Radar Macroeconómico — 27 de julio de 2026
La inflación bajó a 3.10%, su menor nivel desde 2020, pero los aranceles estadounidenses y el tropiezo del IGAE en mayo tensan el panorama de crecimiento y enfrián la expectativa…
Aranceles y desinflación: el nuevo pulso de México
La semana del 20 al 24 de julio condensó las tres tensiones que definen el momento macroeconómico de México: una nueva ronda de aranceles estadounidenses bajo la Sección 301 que elevó la incertidumbre comercial, una inflación general que se ubicó exactamente en 3.10% anual en la primera quincena de julio —su menor registro desde diciembre de 2020— y una actividad económica que, pese al tropiezo de mayo, apunta a una expansión del PIB cercana a 1.3% trimestral en el segundo trimestre del año. La superposición de estas fuerzas —contención inflacionaria, fragilidad en el empleo formal, resiliencia del peso y un entorno geopolítico cada vez más cargado— dibuja un panorama en el que la política monetaria permanece en pausa, con el consenso de la Encuesta Citi anticipando que la tasa de referencia se mantenga sin cambios en 6.50% tanto para el cierre de 2026 como para la mayor parte de 2027. El nuevo esquema arancelario, aunque diseñado con un alcance potencialmente masivo, deja fuera al 80% de las exportaciones mexicanas amparadas por el T-MEC, lo que limitó su impacto inmediato sobre el tipo de cambio pero no despejó el riesgo de mediano plazo asociado a la renegociación de las reglas de origen automotriz.
Crecimiento y actividad
La economía mexicana ofreció en mayo una señal de agotamiento tras tres meses consecutivos de expansión: el IGAE retrocedió 0.3% mensual con cifras desestacionalizadas, de acuerdo con datos publicados por el INEGI el 23 de julio. El resultado, ligeramente mejor que la contracción de 0.4% que anticipaban Banamex y el consenso, interrumpió una racha que había sumado avances de 0.6% en marzo y 1.4% en abril —este último revisado al alza desde 1.2%—, devolviendo al indicador a terreno negativo por primera vez desde enero. La descomposición sectorial revela que el freno provino de las actividades secundarias, que cayeron 0.8% mensual arrastradas por la construcción (−3.7% en el mes), la electricidad, agua y gas (−0.5%), y en menor medida por manufacturas y minería, ambas con descensos de 0.1%. El sector primario se contrajo 0.5%, mientras que los servicios apenas crecieron 0.2%, con aumentos concentrados en actividades gubernamentales (1.8%), esparcimiento (0.7%) y comercio al por menor (0.6%), compensados por caídas relevantes en servicios de apoyo a los negocios (−2.1%) y servicios profesionales (−1.8%).
Con cifras originales, el IGAE registró un avance anual de 1.1% en mayo, una desaceleración marcada frente al 2.6% de abril explicada por el regreso de la producción industrial a terreno negativo (−0.7% anual). Al interior de esta última, la minería destacó con un crecimiento de 3.9% anual, mientras que las manufacturas se contrajeron 1.5%, los servicios públicos 0.9% y la construcción 0.3%. Los servicios, por su parte, crecieron 1.7% anual impulsados por el comercio mayorista (8.8%) y otros servicios excepto legislativos (4.9%). En el acumulado enero-mayo, el IGAE suma un crecimiento de 0.9% anual, con las actividades primarias avanzando 3.9% y los servicios 1.4%, en contraste con la caída de 0.4% de las actividades industriales.
Pese a la debilidad del margen mensual, la información disponible para junio y los datos del bimestre abril-mayo sostienen la expectativa de un rebote significativo del PIB en el segundo trimestre. Banamex mantiene su estimación de una expansión trimestral de 1.3% con cifras desestacionalizadas para el período abril-junio, apoyada en el impulso de las exportaciones, la recuperación gradual del consumo y una incipiente estabilización de la inversión. La estimación oportuna del PIB para el 2T26 se publica el 30 de julio y será la prueba más relevante para confirmar si la economía logró dejar atrás la contracción de 0.6% trimestral confirmada por el INEGI para el primer trimestre, un resultado que había sorprendido al consenso —que anticipaba una caída de 0.8%— y que reflejó debilidad generalizada en los tres grandes sectores.
El mercado laboral, sin embargo, sigue enviando señales inequívocas de deterioro. La ENOE de junio, publicada por el INEGI, mostró que la población ocupada cayó en 320 mil personas respecto a mayo, situándose en 60.09 millones, mientras que la población desocupada aumentó en 78 mil personas, para un total de 1.79 millones. La tasa de desempleo nacional subió de 2.76% a 2.90% en cifras originales —su nivel más alto desde septiembre de 2025— y de 2.73% a 2.80% en su serie desestacionalizada. La pérdida de población ocupada en el acumulado enero-junio asciende a 293,227 personas, desglosadas en una destrucción de 363,612 personas en la formalidad que fue parcialmente amortiguada por la incorporación de 70,385 personas a la informalidad. La tasa de informalidad permaneció elevada en 55.02%, un nivel que, aunque marginalmente menor al 55.23% de mayo, confirma que el ajuste del mercado laboral se está dando por la vía de la calidad del empleo y no solo por la cantidad.
El único sector que ofrece una narrativa expansiva clara es la construcción, aunque con una dualidad extrema entre el componente público y el privado. La ENEC de mayo reportó un crecimiento mensual desestacionalizado de 2.74% en el valor de la producción —el mayor desde agosto de 2023— y un avance anual de 7.52%. Por tipo de contratante, las obras del sector público se dispararon 39.06% anual, acumulando cinco meses de incrementos y alcanzando su mayor proporción en el total del sector desde octubre de 2023, impulsadas por inversiones ligadas a los preparativos para la Copa Mundial de Fútbol. En contraste, la construcción privada se contrajo 3.54% anual, hilando siete meses consecutivos de caídas, un deterioro que no se veía desde finales de 2021. Por tipo de obra, transporte y urbanización lideró con un incremento anual de 45.26%, seguido por agua, riego y saneamiento (21.52%), ambos rubros donde el sector público explica más del 82% del valor generado.
Inflación y política monetaria
La inflación general se ubicó en 3.10% anual en la primera quincena de julio, su octava quincena consecutiva de desaceleración y el nivel más bajo desde la segunda quincena de 2020, cuando la actividad económica global aún sentía los estragos de la pandemia. El INEGI reportó una variación quincenal de apenas 0.07% —la más baja para una primera quincena de julio desde 2013—, explicada por un nuevo desplome de −0.23% quincenal en el índice no subyacente, que acumuló así siete quincenas en terreno negativo. Las frutas y verduras cayeron 1.50% quincenal, mientras que los productos pecuarios registraron un leve repunte de 0.10% tras haber retrocedido en 14 de las últimas 15 quincenas. Los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno permanecieron prácticamente planos, con un incremento de 0.03% quincenal.
El componente subyacente, que determina la trayectoria de largo plazo de la inflación, se aceleró ligeramente a 0.16% quincenal y se situó en 3.95% anual, hila su segunda quincena por debajo del umbral de 4% —algo que no ocurría desde el período septiembre 2024–mayo 2025— pero se mantiene por encima del objetivo puntual de 3% de Banxico. Al interior, las mercancías subieron 0.11% quincenal con un repunte en las no alimenticias (0.12%, la mayor para una quincena igual desde 2023) y una moderación en las alimenticias (0.10%, su cuarta quincena de desaceleración). Los servicios, con una inflación de 0.20% quincenal, mostraron una presión persistente en vivienda (0.13%) y otros servicios (0.29%), aunque esta última registró su menor lectura para una primera quincena de julio desde la pandemia de 2020, lo que sugiere cautela de los consumidores en un entorno de ingresos laborales debilitados.
La trayectoria reciente de la inflación introduce un dilema incómodo para la Junta de Gobierno de Banxico. La general ha bajado al 3.10% gracias al colapso de los precios agropecuarios, cuyo índice anual cayó a −3.53%, y a la estabilidad de los energéticos (1.16% anual). Pero estos componentes no subyacentes son precisamente los más expuestos a revertirse: el recrudecimiento de la guerra entre Estados Unidos e Irán ya ha disparado el precio del Brent, que cerró el 24 de julio en 97.79 dólares por barril, tras haber subido durante la semana hasta 99.88 dólares. La escalada del conflicto —con los hutíes atacando petroleros saudíes en el Mar Rojo y Trump advirtiendo sobre una posible acción militar directa contra Irán— mantiene vivo el riesgo de que una interrupción en el suministro del estrecho de Ormuz impacte las tarifas de energéticos en México a través de los precios de referencia internacionales y, por esa vía, el componente no subyacente.
El consenso del mercado, reflejado en la Encuesta Citi publicada el 21 de julio, revisó marginalmente a la baja la previsión de inflación general para el cierre de 2026, de 4.10% a 4.09%, y la subyacente de 4.20% a 4.10%. Banamex se mantiene en un pronóstico más elevado: 4.2% general y 4.1% subyacente, incorporando un traspaso parcial de los aranceles a precios al consumidor y la normalización esperada de los precios agrícolas. Banco Base, por su parte, proyecta 4.1% general. La divergencia, aunque acotada, refleja supuestos distintos sobre el impacto de los nuevos aranceles de la Sección 301 —Banamex asume un pass-through más alto— y sobre la persistencia de la subyacente, que podría verse presionada si el componente de servicios, actualmente en 4.36% anual, no continúa su descenso.
La última decisión documentada de Banxico fue en marzo de 2026, cuando la Junta de Gobierno —con una votación dividida de 3 a 2— redujo la tasa de referencia en 25 puntos base, bajándola de 7.00% a 6.75%. El movimiento, que contó con los votos a favor de Rodríguez Ceja, Cuadra y Mejía frente a los de Borja y Heath, sorprendió al mercado y fue interpretado como una apuesta a que el ciclo desinflacionario se consolidaría pese al repunte puntual de la inflación que se observaba en ese momento. Hoy, con la general en 3.10% pero la subyacente aún en 3.95% y riesgos geopolíticos que empujan los precios de la energía, el consenso de la Encuesta Citi prevé que la tasa se mantenga en 6.50% tanto para el cierre de 2026 como durante la mayor parte de 2027, con algunos analistas especulando que el siguiente movimiento —un nuevo recorte de 25 puntos base— podría ocurrir hasta diciembre. La próxima decisión de política monetaria está programada para el 6 de agosto. La meta de convergencia al 3% para la inflación general fue aplazada por el propio Banxico hasta el segundo trimestre de 2027.
Mercados financieros y tipo de cambio
El peso mexicano operó durante la semana en un rango acotado de 17.40 a 17.52 pesos por dólar, cerrando el jueves 24 en 17.49 y el lunes 27 en 17.47, con una apreciación acumulada en el año de aproximadamente 3.24% medida en el tipo de cambio spot. La resiliencia de la moneda contrastó con un entorno externo adverso: la nueva ronda de aranceles anunciada el 23 de julio por la USTR, el repunte del Brent hacia los 99.88 dólares por barril a inicios de la semana, y una corrección en las tecnológicas estadounidenses que arrastró al S&P 500 a una pérdida semanal de 1.5%. Tres factores confluyeron para sostener al peso: el diferencial de tasas de interés de largo plazo entre México y Estados Unidos —que sigue siendo atractivo pese al estrechamiento en los tramos cortos—, la depreciación generalizada del dólar frente a sus principales cruces, y la confirmación de que los bienes mexicanos que cumplen con las reglas del T-MEC quedan exentos de los nuevos aranceles.
La curva de rendimientos de los Mbonos se desplazó al alza de manera significativa: el rendimiento a 2 años subió 22 puntos base, cerrando en torno a 7.5%, mientras que el plazo a 10 años avanzó 23 puntos base para ubicarse cerca de 9.3%, de acuerdo con datos de Banamex. Este movimiento no respondió a factores domésticos —los datos de inflación en México fueron positivos— sino al aumento global de las tasas largas, impulsado por el alza del petróleo y la expectativa de que la Reserva Federal podría mantener una postura más restrictiva ante el riesgo de que los precios de la energía reaviven las presiones inflacionarias en Estados Unidos. La tasa de los bonos del Tesoro a 10 años se ubicó en 4.66% al cierre del 22 de julio, de acuerdo con datos de Scotiabank, mientras que el bono a 2 años se situó en 4.30% en esa misma fecha.
El mercado accionario mexicano sufrió un retroceso semanal notable. El IPC de la BMV cerró el 24 de julio en 66,266 unidades, una caída de 1.54% en la semana, presionado principalmente por el sector aeroportuario —ASUR lideró las bajas— y por el efecto contagio del ajuste en las tecnológicas estadounidenses ligadas a inteligencia artificial. En Wall Street, la semana fue volátil: el S&P 500 perdió 1.51% en la semana, lastrado por Alphabet tras el lanzamiento de Gemini 3.6 Flash —que decepcionó frente a los modelos líderes de la competencia— y por Tesla, que reportó una caída de 8% en sus ganancias trimestrales y un flujo de caja libre negativo producto de sus fuertes inversiones en IA y robótica. El Nasdaq 100 retrocedió 1.24% semanal y el índice de semiconductores SOX, aunque repuntó 5.2% el martes 21 impulsado por Nvidia —que señaló que sus sistemas Vera Rubin ya están en producción y comienzan a entregarse a clientes principales—, no logró sostener el impulso en las sesiones siguientes. Nvidia, sin embargo, fue incorporada al portafolio Smart Picks de Actinver con un rendimiento esperado de 28.8% para los próximos 12 meses.
Las tensiones en Medio Oriente fueron el driver dominante de los precios de las materias primas y, por extensión, de las expectativas inflacionarias globales. El ataque de los rebeldes hutíes a dos petroleros saudíes en el Mar Rojo y la amenaza de Trump de responsabilizar a Irán por futuros ataques, incluyendo posibles acciones militares contra infraestructura iraní, llevaron al Brent a registrar niveles cercanos a los 100 dólares por barril durante la semana, cerrando en 97.79 dólares el jueves 24. Las fuentes disponibles no confirman que el Brent haya superado efectivamente ese umbral de los 100 dólares en la semana, aunque Scotiabank reporta que el Brent cerca de los 100 dólares por barril se situó en niveles que elevan la prima de riesgo. En este contexto, Arabia Saudita y Estados Unidos anunciaron un acuerdo para desarrollar un programa nuclear civil saudí, lo que añade una capa adicional de complejidad geopolítica a un conflicto que ya suma 11 días consecutivos de ataques aéreos estadounidenses sobre objetivos en Irán.
Comercio exterior y geopolítica
La imposición de nuevos aranceles bajo la Sección 301 de la Trade Act de 1974, anunciada por la USTR el 23 de julio, somete formalmente a México a una tarifa adicional de 10% sobre sus exportaciones hacia Estados Unidos, bajo el argumento de que el país no aplica de manera efectiva su propia prohibición de importar bienes producidos con trabajo forzoso. La medida, que entró en vigor el 24 de julio, abarca a 60 economías que concentran el 99.4% de las importaciones estadounidenses, con una estructura escalonada: 10% para países que cuentan con algún tipo de prohibición —como México, Canadá, Reino Unido e India—, 12.5% para la mayoría del resto, y un tope combinado con la tarifa de nación más favorecida de 10% para la Unión Europea y Taiwán, y de 12.5% para Japón, Corea del Sur y Suiza.
BBVA Research, en un reporte fechado el 24 de julio, argumenta que la medida tiene menos que ver con la lucha contra el trabajo forzoso —para la cual no se presentó evidencia robusta en las investigaciones iniciadas en marzo— y más con la necesidad de la administración Trump de reemplazar un andamiaje arancelario que se ha quedado sin base legal: primero cayeron los aranceles bajo IEEPA tras el fallo de la Corte Suprema de febrero de 2026, y los temporales impuestos bajo la Sección 122 —con un máximo de 150 días de vigencia— están próximos a expirar. La Sección 301 ofrece una base jurídica más sólida para mantener aranceles generalizados de manera permanente, aunque la imposición sobre México es atenuada por una exclusión clave: los bienes que califican bajo las reglas de origen del T-MEC están exentos. Marcelo Ebrard, secretario de Economía, confirmó que más del 80% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos quedan cubiertas por esta exención.
El impacto directo de los aranceles es, por tanto, limitado en el margen. Las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos han crecido 7.7% anualizado a mayo de 2026, y la participación de México en las importaciones totales estadounidenses alcanzó un récord de 17.4% en ese mismo mes. La tasa efectiva promedio sobre el total de importaciones mexicanas se ubicó en 3.7% durante enero-mayo, mientras que para el subconjunto que sí paga aranceles fue de 21.7%, lo que sugiere que una porción significativa de los flujos comerciales ya navega vía mecanismos de exención. No obstante, el riesgo relevante no está en la tarifa incremental del 10% para los bienes fuera del T-MEC, sino en la posibilidad de que las reglas de origen —que están en el centro de la renegociación trilateral— se endurezcan. La tercera ronda de diálogos se llevó a cabo en la Ciudad de México del 21 al 23 de julio con avances reconocidos por Washington en temas de facilitación comercial y cooperación aduanera, pero con el punto más álgido —la demanda estadounidense de un contenido nacional específico por país de 50% para el sector automotriz— sin resolución.
El frente geopolítico añadió otra capa de incertidumbre. La intensificación de los ataques entre Estados Unidos e Irán —con Washington bombardeando un objetivo cerca de Tabriz y Teherán respondiendo con misiles contra instalaciones en Jordania y Kuwait— elevó la prima de riesgo global y arrastró los rendimientos de los bonos soberanos. El Banco Central Europeo, por su parte, mantuvo sin cambios la tasa de facilidad de depósitos en 2.25%, en línea con lo esperado por Banamex y el consenso, pero con un comunicado que dejó abierta la puerta para un posible incremento en septiembre, sin comprometerse a una ruta predefinida. Banamex interpreta que el BCE podría mantener la cautela y dejar la tasa en 2.25% hacia el cierre de año, si bien reconoce que la reanudación de las tensiones en Medio Oriente implica riesgos al alza para esa trayectoria. En el Reino Unido, la inflación anual bajó a 2.6% en junio, su nivel más bajo en 15 meses, según reportó Scotiabank el 22 de julio, aunque persiste la incertidumbre sobre cómo el Banco de Inglaterra ponderará este dato frente al riesgo de que el conflicto en Medio Oriente presione nuevamente los precios energéticos.
En qué poner atención la próxima semana
- Anuncio de la decisión de política monetaria de la Reserva Federal el 29 de julio: se espera que mantenga la tasa de fondos federales en 3.75% (límite superior), pero el mercado estará atento a cualquier señal sobre el impacto de los precios del petróleo en las perspectivas de inflación.
- Publicación de la estimación oportuna del PIB de México para el segundo trimestre de 2026 el 30 de julio: el consenso de analistas anticipa una expansión trimestral de 1.0% a 1.3% con cifras desestacionalizadas, que de confirmarse revertiría parcialmente la contracción de 0.6% del primer trimestre.
- Publicación de la primera estimación del PIB de Estados Unidos para el 2T26 el 30 de julio: el mercado espera un crecimiento anualizado cercano a 2.3%, lo que sería clave para evaluar el ritmo de la demanda externa relevante para las exportaciones mexicanas.
- Datos de inflación del gasto personal de consumo (PCE) en Estados Unidos para junio, junto con ingreso y gasto personal el 30 de julio: la inflación subyacente del PCE se estima en 0.2% mensual, un dato que la Reserva Federal monitorea de cerca.
- Reunión de política monetaria de Banxico el 6 de agosto: con la última decisión documentada situando la tasa en 6.75% en marzo, la inflación general en 3.10% y la subyacente aún en 3.95%, el consenso de la Encuesta Citi anticipa que la Junta de Gobierno mantendrá la pausa y que la tasa de referencia cerrará 2026 en 6.50%.
- Publicación de la inflación de julio completa el 7 de agosto: será un dato crítico para evaluar si la moderación de la primera quincena —impulsada por la caída de agropecuarios— se sostiene o si el repunte del petróleo comienza a permear el componente de energéticos.
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