Radar Macroeconómico — 3 de agosto de 2026

PIB repunta 1.5% por el Mundial, pero el consenso anticipa una corrección en el tercer trimestre y un crecimiento anual de apenas 1.0% a 1.2%, muy lejos del optimismo oficial.

Radar Macroeconómico — 3 de agosto de 2026

PIB repunta por el Mundial, inflación cede, Banxico en pausa

La economía mexicana registró un vigoroso repunte de 1.5% trimestral en el segundo trimestre de 2026, impulsado por el efecto transitorio del Mundial de Fútbol, un dato que contrasta con la contracción de 0.6% observada en el primer trimestre, según cifras del INEGI. A pesar de esta aceleración, el consenso entre las casas de análisis es contundente: la debilidad estructural de la inversión y el consumo apunta a una corrección a la baja en el tercer trimestre y a un magro crecimiento anual de apenas 1.0% a 1.2%, lo que mantiene intacta la brecha con el optimismo oficial de la SHCP, que elevó su proyección a un rango de 1.8% a 2.3%. En el frente de precios, la inflación general de junio, publicada el 9 de julio, se ubicó en 3.37% anual, su registro más bajo desde finales de 2020, aunque la persistencia de la subyacente en 4.03% anual refuerza la postura de cautela del banco central; el mercado descuenta con un 95.8% de probabilidad que Banxico mantendrá la tasa sin cambios en 6.50% en su decisión del 6 de agosto. Las finanzas públicas del primer semestre muestran una cara mixta: mientras el SHRFSP bajó a 51.0% del PIB y el balance primario registró un superávit, la recaudación del ISR se desplomó 6.2% real anual —su peor primer semestre desde 2009— y el gasto en servicios personales creció a su mayor ritmo desde 2004. Por último, la balanza comercial registró un superávit récord de 4,090 millones de dólares en junio, aunque la amenaza de nuevos aranceles estadounidenses bajo la Sección 301 y la incertidumbre en la revisión del T-MEC mantienen bajo presión las perspectivas del sector externo.

Crecimiento y actividad

La estimación oportuna del PIB publicada por el INEGI mostró que la economía mexicana creció 1.5% en el segundo trimestre de 2026 respecto al primero, de acuerdo con series desestacionalizadas, el mayor avance desde el cuarto trimestre de 2020. En su comparación anual original, el crecimiento fue de 2.2%, una aceleración notable desde el raquítico 0.37% anual registrado en el primer trimestre. Los reportes de Scotiabank y Banco Base documentan que el rebote fue generalizado entre los tres grandes sectores de actividad, que habían caído de forma simultánea entre enero y marzo: las actividades primarias avanzaron 3.3% trimestral —su mejor dato desde inicios de 2025—, las secundarias 1.6% —el mayor desde el primer trimestre de 2022— y las terciarias 1.5%, su registro más alto desde el cuarto trimestre de 2020.

Sin embargo, las fuentes coinciden en que este desempeño es un espejismo estadístico. Banco Base estima que aproximadamente dos terceras partes del crecimiento trimestral se explican por el efecto del Mundial de Fútbol, que dinamizó el comercio al por menor y el consumo de servicios relacionados con hospitalidad y entretenimiento entre junio y los primeros días de julio. El tercio restante del avance se atribuye a un rebote natural tras la contracción de 0.6% del primer trimestre. Banamex reportó, en su análisis del 27 de julio, que el valor de la producción en construcción —un indicador adelantado de la inversión pública vinculada a la preparación del evento— avanzó 2.7% mensual en mayo, junto con un incremento de 0.8% en el personal ocupado en el sector. Sin embargo, estos datos confirman más el carácter transitorio del impulso que el inicio de una recuperación estructural.

La pregunta central es qué ocurrirá en el tercer trimestre, una vez que el último partido en territorio mexicano se jugó el 5 de julio. El Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) para junio, también citado por Banco Base, ya anticipaba que ni las actividades secundarias ni las terciarias mostraban una aceleración mensual relevante, creciendo apenas 0.16% cada una, lo que sugiere que incluso durante el torneo el impulso fue más acotado de lo esperado. Banco Base advierte explícitamente que es alta la probabilidad de una nueva contracción trimestral en el tercer trimestre de 2026, y mantiene su proyección de crecimiento anual promedio de 1.0% para todo el año. Pantheon Macroeconomics, citado en un reporte de El Economista, sostiene una estimación de 1.2% con riesgos a la baja, mientras que el propio Banco de México proyecta apenas 0.9% para 2026.

Los fundamentales que anclan esta visión de debilidad estructural son contundentes. La inversión fija bruta —un indicador cuya publicación para mayo aún está pendiente, aunque se espera en los próximos días— cayó durante 19 meses consecutivos entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, y solo mostró crecimiento positivo en abril por las obras del Mundial, según documenta Banco Base. El PIB per cápita mexicano, de acuerdo con estimaciones de la misma fuente, cerraría 2026 apenas 0.04% por encima del nivel registrado en 2018, una década prácticamente perdida en términos de bienestar material promedio. La trampa de estancamiento se mantiene intacta: informalidad laboral rondando el 55%, caídas en la inversión y una productividad que no logra despegar.

Frente a este consenso, el gobierno mantiene una postura notablemente más optimista. La SHCP, en el paquete económico para 2026 presentado al Congreso en septiembre, elevó su proyección de crecimiento a un rango de 1.8% a 2.3% anual, argumentando mejores datos del primer semestre y una menor probabilidad de recesión en Estados Unidos. La brecha frente al FMI (1.4%), la OCDE (1.1%), el Banco Mundial (1.1%) y Banxico (0.9%) alcanza hasta 1.4 puntos porcentuales. Las fuentes disponibles no ofrecen una explicación detallada de los supuestos detrás del optimismo oficial, pero el dato del segundo trimestre podría dar cierto respaldo al relato gubernamental en el corto plazo, aunque el consenso de analistas privados y multilaterales sugiere que será un espejismo estadístico que se desvanecerá en la segunda mitad del año.

Inflación y política monetaria

La inflación general de México tocó en junio de 2026 su nivel más bajo en casi seis años, al ubicarse en 3.37% anual, de acuerdo con el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) publicado por el INEGI el 9 de julio. Se trata de la menor lectura desde finales de 2020, pero la composición de esa cifra y el balance de riesgos que identifica el banco central mantienen a Banxico en una posición de pausa cautelosa. La métrica clave es la inflación subyacente, que excluye los componentes volátiles de energía y agropecuarios y que se mantuvo en 4.03% anual en ese mismo mes. La persistencia es particularmente notable en el rubro de servicios, donde las presiones apenas han cedido marginalmente. Cabe señalar que ambos datos —general y subyacente— cuentan ya con más de 60 días de antigüedad respecto al momento actual, por lo que no reflejan las condiciones de precios más recientes.

La Junta de Gobierno de Banxico redujo la tasa de interés de referencia en 25 puntos base el 7 de mayo de 2026, para ubicarla en 6.50%, un nivel que no se ha modificado desde entonces. Se trata de un dato con más de 60 días de antigüedad respecto al 3 de agosto, pero sigue siendo la referencia de política monetaria vigente. Las minutas de aquella decisión, citadas en el comunicado del banco central, revelaron un debate vivo: los defensores del recorte argumentaron que la debilidad económica profundizaría las condiciones de holgura y reduciría presiones sobre la subyacente, mientras que los votantes más cautelosos señalaron que la inflación de servicios sigue exhibiendo una persistencia preocupante. La decisión del 6 de agosto es inminente, y el mercado de predicciones Polymarket asigna una probabilidad de 95.8% a que la tasa se mantendrá sin cambios en 6.50%, con apenas un 2.1% de probabilidad a un recorte de 25 puntos base.

Esta contundente expectativa de pausa refleja la ponderación que el mercado hace de los riesgos al alza que el propio Banxico ha señalado: los precios de servicios que no terminan de ceder, el potencial traspaso de los aumentos en energéticos originados en el conflicto de Medio Oriente, y la incertidumbre cambiaria asociada a la revisión del T-MEC y los aranceles estadounidenses. Un artículo de Investing.com del año pasado —fechado de manera imprecisa en el contexto de esta recopilación, pero que analiza la aceleración de la inflación en agosto— cita a analistas de Grupo Financiero Monex, quienes proyectaban en ese momento que Banxico recortaría su tasa a 7.50%, una proyección que es inconsistente con la tasa actual de 6.50% y que, por tanto, parece corresponder a un horizonte temporal anterior al ciclo de recortes que finalmente se materializó.

El contexto internacional añade capas de complejidad. La Reserva Federal mantuvo su tasa en 3.75% en su reunión de julio, con tres votos disidentes —Beth M. Hammack, Neel Kashkari y Lorie K. Logan— que favorecieron un incremento de 25 puntos base, según reportó Valmex. Se trata de una disidencia explícitamente hawkish que advierte que retrasar un ajuste ante una inflación aún por encima del objetivo de 2% podría obligar a correcciones más dolorosas más adelante. Con un diferencial de tasas entre México y Estados Unidos de 275 puntos base, Banxico enfrenta la restricción adicional de no comprimir demasiado ese margen para no debilitar al peso en un entorno de alta incertidumbre. Scotiabank reportó, además, que el mercado ya ha reducido significativamente las expectativas de recortes adicionales de la Fed para lo que resta de 2026, lo que indirectamente refuerza el argumento de mantener la pausa en México.

Mercados financieros y tipo de cambio

El peso mexicano transitó la última semana de julio y el arranque de agosto en un rango relativamente estrecho alrededor de 17.30-17.40 por dólar, mostrando una estabilidad que contrasta con los episodios de volatilidad de meses previos. El tipo de cambio FIX determinado por Banxico se ubicó en 17.3288 pesos por dólar para operaciones del 3 de agosto, mientras que el mercado spot operó el 30 de julio en 17.40 y cerró el 2 de agosto alrededor de 17.30. La moderación de la inflación PCE en Estados Unidos a 3.7% anual en junio —por debajo del 4.1% de mayo— y el crecimiento económico estadounidense de apenas 1.5% anualizado en el segundo trimestre, inferior al 2.0% esperado, aliviaron las presiones sobre la moneda mexicana al reducir las expectativas de endurecimiento monetario adicional por parte de la Reserva Federal.

El mercado de renta variable mexicano, medido por el IPC de la BMV, cerró la semana en terreno positivo apoyado por la temporada de resultados corporativos del segundo trimestre. En Estados Unidos, el S&P 500 avanzó 0.7% en la sesión del viernes 31 de julio, acumulando un rendimiento semanal de 1.05% y un avance en el año de 9.41%, de acuerdo con el análisis de Actinver. El consumo discrecional lideró las ganancias, con un alza de 6.1% semanal impulsada por Amazon, que reportó un sólido crecimiento en su negocio de nube y disparó una revalorización de 15.3% que compensó con creces la caída de aproximadamente 7% en Apple.

Sin embargo, bajo la superficie de las ganancias accionarias se esconde una narrativa de creciente cautela sobre la sostenibilidad del auge tecnológico. Banamex reporta que los Credit Default Swaps de las siete magníficas tecnológicas han registrado un incremento promedio de 29 puntos base en lo que va del año, reflejando preocupaciones sobre los niveles de endeudamiento que estas empresas están asumiendo para financiar infraestructura de inteligencia artificial. Las dudas sobre la rentabilidad de ese gasto masivo generaron episodios de sell-off que, aunque hasta ahora han sido absorbidos, mantienen en alerta a los inversionistas. Actinver reportó, en su análisis del 31 de julio, que Nvidia acumuló una caída de 6.0% en una sola jornada, activando mecanismos de salida en estrategias cuantitativas. Esta tensión entre el optimismo de largo plazo sobre el potencial de la IA y el vértigo por los niveles de inversión actuales representa una de las principales fuentes de riesgo macrofinanciero identificadas por las casas de análisis para los próximos meses.

Comercio exterior y geopolítica

La balanza comercial mexicana registró en junio un superávit de 4,090 millones de dólares, el mayor desde octubre de 2020, según el reporte detallado de Banamex del 27 de julio. El saldo fue impulsado por un crecimiento anual de 34.3% en las exportaciones —el mayor desde mayo de 2021— que las llevó a 72,551 millones de dólares, mientras que las importaciones crecieron 28.0% anual, a 68,461 millones. La composición del superávit revela fortalezas y vulnerabilidades: el déficit petrolero fue de 3,396 millones de dólares, más que compensado por un superávit no petrolero de 7,486 millones, donde las manufacturas no automotrices y las extractivas mostraron el mayor dinamismo. En el acumulado del primer semestre, el superávit suma 9,857 millones de dólares, una mejora sustancial frente a los 1,433 millones del mismo periodo de 2025. Para el cierre del año, Banamex proyecta un déficit de 6,500 millones de dólares, anticipando una moderación en el ritmo exportador en la segunda mitad.

El entorno comercial externo, sin embargo, está lejos de ser benigno. Banamex documenta en detalle los cambios recientes en la política arancelaria de Estados Unidos: el 24 de julio expiró la Sección 122 —el arancel temporal de 10%— y entraron en vigor medidas bajo la Sección 301 por trabajo forzado, manteniendo la tasa de 10% para México con la exención del T-MEC intacta y con una ampliación de fracciones exentas, de 1,655 a 2,120 fracciones arancelarias. La situación para Canadá fue distinta y preocupante: bajo la Sección 338, Estados Unidos impuso un arancel de 50% a ciertos bienes canadienses —vino, cerveza, lácteos, cemento, autopartes— sin reconocer el origen T-MEC, elevando su arancel efectivo de 3.1% a 5.4% a partir de agosto, según los cálculos de Banamex. Es la primera vez en esta ola arancelaria que un gravamen nacional se aplica a un socio del tratado sin importar el origen.

La amenaza para México no proviene de las medidas ya anunciadas sino de lo que podría venir en agosto, cuando concluya la investigación bajo la Sección 301 sobre países con capacidad excedente —entre los que se encuentra México. El IMCO reportó, en una publicación del 29 de julio, que la tercera ronda de revisión del T-MEC concluyó con avances técnicos en temas de acero, aluminio y sustitución de importaciones asiáticas, pero sin acuerdos finales, y que la cuarta ronda está programada para las dos primeras semanas de septiembre. En ese interin, Scotiabank documentó el 29 de julio que el presidente Donald Trump reiteró, en una entrevista con Fox News, su oposición a renovar el tratado, afirmando que preferiría que Estados Unidos actuara de manera independiente y que el acuerdo es más importante para Canadá y México que para la economía estadounidense. Aun así, el mercado parece descontar que la interdependencia comercial —México es el principal socio comercial de Estados Unidos— impone límites prácticos a una ruptura total.

Finanzas públicas

Las finanzas públicas del primer semestre de 2026 ofrecen una fotografía que combina una mejora en los agregados de deuda con señales de deterioro en la composición del ingreso y del gasto. El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) se redujo a 51.0% del PIB en junio, una baja de 1.6 puntos porcentuales desde el 52.6% registrado al cierre de 2025, según el monitor de BBVA Research publicado el 31 de julio. La reducción se explica por el crecimiento previsto del PIB nominal —que diluye el denominador— y por activos no presupuestarios, que más que compensaron el aumento de 1.7 puntos porcentuales del PIB en el endeudamiento bruto. El balance primario registró un superávit de 114.6 mil millones de pesos, contrastando favorablemente con el déficit previsto en el programa para el periodo, de acuerdo con Scotiabank.

El desempeño de los ingresos, sin embargo, enciende alertas. De acuerdo con el análisis detallado de Banco Base, la recaudación total del sector público creció apenas 0.1% real anual en el primer semestre. La recaudación del ISR se contrajo 6.2% real anual —la mayor caída para un primer semestre desde 2009— ubicándose en 1 billón 572.0 mil millones de pesos, un avance de apenas 94.5% frente a lo programado. La causa principal fueron los menores pagos en las declaraciones anuales: la recaudación cayó 16.0% real en marzo, cuando presentan su declaración las personas morales, y 12.9% real en abril, correspondiente a las personas físicas, reflejo directo de la reducción en las utilidades corporativas durante 2025 y del deterioro del mercado laboral. La participación del ISR en la recaudación tributaria ha caído de 61.3% en 2022 a 53.0% en el primer semestre de 2026, su menor nivel desde 2013, mientras que el IVA ha compensado parcialmente con un crecimiento de 10.6% real —el mayor para un primer semestre desde 2014— y el IEPS avanzó 5.7% real, impulsado por la eliminación completa del estímulo fiscal a la gasolina premium.

Por el lado del gasto, la señal más preocupante es su composición. El gasto programable creció 3.7% real, pero dentro de este, los servicios personales aumentaron 8.9% real —el mayor incremento para un primer semestre desde 2004— y los subsidios y transferencias 11.9% real, mientras que la inversión física se contrajo 7.9% real, su segundo año consecutivo de descenso y la novena caída más pronunciada para un primer semestre en 36 años de registro, desde 1990. Las pensiones y jubilaciones absorbieron 831.8 mil millones de pesos, equivalentes a 19.4% de los ingresos presupuestarios —la mayor proporción para un periodo comparable desde 1995—. BBVA Research estima que, bajo un escenario de crecimiento de 1.2%, costo financiero de 4.1% del PIB y tipo de cambio de 17.8 pesos por dólar, un superávit primario de 0.0% del PIB implicaría un déficit público de 4.1% del PIB y un SHRFSP de 53.9% al cierre de 2026, una trayectoria que, aunque manejable, reduce el espacio fiscal para enfrentar los choques que puedan materializarse en el segundo semestre.

Multilaterales

El FMI advierte sobre disrupciones significativas en los mercados globales de energía y metales derivadas del conflicto en Medio Oriente. Según las Perspectivas de la Economía Mundial de abril de 2026, los precios del gas natural en Europa (TTF) se dispararon 61% entre agosto de 2025 y marzo de 2026, hasta alcanzar 17.7 dólares por MMBtu, mientras que los precios del GNL en Asia subieron 80.6% en el mismo periodo, a 20.8 dólares por MMBtu. El índice de precios de metales del organismo aumentó 36.6% entre agosto de 2025 y marzo de 2026, con el oro alcanzando máximos históricos por encima de los 5,000 dólares por onza —un incremento de 44.4% en el periodo— impulsado por la demanda de activos refugio ante la incertidumbre geopolítica y la persistente preocupación por el dólar. Estas presiones en los insumos globales representan un riesgo inflacionario latente para México, particularmente a través del componente no subyacente del INPC y de los precios al productor.

En materia de crecimiento, el diagnóstico de los organismos multilaterales es consistentemente más pesimista que el del gobierno mexicano. El FMI proyecta 1.4%, mientras que la OCDE y el Banco Mundial coinciden en 1.1% para 2026. Estas estimaciones incorporan no solo la debilidad de la inversión doméstica sino también la desaceleración esperada en la economía estadounidense —que creció apenas 1.5% anualizado en el segundo trimestre— y la incertidumbre asociada al desenlace de la revisión del T-MEC. La brecha de hasta 1.2 puntos porcentuales con el rango oficial de 1.8% a 2.3% refleja una diferencia de visión sobre la velocidad a la que los motores externos e internos de la economía mexicana pueden sincronizarse positivamente en lo que resta del año.

En qué poner atención la próxima semana

  • 6 de agosto: Decisión de política monetaria de Banxico. El mercado descuenta con 95.8% de probabilidad que la tasa se mantenga en 6.50%, pero la comunicación posterior será clave para evaluar si el banco central abre la puerta a un recorte en la reunión de septiembre.
  • 7 de agosto: Publicación del INPC de julio por parte del INEGI. El consenso espera que la inflación general continúe su moderación, pero la atención se centrará en la trayectoria de la subyacente, particularmente en el componente de servicios, para calibrar el espacio de maniobra de Banxico en los próximos meses.
  • 7 de agosto: Nómina no agrícola y tasa de desempleo de julio en Estados Unidos. Dato crítico para evaluar la fortaleza del mercado laboral estadounidense y las expectativas sobre la próxima decisión de la Reserva Federal, con implicaciones directas para el diferencial de tasas y el tipo de cambio.
  • Durante la semana: Publicación de la Encuesta de Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado de Banxico, que ofrecerá una actualización de las proyecciones de crecimiento, inflación y tasa de referencia del consenso de analistas para el cierre de 2026 y 2027.
  • Durante la semana: Publicación de la producción industrial de junio, que permitirá evaluar si el impulso manufacturero del segundo trimestre se mantuvo al cierre del periodo o si ya mostraba signos de agotamiento, un dato clave para anticipar la posible contracción del tercer trimestre que proyecta Banco Base.
  • Del 10 al 14 de agosto: Publicación de la inversión fija bruta de mayo, un indicador rezagado pero crucial para confirmar si el repunte de abril asociado a las obras del Mundial fue un evento aislado o el inicio de una recuperación del componente más estructural de la economía.