expansivo. Esta lectura es consistente con la encuesta de especialistas de Banxico recogida por El Universal, donde el consenso anticipa que la tasa de fondeo cerrará 2026 en 6.50% y se mantendrá en ese nivel durante 2027, descartando nuevos recortes en el horizonte previsible. La misma encuesta califica la meta de inflación del 3% como "inalcanzable en 2026".
La divergencia entre Banxico y los analistas privados sobre la convergencia al 3% es una de las tensiones centrales de la coyuntura. El banco central mantiene su pronóstico de que la inflación alcanzará el objetivo en el 2T2027, fundamentado en que la debilidad económica reducirá las presiones de demanda. Los datos de inflación subyacente, sin embargo, introducen notas de cautela: Monex registró que a noviembre de 2025 la subyacente se ubicó en 4.33% anual, su segundo nivel más alto desde marzo de 2024, lo que contrasta con la expectativa de un descenso ordenado. Los analistas privados señalan que los choques de oferta en energía y materias primas, junto con la rigidez de precios en servicios, mantendrán la inflación por encima del objetivo por más tiempo. Alejandro Saldaña, economista en jefe de BX+, sintetiza el dilema: "El panorama inflacionario es complejo. Los precios de materias primas energéticas continúan elevados ante los conflictos en Medio Oriente, y sus efectos finales sobre la inflación son todavía inciertos. Ello se suma a los altos niveles de la inflación subyacente, no obstante un contexto de bajo dinamismo económico". La reunión de Banxico del 25 de junio y la publicación del Informe Trimestral al 1T2026 serán claves para evaluar si el banco central ratifica o posterga la fecha de convergencia —un movimiento que tendría implicaciones sobre la credibilidad del marco de pronósticos.
Inversión extranjera y geopolítica
La IED del 1T2026 muestra un elevado flujo que depende casi exclusivamente de reinversión de utilidades, mientras la incertidumbre sobre la revisión del T-MEC y la renovación del acuerdo con la Unión Europea marcan la agenda de comercio exterior. Los 23,591 millones de dólares captados en el primer trimestre representan, a primera vista, una cifra robusta. Pero la composición del flujo revela una historia distinta: el 94.2% provino de reinversión de utilidades, que creció 33.5% anual, mientras que las nuevas inversiones apenas sumaron 1,705 millones de dólares. Esta estructura, documentada por el IMCO, sugiere que las empresas que ya operan en México están reteniendo y reinvirtiendo ganancias, pero la llegada de capital fresco para expandir capacidad productiva es mínima.
La distinción es crucial porque las nuevas inversiones son las que generan plantas, empleos adicionales y derramas tecnológicas, mientras que la reinversión de utilidades puede reflejar tanto confianza en la operación existente como falta de alternativas atractivas para repatriar capital. Como advierte el IMCO, "la IED es una señal positiva, pero insuficiente por sí sola. Su impacto depende de que existan condiciones para ampliar la capacidad productiva e incentivar las nuevas inversiones". En un entorno donde la inversión total representó 22.9% del PIB al 4T2025 y la productividad laboral creció apenas 0.5% anual en el mismo periodo, según los semáforos de México ¿Cómo Vamos?, la dependencia de la reinversión de utilidades como motor de la IED expone la fragilidad de la base de inversión productiva del país.
El contexto geopolítico añade capas de incertidumbre. La primera ronda oficial de negociación bilateral por la revisión del T-MEC inició el 25 de mayo en la Ciudad de México, reuniendo al representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y al secretario de Economía, Marcelo Ebrard. El proceso está programado para concluir el 1 de julio conforme al Capítulo 34 del tratado, y las posturas proteccionistas de Washington —que no ve un acuerdo comercial libre de aranceles— amenazan con complicar un resultado que preserve las cadenas de valor norteamericanas. México ¿Cómo Vamos? enfatiza la paradoja estratégica: México es el principal socio comercial de Estados Unidos, su principal mercado y su principal proveedor, pero enfrenta la revisión en una posición de debilidad negociadora por sus problemas internos de inseguridad, estado de derecho y deterioro fiscal.
En contraste, la firma del Acuerdo Global Modernizado con la Unión Europea el 22 de mayo representa, según el IMCO, "la actualización más ambiciosa de la relación en 25 años" y llega "justo cuando México más necesita demostrar que puede generar certidumbre a sus socios e inversionistas". El acuerdo corrige problemas de acceso a mercados que limitaban la relación bilateral y ofrece una vía de diversificación comercial en un momento en que la dependencia del mercado estadounidense se percibe como una vulnerabilidad. La OCDE, en su Economic Outlook más reciente, ya incorpora el impacto de los aranceles y la incertidumbre comercial como frenos a las exportaciones mexicanas, y advierte que el endurecimiento de las condiciones financieras en Estados Unidos —cuya economía desacelerará a 1.7% anual en 2026— podría pesar sobre los flujos de inversión hacia México.
Fiscal y calificación crediticia
Moody's rebajó la calificación soberana de México de Baa2 a Baa3 con perspectiva estable, citando el deterioro continuo en la solidez fiscal, el déficit persistentemente elevado y el constante apoyo a Pemex sin evidencia de una mejora material en la petrolera. La decisión, que se esperaba desde que la calificadora colocó la perspectiva en negativa en noviembre de 2024 —tomó 18 meses materializarse—, coloca al país a un solo escalón de perder el grado de inversión. S&P ya había puesto su perspectiva en negativa el 12 de mayo, una señal que anticipa un posible movimiento en la misma dirección, y que podría llevar la calificación de esa agencia al mismo nivel que hoy asignan Moody's y Fitch.
El diagnóstico de Moody's es contundente. El déficit fiscal —incluyendo el apoyo a Pemex— se mantuvo cercano a 5% del PIB en 2025, apenas por debajo del 5.3% registrado en 2024, a pesar de que las autoridades habían proyectado una reducción a 4% del PIB. La deuda bruta del gobierno escaló a 49.3% del PIB desde 46% en 2024 y 39.8% en 2023 —un incremento de casi 10 puntos porcentuales en dos años—. La calificadora prevé que los déficits del gobierno federal y del sistema de seguridad social permanezcan por encima de 4% del PIB entre 2026 y 2027, debido a la rigidez del gasto, menores ingresos por la desaceleración económica y menores impuestos a combustibles para contener el impacto de los precios energéticos. "A pesar de los esfuerzos por reducir el déficit fiscal, otras prioridades políticas, como la soberanía energética y un modelo de gasto redistributivo, han debilitado los pilares y la eficacia de la política fiscal", sentenció la agencia.
Pemex ocupa un lugar central en el análisis. Moody's estima que el gobierno otorgó apoyos por aproximadamente 35,000 millones de dólares en 2025 —equivalentes a 1.9% del PIB— y ha presupuestado otros 14,000 millones (0.7% del PIB) para 2026. La agencia anticipa más respaldos en los próximos años porque "no observa una mejora material en las operaciones de la petrolera". Este drenaje fiscal recurrente, en un contexto de bajo crecimiento que reduce la capacidad de generación de ingresos, ha debilitado la credibilidad de la política fiscal. Moody's señala que "las desviaciones recurrentes respecto a las reglas fiscales desde 2023 han elevado el riesgo de que la consolidación fiscal sea insuficiente para estabilizar la deuda pública", y vincula esta pérdida de credibilidad con las restricciones estructurales que limitan la inversión privada: energía, agua, logística y el cambiante marco institucional, incluida la reforma judicial. La calificadora también redujo sus expectativas de crecimiento: ahora prevé que México crezca menos de 1% en 2026 y 1.3% en 2027.
La respuesta del gobierno no se hizo esperar. La presidenta Claudia Sheinbaum presentó en la Mañanera una lista de 12 indicadores económicos positivos. El IMCO, que analizó la lista punto por punto, reconoce que "los datos son, en su mayoría, reales y verificables", pero advierte que "el problema no es lo que se comunica, sino lo que se omite". Los indicadores presentados —empleo, IED, remesas, reservas internacionales— son fotografías parciales que no capturan las tendencias subyacentes de deterioro fiscal, debilidad de la inversión productiva y pérdida de dinamismo que motivaron la decisión de Moody's. La degradación, en cualquier caso, ya está incorporada al panorama de riesgo país, y la perspectiva estable sugiere que la calificadora no anticipa un deterioro adicional inminente, pero sí condiciona cualquier revisión futura a "las primeras acciones de su política fiscal y financiera".
En qué poner atención la próxima semana
- Reunión de política monetaria de Banxico el 25 de junio: el consenso descuenta que la tasa se mantendrá en 6.50%, pero el comunicado será clave para confirmar si la pausa prolongada que la Junta adelantó en mayo se consolida como la postura oficial para el resto del año, o si la debilidad económica abre la puerta a un debate sobre recortes adicionales.
- Publicación del Informe Trimestral de Banxico al 1T2026: la atención se centrará en si el banco central ratifica la fecha de convergencia de la inflación hacia el 3% en el 2T2027, o si la posterga —un movimiento que tendría implicaciones sobre la credibilidad del marco de pronósticos y, por tanto, sobre las expectativas de inflación de mediano plazo.
- Balanza comercial de mercancías de abril 2026: se vigilará el impacto de los aranceles en las exportaciones automotrices y no automotrices. En un contexto de revisión del T-MEC, el desempeño de las exportaciones no petroleras y no automotrices —que reflejan la diversificación productiva— será un termómetro de la competitividad del sector externo mexicano.
- Cifras de finanzas públicas de abril 2026: la caída de 13% anual en la recaudación de ISR en abril —reportada por Expansión en un mes que tradicionalmente se beneficia de la declaración anual de personas físicas— será el dato más vigilado tras la degradación de Moody's. Si la debilidad en los ingresos tributarios se confirma, la trayectoria de déficit para 2026 podría deteriorarse más rápido de lo previsto, aumentando la presión sobre la calificación soberana en un momento en que el margen de maniobra fiscal ya es mínimo.
- Indicadores de ocupación y empleo (ENOE) de abril 2026: la tasa de desocupación —que se ubicó en 2.8% en marzo con cifras desestacionalizadas— será observada junto con los datos de informalidad laboral (54.8% al 1T2026) y participación laboral (58.7% al 1T2026) para evaluar si el mercado laboral mantiene su resiliencia en un entorno de desaceleración económica.
- Segunda estimación del PIB de Estados Unidos al 1T2026: el desempeño de la economía estadounidense —que la OCDE proyecta crecerá 1.7% en 2026— será clave para calibrar el impacto sobre las exportaciones mexicanas y los flujos de inversión, particularmente en el contexto de la revisión del T-MEC y la incertidumbre comercial.