Radar Macroeconómico — 31 de agosto de 2026

Banxico congela la tasa en 6.50%; inflación subyacente se estanca en 3.93% y no llegará a la meta hasta finales de 2027.

Radar Macroeconómico — 31 de agosto de 2026

Banxico pausa, inflación repunta y el superpeso regresa

El informe trimestral de Banxico dominó la narrativa macroeconómica de la semana al confirmar el fin —iniciado en junio— de un agresivo ciclo de recortes de 300 puntos base ejecutado durante 2025 y mantener la tasa en 6.50% por decisión unánime, un ancla monetaria que responde directamente al estancamiento de la inflación subyacente en 3.93% anual y a la advertencia explícita del banco central de que la convergencia a la meta de 3% no ocurrirá antes del cuarto trimestre de 2027. Esta cautela doméstica operó en sentido contrario al discurso restrictivo del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, en Jackson Hole, que reforzó las expectativas de un alza de 25 puntos base en la tasa de fondos federales en septiembre, ampliando el diferencial de política monetaria que ha impulsado la apreciación del peso a un nivel de 17.03 por dólar y una ganancia acumulada de 5.3% en 2026. En el frente real, la economía mexicana mostró un rebote trimestral desestacionalizado de 1.4% en el 2T2026 —el mayor desde el 1T2022— pero la revisión a la baja del PIB anual de 2.1% a 1.9% y la fragilidad de la manufactura subrayan que el dinamismo es menos robusto de lo que sugiere la lectura trimestral, mientras la demanda estadounidense de insumos para inteligencia artificial (IA) disparó las exportaciones no automotrices 64.9% anual en julio, aunque el déficit comercial de -847.5 millones de dólares en ese mismo mes revela que la fortaleza externa conlleva una elevada demanda de importaciones intermedias.

Crecimiento y actividad

La economía mexicana mostró un repunte significativo en el segundo trimestre del año, con un crecimiento de 1.4% en su medición trimestral desestacionalizada, la mayor expansión desde el primer trimestre de 2022. Sin embargo, la revisión a la baja del dato final de PIB anual —de una estimación oportuna de 2.1% publicada en julio a un dato definitivo de 1.9%— en conjunto con la caída mensual del IGAE de -0.3% en mayo de 2026, sugiere que el piso de actividad es más débil de lo que el rebote estadístico del trimestre podría indicar, revelando una economía de dos velocidades donde el comercio mayorista y ciertos servicios impulsan el crecimiento mientras la manufactura permanece estancada.

El informe trimestral de Banxico, presentado el 25 de agosto, reconoció este mejor desempeño relativo y elevó su pronóstico de crecimiento para 2026 en 0.4 puntos porcentuales, de un estimado previo de 1.1% a una proyección actual de 1.5%, según documenta Scotiabank. No obstante, la revisión al alza es retrospectiva —explica el dato ya observado del 2T26— y no implica mayor optimismo hacia adelante: el banco central redujo su pronóstico para 2027 de 2.1% a 2.0% y advirtió que la incertidumbre comercial asociada a la revisión del T-MEC y las tensiones geopolíticas mantienen el balance de riesgos sesgado a la baja para la actividad. La divergencia con el FMI, que en su actualización de julio del WEO proyecta un crecimiento anual promedio de 1.2% para 2026 —60% por debajo del dato observado en la primera mitad del año—, refleja que los modelos del organismo multilateral incorporan con mayor peso el impacto contractivo de la incertidumbre comercial y geopolítica que las estimaciones locales, que dan más ponderación a los datos duros ya publicados.

Al interior del PIB del 2T2026, todos los grandes grupos de actividad reportados por INEGI mostraron crecimiento anual, aunque dos de tres fueron revisados a la baja frente a la estimación oportuna. Las actividades primarias —que habían registrado una estimación inicial de 7.3%— cerraron el trimestre con un crecimiento anual de 4.8%, mientras que las terciarias se ajustaron de 2.5% a 2.3%. Las actividades secundarias, en cambio, recibieron una corrección marginal al alza de 0.8% a 0.9%, una señal de estabilización más que de aceleración. De los 20 sectores que componen el PIB, 14 registraron crecimiento anual positivo, destacando el comercio al por mayor con una expansión de 11.1%, seguido por minería con 5.0% y agricultura con 4.8%. La amplitud de la recuperación es moderada pero no despreciable: dos sectores permanecieron sin cambios, lo que deja cuatro en contracción, un panorama que no sugiere euforia, pero sí una base relativamente amplia de crecimiento en el margen.

El IGAE correspondiente a mayo de 2026 confirmó la debilidad del cierre del trimestre anterior con una caída mensual de -0.3%, coincidiendo exactamente con la estimación central del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), cuyo rango de estimación se situó entre -1.4% y 0.8%. En el acumulado enero-mayo de 2026, la actividad económica creció apenas 0.8% anual, lastrada por una contracción de -0.4% en las actividades secundarias que refleja el pobre desempeño de la manufactura en los primeros meses del año. Junio ofreció lecturas más alentadoras con un repunte anual de 2.8%, impulsado por un comercio al por mayor que se disparó 14.3% y la minería que creció 6.6%. La construcción también mostró un avance relevante de 5% anual, pero la manufactura apenas creció 0.1%, confirmando que —incluso en la fase de rebote— el sector fabril no logra despegar con fuerza, una señal de alerta en un contexto donde la demanda externa de manufacturas no automotrices alcanza crecimientos excepcionales.

En el frente laboral, la tasa de desocupación se mantuvo en 2.9% en junio de 2026, de acuerdo con datos de INEGI reportados por diversas fuentes durante la semana. Si bien el dato es bajo en perspectiva histórica, el matiz relevante —que Banxico documenta en su informe— es que 132 mil personas más buscaron empleo sin encontrarlo, un incremento en la población desocupada que apunta a un mercado laboral que, sin deteriorarse de forma abrupta, tampoco genera los puestos suficientes para absorber el crecimiento de la fuerza de trabajo. La tasa de informalidad laboral, por su parte, subió a 55.1% en el 2T2026 desde 54.8% en el trimestre inmediato anterior, un incremento que, aunque marginal, consolida la tendencia de largo plazo que mantiene a más de la mitad de los trabajadores mexicanos fuera del empleo formal. En paralelo, la pobreza laboral —definida como el porcentaje de la población que no puede adquirir la canasta alimentaria con su ingreso— se ubicó en 31.9%, el nivel más bajo para un segundo trimestre en los registros de México ¿Cómo Vamos?, pero que aún implica que 41.8 millones de personas viven con un ingreso laboral insuficiente para cubrir sus necesidades alimentarias básicas.

Inflación y Banxico

La inflación general anual repuntó a 3.26% en la primera quincena de agosto de 2026 —un dato oficial publicado el 24 de agosto—, ubicándose dentro del rango de tolerancia de 3% ±1 punto porcentual que define el mandato de Banxico, pero con un avance respecto al dato completo de julio de 3.12%. La lectura quincenal de 0.10% es moderada, pero el dato que explica la cautela del banco central es la inflación subyacente, que se mantuvo en 3.93% anual durante la primera mitad de agosto, muy por encima del objetivo puntual del 3% y apenas 3 puntos base por debajo del nivel de la primera quincena de junio, cuando tocó el máximo reciente de 3.55%.

El desglose del INPC que reporta INEGI muestra que el componente no subyacente —que agrupa precios agropecuarios y energéticos, los más volátiles— avanzó 0.18% quincenal, con productos agropecuarios como huevo y cebolla encabezando las alzas que llegaron a 0.39% quincenal, mientras que los energéticos tuvieron una incidencia negativa de -0.026 puntos, con el gas LP retrocediendo un -2.05% en la quincena. En términos de incidencia, el subyacente aportó 0.062 puntos porcentuales al 0.102% de inflación quincenal total, mientras que los agropecuarios aportaron 0.038 puntos y los energéticos restaron 0.026 puntos. A tasa anual, la incidencia del subyacente es abrumadora: 3.045 puntos de un total de 3.263, mientras que el componente no subyacente apenas suma 0.218 puntos, dejando claro que la batalla contra la inflación se libra en el núcleo más rígido de los precios —servicios, en particular— y no en los componentes volátiles que hasta hace unos trimestres eran el principal vector de presión.

Las diferencias regionales del INPC son notables. Las entidades con mayores incrementos quincenales en la primera mitad de agosto fueron Tabasco con una variación de 0.81%, Yucatán con 0.68%, y Quintana Roo con 0.28%, mientras que Baja California y San Luis Potosí se ubicaron por debajo del promedio nacional. A nivel de ciudades, Villahermosa registró una variación de 0.81%, Mérida de 0.68%, y Tapachula de 0.66%, lo que señala que las presiones inflacionarias no son homogéneas y se concentran en el sur-sureste del país.

La decisión de política monetaria del 6 de agosto mantuvo la tasa de referencia en 6.50% por unanimidad, confirmando la segunda pausa consecutiva tras el recorte de 25 puntos base en mayo que, según el propio Banxico, marcó el fin del ciclo de relajación iniciado en marzo de 2024. El informe trimestral presentado el 25 de agosto fue explícito en varios frentes. Primero, la convergencia de la inflación general a la meta de 3% será más gradual que lo previamente anticipado, desplazándose hacia el cuarto trimestre de 2027. Segundo, la institución revisó al alza su propia trayectoria de inflación para los primeros tres trimestres de 2027, citando explícitamente la persistencia de la inflación subyacente —particularmente en servicios— y mayores precios energéticos esperados. Tercero, la trayectoria de inflación para 2026 se ajustó con movimientos mixtos: una revisión a la baja para el tercer trimestre —por menores presiones agropecuarias—, sin cambios para el cuarto trimestre, y un sesgo de cautela que refleja que los riesgos inflacionarios siguen inclinados al alza. Los factores que preocupan a la Junta de Gobierno son conocidos: la persistencia subyacente, posibles disrupciones comerciales y geopolíticas, choques climáticos, presiones de costos y la posibilidad de una depreciación del peso —esta última, por ahora, moviéndose en dirección contraria gracias a la fortaleza del tipo de cambio—. Del lado mitigante, Banxico enumera una actividad económica más débil, un traspaso limitado de costos al consumidor y, precisamente, los efectos de la apreciación cambiaria.

FX y mercados

El peso mexicano continuó su trayectoria de fortalecimiento cerrando la semana en 17.03 pesos por dólar el viernes 28 de agosto, según reporta Actinver, y cotizando al mediodía del 31 de agosto en 17.015, de acuerdo con los datos de Bloomberg Línea, lo que representa una apreciación acumulada de 5.3% en lo que va de 2026. Como señala el análisis del IMCO, el tipo de cambio es un precio que responde simultáneamente a la oferta y demanda de ambas monedas, y en este caso el movimiento está siendo impulsado tanto por la debilidad generalizada del dólar como por la fortaleza específica de los flujos hacia México, reflejada en un superávit de cuenta corriente de 8,927 millones de dólares en el 2T2026 —equivalente a 1.65% del PIB— y en una entrada de inversión de cartera de 1,624 millones de dólares en ese mismo trimestre, la primera en un segundo trimestre desde 2018 según los datos de Balanza de Pagos reportados por Banco Base.

El diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos sigue siendo el principal soporte de la moneda. Con Banxico en 6.50% y la Reserva Federal en un rango de 3.50% a 3.75% —tras la pausa de julio—, el carry trade mantiene un diferencial cercano a 300 puntos base que compensa, desde la perspectiva de los inversionistas globales, el riesgo de mantener posiciones en pesos. Sin embargo, la dinámica de esta semana introdujo un factor nuevo: el discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole, en su primera intervención como presidente de la Fed en ese foro, fue interpretado como claramente restrictivo, llevando al mercado a descontar un incremento de 25 puntos base en la reunión del 16 de septiembre y al menos un ajuste adicional antes de fin de año. El impacto inmediato en los bonos fue claro: la tasa a dos años en Estados Unidos subió 12 puntos base para ubicarse en 4.35%, mientras que los plazos largos se mantuvieron prácticamente sin cambios, señal de que el mercado está recalibrando la trayectoria de corto plazo de la política monetaria sin alterar significativamente las expectativas de largo plazo.

Las bolsas estadounidenses acusaron el tono restrictivo de Warsh, con el S&P 500 retrocediendo 0.28% el viernes para cerrar en 7,709 puntos, aunque en el acumulado semanal el índice terminó con un avance de 0.5%, apoyado por el impulso de las compañías de semiconductores lideradas por Nvidia. Los resultados trimestrales récord de esa empresa —ingresos de 96 mil millones de dólares y utilidades cercanas a 60 mil millones— fueron un catalizador determinante, ya que disiparon temporalmente las dudas sobre la sostenibilidad del auge de IA que los mercados han estado incorporando en las valuaciones del sector tecnológico durante los últimos trimestres.

En México, el IPC no escapó a la cautela y terminó con una caída de 0.5% el viernes, ubicándose en 65,489 puntos, presionado por los sectores de materiales y construcción que resintieron la debilidad de los metales y datos poco alentadores del mercado hipotecario estadounidense. De las 35 emisoras del índice, solo 12 cerraron en terreno positivo, con Gentera, Kimberly-Clark e Inbursa liderando los avances, mientras que GAP, Peñoles y OMA encabezaron los retrocesos. El dato es consistente con un mercado que, aunque se beneficia de los flujos externos y la fortaleza del peso, muestra selectividad sectorial y poca convicción en un contexto de expectativas de tasas más altas en Estados Unidos y una pausa monetaria prolongada en México. El petróleo WTI, por su parte, cerró la semana cerca de 83 dólares por barril, mientras el Brent se situó alrededor de 89 dólares, con un movimiento acotado durante la sesión del viernes en un entorno de estabilidad relativa en los precios de las materias primas.

Sector externo y geopolítica

El comercio exterior mexicano presentó en julio una combinación de dinamismo excepcional en las exportaciones y un marcado deterioro en el saldo mensual que exige una lectura cuidadosa. Las exportaciones totales alcanzaron 81,420 millones de dólares con un crecimiento anual de 43.7%, impulsadas principalmente por las manufacturas no automotrices que registraron un incremento de 64.9% anual y, dentro de estas, por los equipos y aparatos eléctricos y electrónicos, que literalmente se dispararon con una variación anual de 134.0%. Este crecimiento, que Actinver y Scotiabank documentan con cifras coincidentes, se produce en un contexto donde Estados Unidos endurece las restricciones a la importación de insumos tecnológicos desde socios asiáticos, lo que apunta a un proceso de sustitución de proveedores que está posicionando a México como plataforma de abastecimiento de componentes para centros de datos y aplicaciones de IA, reforzando la integración de las cadenas productivas de Norteamérica.

El otro lado de la ecuación comercial es igualmente revelador. Las importaciones totales crecieron 45.0% anual en julio —un ritmo incluso mayor que el de las exportaciones— y, en términos mensuales, el avance fue de 15.2%, el mayor desde marzo de 2021. El motor de este incremento fueron los bienes intermedios, que crecieron 18.8% mensual, una cifra consistente con la hipótesis de que una parte significativa de las exportaciones récord incorpora un componente importado elevado —insumos electrónicos, químicos, partes automotrices— que alimenta las cadenas de producción pero no necesariamente genera el mismo valor agregado doméstico que sugieren las cifras brutas de exportación. Las importaciones de bienes de capital también aumentaron, con un avance de 7.3% mensual, lo que es positivo como señal de inversión futura, mientras que los bienes de consumo registraron una contracción de -1.4%, consistente con un consumo interno que muestra moderación.

El resultado fue un déficit comercial de -847.5 millones de dólares en julio, que contrasta con el superávit de 4,059 millones de dólares registrado en junio. La oscilación de casi 5,000 millones en un solo mes —equivalente a pasar de un superávit no petrolero de 7,500 millones en junio a 2,800 millones en julio— no refleja un deterioro estructural del sector externo sino el enorme dinamismo importador de los bienes intermedios, un fenómeno que acompaña al auge exportador y que, en términos netos, mantiene el superávit acumulado enero-julio en 9,255 millones de dólares, de acuerdo con las cifras de Scotiabank. La lectura de mediano plazo es que el sector externo mexicano está operando a una escala que no tiene precedentes, pero con una composición que revela alta dependencia de insumos importados y un componente de valor agregado doméstico cuyo cálculo fino requerirá los datos de la matriz insumo-producto que INEGI publica con rezago.

La cuenta corriente en el segundo trimestre de 2026 —publicada el 25 de agosto y analizada por BBVA Research y Banco Base— registró un superávit de 8,927 millones de dólares, equivalente a 1.65% del PIB, que contrasta con el déficit de 18,231 millones de dólares (-3.61% del PIB) del primer trimestre. La magnitud del giro —27,158 millones de dólares— se explica, en primer lugar, por la reducción del déficit en la balanza del ingreso primario, que pasó de 30,506 millones en 1T26 a 13,251 millones en 2T26, un movimiento asociado a factores estacionales en el pago de utilidades y dividendos al exterior. En segundo lugar, y quizás más relevante desde una perspectiva estructural, la balanza de mercancías no petroleras alcanzó un máximo histórico de 19,643 millones de dólares en el trimestre, superando el récord previo de 19,022 millones del cuarto trimestre de 2020. BBVA Research enfatiza que este nuevo máximo se explica por un mayor avance de las exportaciones que de las importaciones no petroleras, descartando que obedezca a una caída inusual de estas últimas —de hecho, las importaciones de bienes crecieron 21.99% anual en el trimestre—. Para 2026, BBVA Research proyecta un déficit de cuenta corriente de aproximadamente 10,000 millones de dólares, equivalente a 0.5% del PIB, una cifra que, de materializarse, representaría un deterioro frente al superávit acumulado en la primera mitad del año y reflejaría una normalización del déficit en la balanza de ingreso primario en la segunda mitad.

En contraste con el dinamismo comercial y de flujos de cartera, la inversión extranjera directa neta (IEDN) mostró una contracción anual de 11.7% en el primer semestre de 2026, al registrar 24,808 millones de dólares frente a 28,097 millones en el mismo periodo de 2025, de acuerdo con cifras preliminares reportadas por BBVA Research. El dato es preliminar —BBVA Research advierte explícitamente que “será necesario esperar un tiempo para conocer las cifras definitivas”— pero la hipótesis que adelanta el reporte es relevante: la caída parece reflejar no una menor inversión extranjera hacia México, sino un incremento en la adquisición neta de activos financieros por parte de mexicanos en el extranjero, un fenómeno que en las cuentas de balanza de pagos reduce la IEDN sin implicar necesariamente un menor atractivo del país como destino de inversión productiva. La entrada de inversión de cartera —1,624 millones de dólares en el 2T2026, la primera en un segundo trimestre desde 2018— sugiere que el apetito por activos mexicanos se mantiene robusto, especialmente en un contexto de tasas de interés altas y una moneda que se aprecia.

Fiscal y deuda

La deuda pública mexicana alcanzó un nuevo máximo histórico al superar los 19.2 billones de pesos, con un incremento anual de 1.4%, de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda reportados por Expansión el 29 de agosto y atribuidos al segundo trimestre de 2026. La administración calificó el nivel de endeudamiento como “nivel moderado frente a otras economías emergentes y de América Latina, consistente con una gestión fiscal responsable y un manejo prudente del financiamiento”, una afirmación que, siendo técnicamente defendible en términos comparativos —la razón deuda/PIB de México es baja para estándares latinoamericanos— debe matizarse en el contexto de un costo financiero creciente: con la tasa de Banxico estacionada en 6.50% y sin expectativas de recortes en el horizonte inmediato, el servicio de la deuda seguirá presionando las finanzas públicas y acotando el espacio fiscal disponible para inversión o gasto contracíclico.

En el frente de financiamiento internacional, México regresó al mercado de bonos Samurai —al que no acudía desde hacía dos años— con una colocación de ¥282.8 mil millones, equivalentes aproximadamente a 1,770 millones de dólares, en cuatro tramos con vencimientos de entre 3.5 y 20 años. La emisión, documentada por Scotiabank, aprovechó la fuerte demanda de inversionistas japoneses en un entorno de expectativas de alza de tasas en Japón, y forma parte de una estrategia recurrente del gobierno mexicano de diversificar su base de inversionistas y minimizar el costo financiero mediante la captación en mercados con tasas estructuralmente más bajas que las domésticas. La operación, aunque pequeña en relación con el tamaño total de la deuda, es una señal de acceso fluido a los mercados internacionales de capital.

En el sector energético, la Comisión Federal de Electricidad presentó su Programa de Desarrollo 2026-2030, que contempla inversiones por 740 mil millones de pesos para ampliar y modernizar la infraestructura eléctrica del país. De ese total, 54% será financiado fuera del balance de la empresa —a través de esquemas de inversión mixta con participación privada en proyectos de energías renovables y generación, así como emisiones de deuda y Fibra E— mientras que el 46% restante se cubrirá con recursos propios. La arquitectura financiera del plan busca trasladar parte del riesgo de inversión al sector privado sin incrementar de forma proporcional la deuda registrada en el balance de la CFE, una estrategia que requiere certidumbre regulatoria para atraer los capitales necesarios y que será un termómetro relevante del apetito del sector privado por coinvertir con el Estado en infraestructura estratégica.

Multilaterales

La divergencia entre las proyecciones de crecimiento para México del Fondo Monetario Internacional y las del banco central mexicano se amplió esta semana con la publicación del informe trimestral de Banxico. El FMI, en su actualización de julio de 2026 del World Economic Outlook —cuya fecha exacta de publicación no está confirmada en la fuente pero es el dato vigente—, mantuvo su proyección de crecimiento anual promedio de 1.2% para 2026, muy por debajo del 1.5% que Banxico incorporó en su informe trimestral tras revisar su estimación previa al alza en 0.4 puntos porcentuales. La brecha de 0.3 puntos porcentuales no es menor: refleja diferencias en los supuestos sobre el impacto de la incertidumbre comercial y geopolítica —el FMI típicamente otorga mayor peso en sus modelos a los efectos contractivos de la revisión del T-MEC y las tensiones en Medio Oriente— y, de manera importante, en el punto de corte temporal: el FMI publica su proyección con información disponible hasta junio, mientras que Banxico ya incorporó en su revisión los datos del PIB del 2T2026 publicados a finales de agosto, que mostraron un crecimiento trimestral superior al anticipado. La proyección de inflación del FMI para México en 2026 es de 3.9% —casi un punto porcentual por encima de la meta puntual de Banxico y del rango de convergencia que el propio banco central proyecta—, lo que sugiere que el organismo multilateral anticipa mayor persistencia inflacionaria, consistente con su estimación más modesta de crecimiento y con un escenario internacional de tasas de interés estadounidenses más elevadas.

En el frente de la OCDE, la publicación de las Perspectivas Económicas de América Latina 2025, fechada en enero de 2026, constituye un documento de contexto regional y estructural más que un insumo de coyuntura inmediata. El informe, de más de siete meses de antigüedad respecto a la fecha de hoy, proporciona el marco analítico de largo plazo que subraya el bajo crecimiento potencial de las economías latinoamericanas —México incluido— y la necesidad de reformas estructurales que amplíen la productividad, la formalidad laboral y la inversión en capital humano, temas que el dato de informalidad laboral de 55.1% en el 2T2026 y un IGAE acumulado de apenas 0.8% en los primeros cinco meses del año vuelven ineludibles.

En qué poner atención la próxima semana

  • Índice regional de manufacturas de la Fed de Dallas para agosto (lunes 31 de agosto): el dato de julio se ubicó en 1.3 puntos, y el consenso de analistas anticipa 1.6 puntos para agosto, según el calendario de Valmex; un registro más débil reforzaría las señales de moderación en la actividad industrial estadounidense.
  • Publicación de la Encuesta de Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado de Banxico (lunes 31 de agosto): actualizará las previsiones del sector privado para crecimiento, inflación y tasa de política monetaria, ofreciendo una comparación directa con las trayectorias publicadas por Banxico en su informe trimestral.
  • ISM Manufacturero de Estados Unidos para agosto (martes 1 de septiembre): el dato de julio fue de 55.6 puntos, y la expectativa recogida por Valmex se sitúa en 55.2 puntos; una lectura por debajo de 50 —que no es el escenario central— sería una señal de contracción que moderaría las expectativas de alza de tasas de la Fed.
  • Apertura de puestos de trabajo JOLTS de julio (miércoles 2 de septiembre): el dato de junio mostró 7.359 millones de vacantes, y el mercado anticipa 7.300 millones para julio; una reducción gradual confirmaría el enfriamiento del mercado laboral estadounidense, aunque la solidez de las solicitudes iniciales de desempleo sugiere que el ajuste es marginal.
  • Encuesta ADP de empleo del sector privado de Estados Unidos para agosto (miércoles 2 de septiembre): en julio se crearon 44 mil puestos, y el consenso espera 46 mil para agosto, un dato que funcionará como anticipo de la nómina oficial y que, de superar expectativas, reforzaría la presión para un alza de tasas.
  • Publicación programada del Libro Beige de la Reserva Federal (miércoles 2 de septiembre): proporcionará la evaluación cualitativa de los 12 distritos de la Fed sobre actividad económica, presiones salariales y condiciones de crédito, con especial atención a las señales de moderación del consumo y la inversión empresarial.
  • Nómina no agrícola y tasa de desempleo de Estados Unidos para agosto (viernes 4 de septiembre): el consenso anticipa 65 mil nuevos puestos, una recuperación significativa frente a la contracción de -23 mil en julio, con la tasa de desempleo estable en 4.2%, según las proyecciones de Valmex; un dato considerablemente por encima de lo esperado consolidaría las expectativas de un alza de 25 puntos base en la reunión de la Fed del 16 de septiembre.
  • Publicación de la Encuesta Citibanamex de Expectativas de Analistas de Mercados Financieros (viernes 4 de septiembre): actualizará el consenso del sector privado para inflación, tipo de cambio, tasa de política monetaria y crecimiento económico, ofreciendo una lectura en tiempo real de cómo las casas de análisis están procesando, por un lado, la pausa prolongada de Banxico reafirmada en su informe trimestral y, por otro, el sesgo restrictivo de la Fed revelado en Jackson Hole.

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